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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Criar con límites no es autoritarismo: por qué el «no» también cuida

Especialistas en crianza sostienen que la ausencia de reglas claras puede dificultar la regulación emocional y la tolerancia a la frustración. La clave, dicen, está en ejercer autoridad con presencia, diálogo y sin violencia.

Por Delia ChocobarSociedad y comunidades · · hace 50 d
Criar con límites no es autoritarismo: por qué el «no» también cuida

Me lo imagino y casi lo escucho: son las ocho de la noche en una cocina cualquiera de Buenos Aires, la pava empieza a silbar y una nena de cuatro años pide quedarse un rato más con la tablet. Del otro lado de la mesa, la madre, Jana, de Lanús, respira hondo antes de responder. Lo que pase en ese instante, sostienen las especialistas en crianza, puede ser mucho más decisivo de lo que parece: no se trata de un capricho ni de una pulseada, sino del modo en que una familia aprende a habitar el mundo.

Diálogo no es ceder en todo

Cada vez más familias reemplazan órdenes y castigos por conversación, y eso suele ser leído como un avance. El problema aparece, según la psicóloga infantojuvenil Ivana Raschkovan, autora del libro «Infancias respetadas», cuando ese diálogo se vuelve una negociación permanente y el adulto deja de sostener su lugar. Para la especialista, hay cosas que se charlan en casa y cosas que, sencillamente, no se negocian.

“Conversar no quita autoridad; al contrario. La pérdida de autoridad ocurre cuando el adulto le teme al conflicto y lo evita. Si para esquivar un berrinche terminamos moviendo el límite, el mensaje se vuelve sumamente confuso.”Ivana Raschkovan, psicóloga infantojuvenil

Raschkovan marca una diferencia que parece sutil pero cambia todo: autoridad no es lo mismo que autoritarismo. El autoritarismo, explica, es un abuso de poder. Respetar a una niña o a un adolescente no significa dejarlos hacer lo que quieran; el respeto, dice, está en el buen trato, no en la falta de normas.

Los tres estilos clásicos y por qué ninguno sirve si se lleva al extremo

  • Autoritario: reglas rígidas, escasa escucha y poca apertura al intercambio.
  • Permisivo: mucho afecto y buena predisposición, pero límites difusos por miedo al enojo de los hijos.
  • Democrático o autoritativo: combina normas claras con diálogo y contención afectiva, y es el que más especialistas recomiendan como punto de equilibrio.

La psicóloga Deborah Bellota coincide en que muchos padres y madres permisivas son profundamente afectuosos, pero suelen esquivar el «no» para evitar el conflicto con sus hijos. Esa dinámica puede fortalecer la autoestima y, al mismo tiempo, dejar afuera un aprendizaje clave: el de tolerar la frustración y autorregularse.

“Los padres permisivos suelen ser muy afectuosos, pero muchas veces no ponen límites por miedo a que el hijo se enoje con ellos. Esa dinámica puede generar dificultades para autorregularse, baja tolerancia a la frustración y resistencia a figuras de autoridad.”Deborah Bellota, psicóloga

El «no» como forma de cuidado

Para Raschkovan, los límites no son un castigo: son una forma concreta de cuidado. Son los que permiten aprender a vivir en sociedad, empezando por las pequeñas renuncias cotidianas. Irse a dormir aunque quieran seguir jugando, no almorzar caramelos, dar la mano para cruzar la calle: cada una de esas situaciones va entrenando, sin que lo notemos, la tolerancia a la frustración.

Esa capacidad no aparece sola: se construye. Si una niña o un niño no experimenta el «no» dentro de un entorno seguro, es probable que después le cueste más procesar las situaciones difíciles que, inevitablemente, van a aparecer afuera. Bellota suele recordar que el trabajo del adulto no termina cuando dice «no»: empieza ahí, en cómo sostiene después ese límite con presencia, sin violencia y con palabras.

Vuelvo a la cocina de Lanús. La pava ya dejó de silbar, la tablet quedó en un rincón y Jana le explica a su hija por qué hoy toca cortar un rato antes. No hay gritos ni hay premio: hay una decisión tomada con calma. Esa escena chica, Repetida miles de veces, es la que va tejiendo, ladrillo a ladrillo, la posibilidad de habitar el mundo con otros.

DC
Delia ChocobarSociedad y comunidades

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