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Viernes, 16 de octubre de 2026
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A 84 kilómetros de Buenos Aires, el Camino Real revive entre asados, viñedos y postas centenarias

Un tramo pavimentado de 16 kilómetros en el partido de Luján une casco de estancia, granjas, bodegas y comedores criollos con recetas de más de cien años. Una escapada ideal para pasar el día entero sin gastar una fortuna.

Por Valentina VilteTurismo y vinos de altura · · hace 42 d
A 84 kilómetros de Buenos Aires, el Camino Real revive entre asados, viñedos y postas centenarias

Te imagino saliendo de Buenos Aires con el mate todavía tibio y el estómago pidiendo un buen asado. A apenas 84 kilómetros de la ciudad, en el partido de Luján, hay un camino corto pero cargado de historia que bien vale una jornada entera: el ex Camino Real al Alto Perú, hoy identificado como Camino Secundario Provincial 064-05. Son apenas 16 kilómetros pavimentados que salen del kilómetro 72 de la ruta 7 y terminan en Villa Ruiz, pasando por el pueblo de Carlos Keen. La huella es la misma que a mediados del siglo XVII transitaban las carretas entre postas de descanso y aprovisionamiento; hoy esas paradas se reconvirtieron en restaurantes de campo, granjas, cabañas, campings, viñedos y puestos de productos regionales.

El primer tramo: lodges, spa y granja con laguna

Apenas doblás a la derecha desde la ruta 7, los primeros establecimientos aparecen del lado derecho: hay un lodge con spa y actividades de aventura para los que llegan temprano, y dos kilómetros más adelante una granja con laguna donde el menú del mediodía se estira entre fiambres, empanadas, pastas, asado y postre. La jornada aquí arranca a las 10 de la mañana y se extiende hasta la merienda, con talleres de amasado de pan y contacto directo con los animales, algo que a los chicos de la familia y a los más nostálgicos suele dejar enganchados hasta el atardecer.

Carlos Keen, el corazón criollo del camino

A medida que el camino avanza hacia Carlos Keen se suceden parrillas, casas de campo y comedores de cocina criolla que vienen pasando de generación en generación. En uno de ellos las especialidades se cocinan con recetas familiares que superan el siglo de antigüedad, una rareza que justifica el viaje solo por probarlas. Más adelante, dentro de un bosque, funciona otro comedor reconocido por su picada, sus empanadas y sus carnes a las brasas, ideal para comer al reparo de los árboles en una tarde de verano.

Pasando el pueblo: viñedos, maridaje y menú libre

  • Viñedo con catas: recorrida entre cepas de malbec, pinot, tannat, cabernet sauvignon y marcelan, con menú y maridaje incluido para sumar la copa al paso por la zona.
  • Restaurante con parque: ofrece menú libre y suma actividades al aire libre como búsqueda del tesoro, vóley, fútbol, juegos de mesa y taller de pan, perfecto para ir con chicos o con amigos.
  • Casona de 1897 reconvertida en hotel de campo: convive con comedores especializados en lechón a la estaca, bondiola con salsa de cerveza negra y pastas caseras, el cierre ideal antes de volver.

Historia grande en las afueras de Azcuénaga

  • Estancia del siglo XVIII: en las afueras de Azcuénaga se conservan parte de las instalaciones de una estancia construida en 1755, donde en 1834 se firmó un documento político relevante del período rosista. Por allí pasaron figuras centrales de las guerras civiles argentinas, lo que le da al paseo una capa histórica que excede lo gastronómico.
  • Lo que recomiendo probar, si el bolsillo te da: arrancar con la picada en el comedor del bosque, seguir con un menú libre en el restaurante con parque y cerrar la tarde con una copa en el viñedo. Por persona, con copa incluida y sin contar alojamiento, el día puede moverse en un rango de 25.000 a 45.000 pesos argentinos, según lo que elijas y la temporada.

Para llegar en auto desde Buenos Aires tomá el Acceso Oeste hasta Luján y luego la ruta 7; en el kilómetro 72 doblás a la derecha y empezás a rodar. Carlos Keen queda a unos 12 kilómetros de ese desvío y Villa Ruiz ya queda cerca del final del recorrido, así que conviene encarar el viaje con tiempo y sin apuro. Te doy un consejo personal: si querés sacar el jugo a la escapada, dedicá el día completo, empezando a las 10 y volviendo entrada la tarde, porque la oferta gastronómica se disfruta mejor sin reloj en la muñeca. La mejor época para ir es el otoño y la primavera, cuando los días son largos, las tardes templadas y los viñedos están en su mejor momento para una foto. En verano también se disfruta, pero conviene reservar porque las mesas se llenan rápido y el parque y la laguna se transforman en el corazón de la jornada.

VV
Valentina VilteTurismo y vinos de altura

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