Cuando buscar el cuerpo perfecto termina saliendo caro: el peligro de quedarse sin grasa
Especialistas en metabolismo y medicina deportiva advierten que llevar el tejido adiposo a niveles demasiado bajos puede afectar los músculos, los huesos y las hormonas, incluso en personas que entrenan con regularidad.
Son las siete de la mañana en un gimnasio de Buenos Aires y Daniela, profesora de educación física de 38 años, se mira en el espejo después de una hora de entrenamiento. Se pellizca el abdomen, se sube a la balanza de bioimpedancia y frunce el ceño cuando el display marca 14 por ciento de grasa corporal. "Para mí eso es estar gorda", o confiesa mientras acomoda la colchoneta para empezar su rutina. Lo que ella no sabe es que ese número, tan bajo para sus estándares, puede estar jugándole una mala pasada por debajo de la piel.
Un porcentaje de grasa corporal, por sí solo, no alcanza para evaluar la composición del cuerpo. La edad, el sexo y la distribución del tejido adiposo influyen en esa lectura. Además, las herramientas de medición tienen diferencias: una balanza de bioimpedancia puede arrojar resultados distintos según la hidratación, mientras que los pliegues cutáneos no permiten conocer la grasa que rodea los órganos.
Qué mide cada método y por qué ninguno alcanza solo
La densitometría DEXA distingue entre tejido graso, masa magra y masa ósea, aunque necesita equipamiento especializado y puede ser costosa. Ese método se utilizó en un estudio con más de 700 deportistas en el que participó Tamara Hew-Butler, investigadora de la Universidad Estatal de Wayne, en Detroit. Los mínimos registrados fueron del 10 por ciento en hombres y del 16 por ciento en mujeres, lejos del 1 o 2 por ciento que suele mencionarse al hablar de definición muscular. Es decir, el cuerpo necesita más grasa de la que muchos creen para funcionar con normalidad.
“Una cantidad insuficiente de grasa puede alterar distintos órganos y sistemas. Cuando una restricción intensa de calorías reduce esas reservas, el cuerpo puede recurrir al músculo para obtener energía y perjudicar tanto la generación de tejido óseo como su reparación.”Jessica Maung, investigadora de enfermedades metabólicas de la Universidad de Míchigan
La advertencia de Jessica Maung, desde Michigan, pone en blanco sobre negro algo que muchos aficionados al entrenamiento suelen pasar por alto: perder grasa no es gratis. Cuando las reservas caen demasiado, el organismo empieza a tomar energía del músculo y, además, compromete la salud de los huesos.
Los cambios hormonales que pocos esperan
También pueden aparecer cambios hormonales. En hombres con una alimentación insuficiente, la testosterona puede disminuir, junto con la energía y el rendimiento. En algunas deportistas, los niveles demasiado bajos de grasa se relacionan con irregularidades menstruales o falta de menstruación. Fredrik Karpe, profesor de medicina metabólica de la Universidad de Oxford, señaló además que disponer de pocas reservas dificulta la respuesta ante infecciones graves.
Estas consecuencias se explican por las tareas que cumple el tejido adiposo. Además de guardar combustible para cuando hace falta, produce leptina, una hormona que comunica al cerebro cuánta energía hay disponible. Si esa señal disminuye por falta de reservas, el organismo puede relegar funciones para ahorrar recursos, como hacen los pueblos originarios de la Patagonia cuando el invierno se vuelve largo y la comida escasea: el cuerpo se protege, pero a costa de apagar procesos que después cuestan mucho volver a encender.
El exceso también importa, especialmente cuando se concentra alrededor de los órganos. La acumulación de grasa visceral favorece la liberación de sustancias inflamatorias y se relaciona con enfermedades metabólicas, cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer. Por eso el mensaje de los especialistas es doble: ni la gordura ni el cuerpo, sino un punto medio que cada organismo define según su edad, su sexo, su historia clínica y su nivel de actividad.
Danielia sale del gimnasio con la toalla sobre el hombro y se cruza con su entrenadora, Mariana, que ella misma se nombra "la que cuida que la gente no se mate entrenando". "Dejate de mirar la balanza", le dice mientras le alcanza un mate. "Tu cuerpo te pide otra cosa". Daniela, todavía dudando, quiere llevar su cuerpo al límite, pero empieza a entender que cuidarlo no es lo mismo que castigarlo. Y que a veces, la mejor definición muscular es la que no obliga al cuerpo a pedir socorro.
