Cuando la palabra se escapa: la neuropsicóloga Camila Sánchez Salinas explica por qué ocurre y qué hacer para recuperarla
A todos nos pasó alguna vez: tener el concepto en la cabeza y no encontrar el término exacto. La especialista describe estrategias caseras para destrabar la conversación y advierte cuándo conviene hacer una consulta profesional.
Son las cinco de la tarde y María está en la cocina, charlando con su hija sobre la receta del domingo. Quiere pedirle que pase por el lugar donde venden esa masa que ella usaba cuando era chica, pero el nombre no le sale. Sabe que es redonda, finita y se cocina en el horno. La tiene ahí, en la punta de la lengua, pero la palabra no aparece. Le pasan unos segundos de silencio, se ríe con fastidio y dice cualquier cosa, hasta que después, cuando ya cambió de tema, le vuelve de golpe: pizza. Esa experiencia, más común de lo que parece, tiene nombre y, sobre todo, tiene solución, como me explicó la licenciada Camila Sánchez Salinas, especialista en Neuropsicología Clínica, en una conversación que mantuvimos para esta nota.
Estrategias simples para no quedar a mitad de la idea
Lo primero que hay que entender es que buscar un sinónimo, describir el objeto o pensar en la letra con la que empieza la palabra que no sale son movimientos perfectamente válidos para sostener la charla. Así lo planteó Sánchez Salinas, que insistió en que existen varias vías para acercarse al término cuando la memoria se hace un lío momentáneo.
- Buscar una palabra parecida o un sinónimo que sirva para seguir la conversación.
- Describir el objeto o la idea por su uso, sus características o la función que cumple.
- Pensar en la letra inicial del término que se busca, como una pista para destrabarlo.
- Conversar sobre temas que interesen y contar las cosas con palabras propias, porque eso obliga a recuperar vocabulario y ordenar ideas.
- Disminuir las distracciones del entorno para concentrarse y mantener el hilo de lo que se está diciendo.
La frontera entre un olvido común y una señal para consultar
Ahora bien, la especialista marcó una distinción que me parece clave y que vale la pena tener clara: no es lo mismo que el episodio ocurra de vez en cuando, a que se transforme en algo frecuente que complique la vida cotidiana. En ese segundo caso, conviene pedir turno con un profesional.
“Cuando encontrar palabras se vuelve un problema reiterado, cuando aparecen confusiones al nombrar objetos de todos los días o cuando cuesta sostener una conversación, es momento de consultar. También hay que prestar atención a los cambios notorios que advierte la propia persona o quienes la rodean.”Camila Sánchez Salinas, licenciada en Psicología y especialista en Neuropsicología Clínica
Ante ese escenario, una evaluación clínica y neuropsicológica puede ayudar a comprender qué está pasando y orientar un posible diagnóstico y tratamiento. El criterio, según me explicó Sánchez Salinas, pasa por observar si la dificultad representa un cambio respecto de cómo se comunicaba la persona antes y si efectivamente interfiere en su día a día. No se trata de asustarse por una palabra suelta, sino de mirar el conjunto.
Por qué se produce esa pausa y qué pasa con los años
Sobre el porqué de ese fenómeno, la respuesta que me dio la neuropsicóloga es bastante didáctica: para llegar a pronunciar una palabra, el cerebro primero activa su significado y después recupera los sonidos que la componen. Lo que se conoce como fenómeno de la punta de la lengua ocurre cuando ese segundo paso se demora o se interrumpe por un instante. El cansancio, las distracciones o la presión del momento son algunos de los factores que lo favorecen, y le puede pasar a cualquiera, sin importar la edad.
Con el paso de los años, estos episodios tienden a hacerse más frecuentes, algo que Sánchez Salinas atribuye a que el cerebro va necesitando un poco más de tiempo para acceder a determinados términos. La buena noticia es que eso no significa que la palabra se haya perdido: a veces aparece minutos después, en cuanto dejamos de buscarla con tanto esfuerzo. Y algo importante que la especialista quiso dejar claro: el envejecimiento no afecta a todas las capacidades del lenguaje de la misma manera; mientras que recuperar ciertos nombres puede llevar más tiempo, la comprensión cotidiana suele mantenerse bastante bien.
Vuelvo a María, en su cocina, con su pizza encontrada a destiempo. Si algo me queda de la charla con Sánchez Salinas es una invitación a tomarnos estas pausas con un poco más de calma y, sobre todo, con más información. A veces, alcanza con reírse, describir lo que uno quiere decir y seguir adelante; otras, vale la pena consultar para descartar que haya algo más detrás. En los dos casos, saber que es un fenómeno conocido y entender cómo funciona la memoria es, ya de por sí, un alivio.
