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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Chacarita, vinilo y silencio de teléfono: una tarde en Artlab, el baluarte analógico que corona el MUTEK porteño

En un galpón de Roseti al 90, parlantes Altec de los años cincuenta y sesiones de house rescatan la escucha atenta; este domingo se baja el telón de la octava edición porteña del festival canadiense MUTEK.

Por Delia ChocobarSociedad y comunidades · · hace 6 d
Chacarita, vinilo y silencio de teléfono: una tarde en Artlab, el baluarte analógico que corona el MUTEK porteño

Son las primeras horas de la tarde en Roseti 93, pleno Chacarita, y en el galpón de Artlab ya se huele ese ritual tan particular que mezcla calor de equipos encendidos, olor a vinilo recién sacado de la funda y murmullo de gente acomodándose alrededor de los parlantes: una postal casi de otra época que, sin embargo, funciona con la naturalidad de un proyecto que lleva una década en pie y que este domingo cierra, nada menos, la octava edición porteña del festival MUTEK, la meca canadiense de la música electrónica experimental y el arte audiovisual que desde 2018 tiene a Buenos Aires como sede estable.

Porque acá, en esos 540 metros cuadrados que Artlab ocupa desde 2015, la regla no escrita es bastante simple y, a la vez, bastante revolucionaria para los tiempos que corren: el celular se guarda en el bolsillo, se levanta apenas si suena una llamada imprescindible, y se vuelve a guardar; mientras tanto, lo que hay que hacer es escuchar, mirar y, si la noche lo pide, bailar con la atención puesta de verdad en lo que sale de las cajas.

El alma analógica del lugar

Detrás de todo esto está Gonzalo Solimano, DJ y productor nacido en Villa Urquiza en 1979, que armó la propuesta alrededor de una colección de ocho sistemas de parlantes Altec modelo A7 fabricados en 1954, equipos que, según él mismo cuenta, podrían haber salido de un cine porteño emblemático, aunque todavía no pudo confirmar ese origen y prefiere no aventurarlo como si fuera un dato firme: lo que sí confirma es el carácter singular de esas cajas, que llevan más de siete décadas sonando y que, en este galpón de Chacarita, recuperaron una segunda vida.

Alrededor de esos parlantes giran los dos ciclos estables que le dan identidad a Artlab. Por un lado funciona Audiófilos, una convocatoria a escuchar un álbum completo de punta a punta y sin distracciones: el programa puede incluir desde Miles Davis hasta Pink Floyd, pasando por Invisible o Massive Attack, y la elección del formato —vinilo, CD o archivos sin compresión tipo lossless— se decide caso por caso, según qué soporte rinda mejor para cada obra según el criterio del propio Solimano y su equipo.

La pista de bailable: house para todos

El otro ciclo es Círculo de Sonido, que mantiene viva la tradición bailable del house con Solimano y otros DJs invitados en consola, y que se convirtió en uno de los puntos de encuentro fijos para quienes siguen prefiriendo bailar con vinilo y parlantes analógicos antes que con auriculares bluetooth y playlists algorítmicas.

En paralelo, el espacio también aloja propuestas de jazz y eventos de arte visual, aunque la electrónica, en sus distintas variantes, sigue siendo el eje principal de la programación: de hecho, la edición 2025 del MUTEK que cierra este domingo en Artlab fue expresamente convocada por Solimano porque la escala y el perfil del festival canadiense —más experimental, más atento al cruce con el audiovisual y las nuevas tecnologías— resultan bien distintos a los festivales masivos de género que suelen copar la agenda porteña.

“Veo a las nuevas generaciones con muchas ganas de volver a tener objetos físicos y creo que estos formatos ayudan a construir rituales alrededor de la música.”Gonzalo Solimano, DJ y director de Artlab

La pregunta que deja abierta

Así las cosas, y mientras en Chacarita los Altec siguen calientes y la pista espera el último set del MUTEK porteño, la invitación que deja abierta Artlab es bastante concreta y bastante incómoda a la vez: ¿irías vos a escuchar un álbum entero, de principio a fin, sin mirar el teléfono? ¿O ese formato ya te resulta demasiado lejano de cómo consumís música hoy? Porque, para Gonzalo y para quienes se dan cita en Roseti al 93, la respuesta hace rato dejó de ser un capricho nostálgico y empezó a parecerse mucho a una manera de habitar el presente.

DC
Delia ChocobarSociedad y comunidades

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