Black Torch: una historia corta, intensa y con alma de gato negro que merece una oportunidad
La serie animada que adapta el manga de Tsuyoshi Takaki llega a Crunchyroll con doce episodios, una pareja protagónica fuera de lo común y un universo donde conviven ninjas, monstruos y oficina estatal. Te cuento por qué vale el viaje.
Me acuerdo de esas tardes de peña en lo de un amigo, cuando alguien encendía la pantalla y empezaba a sonar la música de apertura de un anime sin que nadie terminara de explicar bien de qué se trataba. A mí me pasaba seguido: entraba a una serie por la melodía, por el trazo de un personaje secundario o por una imagen fija que se quedaba dando vueltas en la cabeza. Algo así me vuelve a ocurrir con Black Torch, aunque por motivos muy distintos: acá lo que atrapa desde el primer episodio no es la estética brillante ni el opening pegadizo, sino la química rarísima entre un chico que habla con los animales y un espíritu con forma de gato negro que termina fusionado con él para que ninguno de los dos se muera. Esa primera secuencia, con el muchacho caminando entre los árboles y el mononoke herido apareciendo entre las sombras, tiene esa cosa cinematográfica que da ganas de quedarse hasta el final.
Una propuesta chica pero con buena factura
La serie, disponible en Crunchyroll, dura menos de seis horas en total. Son apenas doce capítulos y, sin embargo, da la sensación de estar frente a una producción que se tomó en serio el material de origen, que es el manga de Tsuyoshi Takaki. La animación llega de la mano del estudio 100studio y se mueve con comodidad en una fantasía urbana donde conviven la tecnología contemporánea, las técnicas ninja y toda una fauna de criaturas sobrenaturales. No hay que buscar dobles lecturas para entenderla: la serie muestra el mundo que inventó Takaki y deja que el espectador se acomode en él.
En lo personal, rescato mucho que sea una temporada corta. En tiempos donde abundan los animes de veinticuatro capítulos que estiran relleno hasta el hartazgo, encontrar una historia que se cuenta en doce entregas y se despide sin dar vueltas me parece casi un acto de honestidad. Cuando terminé el último episodio sentí esa satisfacción agridulce de las series que dan ganas de pedir una segunda temporada, pero que aun así cierran su idea principal con dignidad.
Jiro y Rago: el corazón de la serie
La pareja central de Black Torch funciona como un relojito. Jiro es un joven que recibió entrenamiento ninja de su abuelo y que tiene la particularidad de poder comunicarse con los animales. Rago, en cambio, es un mononoke, un espíritu que lleva años sellado y que muestra el aspecto de un gato negro. Sus caminos se cruzan cuando Jiro lo encuentra malherido en un bosque y, en lugar de seguir de largo, decide ayudarlo. Lo que pasa después es el motor de toda la trama.
De un encuentro casual a una fusión irreversible
Cuando otro mononoke ataca y Jiro se interpone para proteger a Rago, recibe una herida que lo dejaría fuera de combate para siempre. Para salvarlo, el espíritu se funde con él. Desde entonces, comparten un mismo cuerpo y la relación entre los dos pasa a ocupar el centro del relato. Esa decisión narrativa, la de obligar a dos seres tan distintos a aprender a convivir, le da a la serie una calidez que no esperaba y que a mí, personalmente, me terminó de ganar.
Lo que más me gusta es cómo esa fusión nunca se vuelve una excusa para grandilocuencias. No estamos frente a un héroe elegido por el destino ni frente a un poder descomunal que aparece de la nada. Es un chico herido y un espíritu pragmático que, de algún modo, se las arreglan para cuidarse mutuamente. Esa dinámica tan humana, tan terrenal, dentro de un marco sobrenatural, es lo que hace que la serie se diferencie.
Después del encuentro en el bosque, Jiro y Rago terminan trabajando para la Oficina de Espionaje. Ahí se integran a Black Torch, un departamento recién creado cuya misión específica es enfrentar a los espíritus malignos. La organización les da contexto a los combates y le permite a la historia expandirse más allá de las dos figuras centrales, sumando personajes secundarios con los que el vínculo principal puede medirse y, de paso, discutirse.
Un equipo chico y bien delineado
El grupo principal reúne a Jiro con una joven y con un tercer integrante de carácter serio. La convivencia con un poder superior, los combates contra monstruos y la rutina dentro de un organismo estatal forman el triángulo sobre el que se sostienen los doce capítulos. No sobra nadie y nadie sobra en pantalla: cada personaje tiene una función clara dentro del departamento.
Hay un detalle que me parece interesante tener en cuenta para quien se anime a darle una oportunidad. El material original tuvo un recorrido breve: comenzó a publicarse en 2016, pasó después al formato digital y fue cancelado en 2018. En total alcanzó diecinueve capítulos, recopilados en cinco volúmenes, antes de dar el salto a la animación. Esto explica por qué la serie tiene esa densidad tan alta en pocos episodios: no hay material de sobra para estirar la trama y la producción tuvo que concentrarse.
Como espectadora, me quedo con la sensación de que Black Torch es una de esas rarezas que aparecen de vez en cuando en el catálogo de Crunchyroll y que, por cuestiones de ajenas a la historia, terminan siendo más pequeñas de lo que merecían. Pero aun con la serie tal como llegó, es una historia de acción contenida, con un vínculo protagonista muy bien armado y un mundo sobrenatural que da ganas de conocer un poco más. Si tenés una tarde libre y seis horas por delante, mi recomendación sincera es que le des play: te va a atrapar antes de que te des cuenta.
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