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Lunes, 19 de octubre de 2026
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Agotamiento laboral: cinco claves cotidianas para empezar a recuperarte, según una especialista en hormonas

La nutricionista naturópata Jessica Shand advierte que el estrés sostenido desordena el cortisol y afecta sueño, ánimo y concentración. Sus recomendaciones apuntan a la mesa, la rutina nocturna y el respeto por los propios tiempos del cuerpo, sin reemplazar la consulta médica.

Por Delia ChocobarSociedad y comunidades · · hace 2 h
Agotamiento laboral: cinco claves cotidianas para empezar a recuperarte, según una especialista en hormonas

Son las siete de la tarde en una oficina cualquiera de Buenos Aires y la pantalla de la computadora sigue parpadeando. El café de la mañana ya quedó lejos y, aun así, el cuerpo pide otra pausa. Lo que muchos llaman “cansancio” suele ser, en realidad, agotamiento laboral, un cuadro que combina desgaste físico, emocional y hormonal, y que no se resuelve simplemente durmiendo un domingo entero.

Lo explica Jessica Shand, nutricionista naturópata y autora de The Hormone Balance Handbook, desde su consulta en el Reino Unido. Según la profesional, la exposición continua al estrés activa de manera sostenida la producción de cortisol, la hormona asociada a la respuesta de alerta. Cuando ese nivel se mantiene alto durante semanas o meses, el organismo prioriza los mecanismos de supervivencia y relega funciones básicas como la digestión, el descanso profundo y el equilibrio reproductivo.

El cuerpo deja de funcionar en modo normal

El resultado, detalla Shand, se traduce en cansancio que no se va con el reposo, dificultad para dormir aun estando agotado, cambios de humor, irritabilidad y la sensación persistente de no recuperarse. “Cuando el cortisol se sostiene en el tiempo, el cuerpo deja de funcionar en modo normal y empieza a funcionar en modo emergencia”, resume la nutricionista.

Las cinco recomendaciones de la especialista

  • Sostener una alimentación regular con proteínas completas, grasas saludables y carbohidratos complejos, para evitar picos de glucosa que profundizan la irritabilidad y la falta de concentración.
  • Proteger la calidad del sueño con una rutina previa a acostarse: baño con sales de magnesio, infusión sin cafeína o unos minutos de escritura funcionan como señales que separan las obligaciones del descanso.
  • Incorporar plantas asociadas a la relajación, como manzanilla, lavanda, toronjil y pasiflora, dentro de una rutina nocturna que ayude a bajar el alerta del sistema nervioso.
  • Sumar adaptógenos como la albahaca sagrada (tulsi) o la ashwagandha, sustancias empleadas para mejorar la tolerancia al estrés, siempre con supervisión profesional.
  • Reconocer los propios ciclos de energía a lo largo del día y, cuando es posible, del ciclo menstrual, para distribuir las tareas más exigentes en los momentos de mayor rendimiento.

Shand aclara que ninguna de estas medidas reemplaza la consulta médica cuando los síntomas persisten o se intensifican. En particular, advierte que no conviene iniciar el consumo de plantas o adaptógenos por cuenta propia durante el embarazo, la lactancia, ante enfermedades preexistentes o si se están realizando tratamientos farmacológicos, porque pueden interferir con otros compuestos.

La especialista también relativiza la idea de “rendimiento parejo” y pide tomar en serio las curvas naturales del cuerpo. “La energía sube y baja, y el problema empieza cuando pretendemos que sea siempre la misma”, señala. Reconocer ese ritmo, dice, es tan importante como comer mejor o dormir más: es dejar de exigirse un estado que, en contextos de estrés crónico, el organismo simplemente no puede sostener.

Volvamos a la oficina de las siete de la tarde. Si en lugar de otra taza de café la persona se detiene, respira, evalúa qué comió en el día y se propone acostarse media hora antes con una infusión y el cuaderno abierto, algo empieza a cambiar. No es una solución mágica ni inmediata, pero es, según Shand, el primer paso concreto para empezar a salir del modo emergencia y volver, algún día a favor de las personas, a un ritmo de vida más humano.

DC
Delia ChocobarSociedad y comunidades

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