Comer no es solo cuestión de voluntad: por qué la cabeza pesa tanto como el cuerpo a la hora de bajar de peso
La OMS advierte que la obesidad es el resultado de una interacción entre la biología, el entorno y las emociones, y un metaanálisis de 37 estudios confirma que sumar apoyo psicológico mejora los resultados de los tratamientos convencionales. Especialistas consultados remarcan que la genética, el estrés y la forma de reaccionar frente a un traspié pueden definir el éxito o el fracaso de un plan.
Son las siete de la tarde en un consultorio del barrio de Belgrano y María, de 52 años, se sienta frente a la nutricionista después de haber cumplido con la mitad del plan y de sentir, en el último mes, que todo se le fue de las manos. Ya intentó tres dietas en los últimos diez años. Ya bajó y subió las mismas diez libras más de una vez. Lo que aparece en su carpeta clínica es lo que la mayoría de los pacientes esconden cuando hablan de peso: no es solo una cuestión de comida, sino de cómo se come, por qué se come y cuántas ganas quedan después de comer.
Bajar de peso no depende únicamente de comer menos y moverse más. El hambre, el descanso, el estrés, el estado de ánimo, la genética y el entorno alimentario inciden de manera directa en la relación con la comida y en la posibilidad de sostener los cambios con el tiempo. Cuando los tratamientos se limitan a pautas de alimentación y ejercicio sin contemplar los factores emocionales y conductuales, los resultados suelen ser difíciles de mantener y aparece lo que muchos pacientes describen como el efecto yo-yo: bajar, subir, bajar y volver a empezar.
Lo que dice la evidencia y por qué importa
La Organización Mundial de la Salud sostiene que la obesidad surge de la interacción entre una susceptibilidad biológica individual y las influencias ambientales y psicosociales que rodean a cada persona. Por eso, el organismo recomienda una atención multimodal que integre intervenciones conductuales, nutricionales, psicológicas y médicas, adaptadas a las necesidades de cada paciente y no a un molde único.
Un metaanálisis que revisó 37 estudios, entre ellos 21 ensayos clínicos aleatorizados, encontró resultados favorables de las intervenciones psicológicas frente a abordajes mínimos o habituales en el manejo del peso. La terapia de aceptación y compromiso fue la que presentó la evidencia más consistente de eficacia en el seguimiento posterior a los 18 meses, según el trabajo publicado en la revista Obesity Reviews. En criollo: sumar acompañamiento profesional a la cabeza se traduce en kilos que se mantienen bajos más allá del primer año.
“El tratamiento de la obesidad requiere un abordaje prolongado que combine alimentación, actividad física y aspectos psicológicos, orientado a cada persona.”Sociedad Europea de Cardiología
La herencia, el cansancio y lo que pasa en la cabeza
- La genética cumple un papel concreto: hay variantes que influyen en los mecanismos cerebrales que regulan el hambre y la saciedad, y otras que intervienen en el metabolismo, es decir, en la forma en que el organismo usa y almacena energía. Eso explica por qué personas con planes alimentarios similares obtienen resultados distintos.
- El estado emocional y el nivel de cansancio afectan la capacidad de sostener decisiones vinculadas con la alimentación. Dormir mal y vivir con estrés crónico modifica las señales de hambre y modifica la voluntad.
- Ante un episodio de salirse del plan previsto, una respuesta rígida puede generar la sensación de haber perdido el control por completo, lo que a veces deriva en comer de forma desinhibida. Una respuesta más flexible, en cambio, permite reconocer el episodio sin interpretarlo como el abandono de todo el proceso.
Yo lo explico así cada vez que me toca contar estas investigaciones a los lectores de este portal: bajar de peso, en la Argentina de hoy, no es un trámite de seis meses ni una autorización que se firma en una planilla. Es un proceso largo en el que la biología pone el piso, el entorno empuja para un lado o para el otro y la cabeza decide, día a día, si se sigue adelante o si se baja los brazos. Por eso insistimos en incorporar el apoyo psicológico no como un lujo ni como un accesorio, sino como una herramienta central de cualquier tratamiento serio.
María, mientras tanto, ya tiene turno con la psicóloga antes de la próxima consulta con la nutricionista. Pocas veces, dice, alguien le había preguntado qué le pasaba cuando abría la heladera a las dos de la mañana.
