Cuando el café de los chicos deja de ser un capricho y empieza a ser un problema: lo que dicen los especialistas de Yale
Sabhyata Agrawal, Grace Kong y Jennifer Jiyun Park, del sistema de salud de Yale, repasaron las señales de alerta, los productos menos visibles donde se esconde la cafeína y los horarios clave para cuidar el sueño y la salud de los adolescentes.
Son casi las diez de la noche y, en cualquier casa de familia de la Argentina, el sonido de la heladera abierta se mezcla con el tecleo de una compu y el zumbido bajo de una lata que se destapa. No es una gaseosa común: del lado de la etiqueta, entre ingredientes, se esconde algo que muchos padres ni miran. La escena, tan cotidiana en los hogares con adolescentes, es también la que preocupa a tres investigadoras del sistema de salud de Yale que vienen estudiando cómo la cafeína se cuela en la vida de los jóvenes y termina jugándoles una mala pasada al sueño y al rendimiento escolar.
Porque cuando un pibe empieza a tener dificultades para dormir, se pone nervioso sin motivo aparente o le tiemblan las manos, la explicación puede no estar en una mala noche puntual ni en los nervios de una prueba: puede estar en la cantidad de cafeína que acumula en el cuerpo a lo largo del día, incluso sin haber tomado una sola taza de café.
Las señales que conviene mirar en casa
La neumonóloga y especialista en sueño Sabhyata Agrawal, del sistema de salud de Yale, fue clara al describir el cuadro: "Un exceso también puede provocar palpitaciones, molestias digestivas, inquietud y ansiedad". A esa lista se suman las dificultades para dormir, los temblores, el nerviosismo y una caída del desempeño escolar. Para Agrawal, ese combo de síntomas tiene que abrir la puerta a una conversación familiar sobre los hábitos de consumo, sin necesidad de que el chico llegue a una guardia para reaccionar.
“Los jóvenes pueden experimentar molestias con cantidades menores que los adultos, porque su organismo procesa la cafeína de manera diferente.”Sabhyata Agrawal, neumonóloga y especialista en sueño de Yale
Dónde se esconde la cafeína del adolescente
Uno de los puntos más llamativos que plantearon las especialistas pasa por revisar qué hay adentro de la mochila, la heladera o el cajón de la cocina. La cafeína no vive solo en el café: también aparece en bebidas energéticas, gaseosas, chocolate, chicles y, sobre todo, en esos sobrecitos saborizados que muchos chicos disuelven en agua como si fueran jugo en sobre.
- Bebidas energéticas, con cantidades variables y publicidad dirigida directamente a jóvenes.
- Gaseosas de cola y otras con cafeína agregada, que suelen pasar desapercibidas en la lista de ingredientes.
- Chicles y golosinas con cafeína, un formato reciente que los chicos incorporan sin reparar en el estimulante.
- Sobres saborizados para preparar con agua: según Grace Kong, profesora asociada de Psiquiatría de Yale, pueden aportar entre 50 y 200 miligramos por unidad.
- Chocolate, tanto en barras como en postres, especialmente cuando se consume en grandes cantidades.
Kong explicó que los sabores dulces y frutales que dominan esos productos disimulan el amargor propio de la cafeína y, de esa manera, favorecen que los adolescentes los prueben sin pensarlo dos veces. Por eso, para las familias, contar las tazas de café no alcanza: hay que mirar la totalidad de lo que el chico consume en la escuela, en salidas con amigos y mientras juega en la compu.
El reloj, la pantalla y la trampa del cansancio
Agrawal describió el mecanismo con precisión: la cafeína empieza a actuar entre 30 y 45 minutos después de ser ingerida y, entre cinco y seis horas más tarde, todavía queda en el organismo aproximadamente la mitad de la cantidad consumida. Por eso, su recomendación práctica es concreta: evitarla después de las 13 o las 14, según el horario habitual de descanso de cada familia.
El cuadro se complica con un cambio propio de la adolescencia: el reloj biológico se va corriendo hacia horarios más tardíos y levantarse temprano se vuelve una odisea. Cuando el cansancio empuja a buscar un estimulante para terminar la tarea o aguantar una noche de gaming, el alivio termina siendo transitorio: la sustancia retrasa nuevamente el descanso nocturno y, al día siguiente, aumenta el agotamiento. Es la rueda que las especialistas quieren ayudar a frenar.
Qué recomiendan las especialistas
- Evitar la cafeína antes de los 18 años, según la investigadora Jennifer Jiyun Park, del Departamento de Psiquiatría de Yale.
- Excluir las bebidas energéticas de la alimentación de niños y adolescentes.
- Revisar las etiquetas de chicles, sobrecitos saborizados, golosinas y gaseosas, donde la cafeína aparece sin que figure como protagonista.
- Prestar atención a la rutina nocturna: consumo durante los videojuegos, uso de pantallas hasta altas horas y mezcla con otros estimulantes.
- Conversar en familia sobre cantidades consumidas y horarios, en lugar de prohibir sin explicar.
Park también reparó en un detalle que suma a la conversación: el consumo de cafeína durante los videojuegos puede responder tanto al deseo de mantenerse despierto como a una costumbre compartida con otros jugadores en línea. A eso se suma la luz de las pantallas, que reduce la producción de melatonina y termina de arruinar la arquitectura del sueño. Para las especialistas, la recomendación es revisar de manera conjunta las rutinas nocturnas y no dar por sentado que lo que sirve para un adulto es inocuo para un chico.
Volvamos a la escena del principio, esa cocina argentina donde la heladera sigue zumbando y la lata ya está vacía al lado de la compu. Quizá no haya que alarmarse, pero sí mirar la etiqueta, preguntar qué tomó en la escuela y, sobre todo, entender que un pibe que duerme mal, se pone nervioso o le tiemblan las manos puede estar contándole, sin palabras, que algo en su rutina está descompensado. Las investigadoras de Yale insisten en que la mejor herramienta sigue siendo la conversación: explicar, revisar cantidades y, sobre todo, escuchar lo que el cuerpo del adolescente está tratando de decir.
