Aftas bucales: cuando una llaga en la boca es solo una molestia y cuando es una señal para ir al médico
Las úlceras que aparecen en la cara interna de las mejillas, la lengua o las encías suelen resolverse solas en pocos días, pero hay pistas que conviene no pasar por alto para distinguir una lesión pasajera de un problema que requiere atención profesional.
Son las siete de la tarde de un martes cualquiera en un consultorio odontológico del barrio de Belgrano y María Eugenia, de 52 años, se sienta en el sillón con la boca todavíaida por una lastimadura que lleva más de veinte días sin irse. Me mira y me dice, mientras se acomoda el barbijo en el cuello: doctora, pensé que era una afta de las comunes, pero ya no me deja comer ni hablar bien. La escena se repite, con nombres y edades distintos, en casi cualquier clínica odontológica de la Ciudad de Buenos Aires y del conurbano bonaerense, porque las aftas, conocidas también como úlceras bucales, son de esas molestias que la mayoría de la gente atraviesa alguna vez sin darle mayor importancia y que, en ciertos casos, terminan siendo la punta del hilo de algo que merece una revisación más profunda.
Qué son y cómo se las reconoce
Las aftas son lesiones que se forman en la mucosa que recubre la cara interna de las mejillas, debajo o encima de la lengua, en las encías, el interior de los labios o el paladar blando. Casi siempre presentan un centro blanquecino, gris o amarillento rodeado por un borde rojizo, y muchas veces aparecen precedidas por una sensación de ardor u hormigueo en la zona. Un dato clave para distinguirlas del herpes labial es que lasaftas nunca aparecen en la superficie exterior de los labios y no se contagian de una persona a otra, mientras que el herpes sí lo hace y suele manifestarse como vesículas agrupadas alrededor del borde labial.
- Forma menor: son las más habituales, miden menos de un centímetro, tienen bordes redondeados y se curan solas en una o dos semanas sin dejar marca.
- Forma mayor: menos frecuente, más profunda y dolorosa, puede tardar hasta seis semanas en cicatrizar y en algunos casos deja una pequeña secuela en la mucosa.
- Forma herpetiforme: consiste en múltiples ulceraciones diminutas, entre diez y cien, que tienden a agruparse y que pueden llegar a unirse formando lesiones más grandes.
La gran mayoría de lasaftas, sobre todo las de la variedad menor, se resuelven sin necesidad de tratamiento específico. Suelen responder bien a medidas simples como evitar alimentos muy calientes, picantes o ácidos mientras dura la lesión, mantener una buena higiene bucal y, en algunos casos, recurrir a enjuagues o geles tópicos con acción antiinflamatoria o analgésica que receta el odontólogo o el médico clínico. Pero cuando la molestia se repite seguido, dura más de lo esperado o aparece acompañada de otros síntomas, la cosa cambia, y ahí conviene no hacerse el distraído.
Por qué aparecen y qué las favorece
Los desencadenantes más documentados son los traumatismos locales: morderse la mejilla por accidente, un cepillado demasiado agresivo, el roce constante con un aparato de ortodoncia o con una prótesis mal ajustada y las quemaduras producidas por alimentos o bebidas muy calientes. A eso se suman el estrés, el cansancio acumulado y los cambios hormonales asociados al ciclo menstrual o al embarazo, que muchas mujeres identifican como el momento del mes en el que les brota la lesión. La alimentación y el estado nutricional también pesan: las carencias de hierro, ácido fólico, zinc, vitaminas del complejo B y vitamina D aparecen de manera recurrente en la literatura médica como factores vinculados a la aparición de aftas. Un metaanálisis publicado en 2024 en la revista BMC Oral Health encontró que las personas conaftas recurrentes registraban con mayor frecuencia déficit de vitamina B12, bajas reservas de hierro medidas por ferritina y niveles reducidos de hemoglobina, aunque los propios autores aclaran que esa asociación no implica necesariamente una relación de causa directa y que en algunos indicadores la evidencia disponible todavía es limitada.
Cuándo hay que sentarse a prestar atención
Cuando las lesiones son múltiples, reaparecen con frecuencia o se presentan junto con síntomas en otras partes del cuerpo, el cuadro puede estar hablando de una condición de base que necesita abordaje. Entre las enfermedades asociadas a las aftas recurrentes se cuentan la celiaquía, la enfermedad de Crohn, el lupus eritematoso sistémico, la enfermedad de Behçet, la artritis reactiva, distintas infecciones virales, bacterianas o fúngicas y los estados de inmunidad debilitada, entre ellos el VIH/sida. Por eso los especialistas insisten en no naturalizar la repetición: una cosa es tener una afta de vez en cuando después de una situación de estrés o de una mordida accidental, y otra muy distinta es que las lesiones se vuelvan una compañía habitual sin explicación clara.
Las señales de alerta que no conviene postergar
Hay una serie de indicios que funcionan como semáforo rojo y que deberían motivar la consulta sin demora: una llaga que persiste más de dos o tres semanas sin signos de mejoría, lesiones que crecen de tamaño o que aparecen en zonas poco habituales, dolor intenso que impide comer, hablar o dormir, fiebre asociada, dificultad para tragar, sangrado de las lesiones o la aparición deaftas junto con lesiones en la piel, los ojos o los genitales. También es importante consultar cuando lasaftas reaparecen con una frecuencia mayor a la habitual o cuando aparecen varias a la vez en distintos puntos de la boca. En estos casos, el profesional de cabecera, el odontólogo o el dermatólogo pueden indicar estudios para descartar o confirmar condiciones subyacentes y, sobre todo, orientar un tratamiento que vaya más allá del calmante local.
Vuelvo a la escena del principio, a María Eugenia todavía sentada en el sillón con la bocaida y la consulta recién empezando. Cuando se baja del consultorio, ya con un turno pedido para una extracción de sangre y la derivación a un especialista en clínica médica, me dice mientras se acomoda el barbijo: pensé que era pavada y resulta que hacía meses que me venía avisando. Las aftas, en definitiva, suelen ser lo que parecen, una molestia pasajera y molesta que se va sola, pero también pueden ser la manera que tiene el cuerpo de pedir que alguien le preste atención a algo más profundo. La diferencia entre una cosa y la otra la marca, sobre todo, el tiempo que duran, la frecuencia con la que vuelven y los síntomas que las acompañan, tres pistas que conviene tener siempre presentes antes de mandarlas al rincón de las cosas sin importancia.
