Carrie vuelve a la pantalla con una historia que se filtra por la pantalla del celular
La nueva miniserie de Mike Flanagan para Prime Video, con Summer H. Howell como protagonista, reescribe el clásico de Stephen King en formato de ocho episodios y pone el foco en el bullying que ya no termina cuando suena el timbre del colegio.
Me imagino la escena y no puedo sacármela de la cabeza: una chica camina por el pasillo de una escuela secundaria con la cabeza gacha, esquivando miradas, mientras en el bolsillo del jean le vibra el teléfono con notificaciones que nadie debería tener que leer. Esa imagen, que cualquiera que haya pisado un aula en los últimos quince años puede reconocer al toque, es la puerta de entrada que eligió Mike Flanagan para volver a contar una historia que todos creíamos conocer de memoria. La de Carrie White, la del balde de sangre en la cabeza, la de Sissy Spacek en blanco y negro, la de la venganza a pura pirotecnia. Pero esta vez no es una película de dos horas. Esta vez son ocho episodios, y la diferencia se nota.
La nueva adaptación de Carrie llega a Prime Video el 7 de octubre y tiene a Summer H. Howell como cara principal, una actriz a la que todavía no le había puesto nombre pero que me da la sensación de que vamos a empezar a ver en todos lados. La dirección y el guión llevan la firma de Mike Flanagan, un nombre que para mí ya es garantía de que el terror va a venir con capas, con paciencia, con esa calma previa a la tormenta que a él le sale tan bien. Flanagan ya otras novelas de Stephen King, como El juego de Gerald, Doctor Sleep y La vida de Chuck, y en televisión dejó la marca en La maldición de Hill House y Misa de medianoche. Es decir, no es un improvisado metiéndose con material sagrado: sabe dónde poner la cámara cuando el miedo se asoma.
El colegio, la casa y los adultos que miran para otro lado
Lo que más me interesa de esta versión, y se los digo de entrada porque no me puedo quedar callado, es que la historia no se queda en el patio de la escuela. El reparto adulto tiene a Amber Midthunder como profesora en el instituto Thomas Ewen y a Matthew Lillard como director de la institución, dos nombres que le dan peso propio al elenco y que permiten que la mirada se reparta entre lo que sufren los chicos, lo que pasa en las casas y lo que hacen o dejan de hacer los adultos responsables. Entre las estudiantes que completan el círculo aparecen Alison Thornton y Josie Totah, cuyos personajes participan del hostigamiento contra Carrie, y ahí aparece uno de los puntos altos de la propuesta.
Porque la gran decisión de Flanagan fue aggiornar el acoso al lenguaje de hoy. Thornton lo explicó con una frase que me quedó rebotando en la cabeza: el acoso digital extiende la exposición de las víctimas más allá del horario de clases, sigue en el teléfono dentro de la casa y alcanza a otras personas de la comunidad. Midthunder, por su parte, señaló que ese entorno virtual cambia los vínculos y las elecciones de los adolescentes, y la verdad es que a mí, que soy madre de chicos en edad escolar, se me heló un poco la sangre pensando en cuántas veces el bullying empieza y termina sin que los docentes se enteren.
Totah contó que tuvo espacio para explorar matices de su personaje que en otras versiones habían quedado en segundo plano, y Thornton habló de la búsqueda de las motivaciones detrás de la crueldad de Chris, la clásica antagonista de la historia. Ese trabajo fino con las villanas me parece clave, porque una de las trampas de Carrie como relato siempre fue tratar a las chicas malas como caricaturas planas, y acá parece que la miniserie se toma el tiempo de preguntarles por qué. En lo personal, y se los confieso porque me cuesta ser neutral con esta historia, creo que Flanagan eligió el formato justo: ocho capítulos dan para respirar, para que el espectador se acomode en el living de la casa de Carrie, para que sienta el peso de la madre religiosa y fanática, y para que cuando llegue el desenlace —que todos sabemos cuál es— la piel se nos erice de verdad y no por el susto fácil.
