Cinco rellenos para darle una segunda vida al pollo que sobró ayer
Con lo que ya tenés en la heladera y una tapa de masa podés armar otra comida sin pasar por la verdulería ni por la carnicería. Calabaza, choclo, cebolla y otros vegetales se combinan con la carne cocida para evitar que se seque y para estirar el presupuesto.
Te imagino abriendo la heladera y viendo ese medio pollo que quedó del domingo. Antes de pensar en tirarlo o en comerlo frío con mayonesa, hay una salida más rendidora: una tarta. Con la carne que ya tenés cocida, los vegetales que aparezcan en la puerta de la heladera y una tapa de masa, podés resolver otra comida entera sin volver a comprar el ingrediente principal. La idea es tan simple como eficaz: reutilizar lo que hay, sumarle volumen con verduras y estirar el plato hasta transformarlo en algo nuevo.
Qué pollo sirve y cómo evitar que quede seco
Sirve el pollo que tengas: pechuga o pata muslo, tanto hervido como hecho al horno, a la parrilla o salteado. Lo único importante es la humedad. La carne que pasó por horno o parrilla suele quedar más seca, así que conviene cortarla en cubos o desmenuzarla y darle un salteado breve con cebolla y morrón. Si ves que se pega o se endurece, unas gotas de agua durante la cocción devuelven la jugosidad. Ese pequeño gesto marca la diferencia entre una tarta correcta y una que realmente se disfruta.
- Calabaza asada más bien con queso: se hace un puré de calabaza y se mezcla con el pollo desmenuzado para lograr un relleno cremoso y suave, ideal para los meses frescos.
- Choclo entero más bien con crema de choclo blanco: los granos enteros dan mordida y la crema une todo en una combinación con dos texturas bien marcadas.
- Cebolla como protagonista: pochada hasta que queda transparente, sirve de base para una versión austera y rendidora, con apenas el pollo y un poco de queso por encima.
- Zanahoria, espinaca, zapallito o morrón en tiras o cubos: se salteado junto con la carne y suman volumen sin tapar el sabor del pollo.
- Puré de berenjena, morrón, calabaza o batata como base: reemplazan la crema y permiten adaptar las formas del relleno a lo que haya en la alacena.
La masa: comprada o casera, según el tiempo
Si la idea es resolver rápido, una tapa comprada cumple. Pero si te animás, la masa casera se hace con apenas tres ingredientes: dos tazas de harina, una taza de líquido repartida entre agua y aceite, y una pizca de sal. La textura queda más arenosa, casi como una pasta frola desmenuzable, y aguanta bien el peso del relleno húmedo. Ahí entran los condimentos a gusto: orégano, ajo en polvo, ají molido o unas semillas por encima antes de llevarla al horno. La cocina, en estos casos, también se mide por el aroma que empieza a salir mientras se cocina.
La mejor época para probar estas combinaciones es cuando empieza a bajar el calor y la calabaza, el choclo y la batata están en su punto. Es justo el momento del año en el que un plato así reconforta y, de paso, vacía la heladera sin culpa.
