Central levantó la Supercopa entre los silbidos y la bronca de Estudiantes
El Canalla se impuso 3-1 en Santiago del Estero, pero el Pincha se fue masticando quejas por el arbitraje de Darío Herrera y un final que se desmadró dentro y fuera de la cancha.
Lo vi en vivo y todavía me dura el ruido en la cabeza. Fideo Di María levantó la pelota del penal con esa calma que parece comprada en Europa, lo señaló con el dedo y el Madre de Ciudades se vino abajo. Central acababa de quebrar el partido y empezaba a abrazar la Supercopa Internacional. Pero lo que se vivió después, ese ruido de plateas y vestuarios mezclado con ironía y empujones, terminó hablando más fuerte que el gol del campeón.
La final, paso a paso
Central fue más y lo plasmó en el 3-1 que le permitió quedarse con el título en Santiago del Estero. El Canalla manejó los hilos del encuentro y golpeó en los momentos justos, mientras Estudiantes se quedó protestando más de lo que jugó.
La jugada que rompió el partido fue un penal sancionado por Darío Herrera. González Pirez tocó a Enzo Copetti en la entrada del área y el árbitro, después de pasar por la pantalla del VAR, señaló el punto. Fideo Di María cambió la pena máxima por gol.
Estudiantes no se quedó callado. Cuestionó al menos dos acciones más: una infracción de Elías Verón contra Adolfo Gaich que, a su entender, merecía la segunda amarilla y la roja, y una mano de Ignacio Ovando dentro del área que pasó inadvertida. La bronca fue creciendo durante todo el complemento.
La bronca se descontroló
Lo que empezó como queja futbolera terminó en una escena pesada. Sobre el final hubo empujones entre jugadores dentro de la cancha y después, camino a los vestuarios, los cruces continuaron en el túnel. A esa altura ya no se hablaba solo de fútbol.
- El penal de Copetti que cambió el rumbo del partido.
- La jugada de Ovando en el área, que Estudiantes pidió y nunca le dieron.
- La falta de Verón a Gaich que desató la queja por la segunda amarilla.
- Los incidentes en el campo y en el túnel hacia el vestuario.
Aplausos que pincharon la premiación
La Bruja Verón y sus jugadores dudaron hasta último momento si iban a subir a buscar las medallas. Finalmente concurrieron, aunque dejaron clara su postura con aplausos irónicos cuando Claudio Tapia les entregó las distinciones al árbitro Herrera y a sus asistentes. Un gesto seco, calculado, que se pareció bastante a un mensaje.
Más tarde, con la sangre ya un poco más fría, Verón saludó a Central por el título. Las formas se recompusieron, aunque el gusto amargo en el Pincha quedó flotando. Yo me quedé con la sensación de que esto no termina acá: hay un antecedente caliente del Clausura y un cruce que todavía debe jugarse por el torneo local. El Canalla festeja, Estudiantes promete pelear. Y en el medio, un arbitraje que volvió a quedar en el centro de la escena. La próxima fecha pinta para alquilar balcones.
