El Calamar se quedó con la gloria corta: ganó, peleó, y se quedó a un suspiro de los penales
Platense venció 2-1 a Fluminense en Vicente López y quedó a un gol de forzar la definición desde los doce pasos. El Marrón de Martín Palermo se despidió de la Libertadores con la frente alta y el paladar amargo de quien mereció un poco más.
Levantó la mano Guido Mainero, se la señaló a su banco, y todo Vicente López explotó. El 10 del Calamar clavó un derechazo bajo, con desvío incluido, y a los 29 minutos la serie estaba igualada. Después, ya en tiempo adicionado, mandó un centro quirúrgico para que Bruno Sepúlveda la peinara de cabeza al segundo palo. Dos a cero antes del descanso. El pueblo de Platense, el de toda la vida, se frotaba los ojos.
Pero esto, claro, es la Copa Libertadores. Y la Copa no perdona. Platense había caído 2 a 0 en el Maracaná, con goles de Nonato y Hulk. Así que la hazaña pedía un tercero que nunca llegó. En el segundo tiempo, una pérdida de Pablo Ferreira en la mitad de la cancha le permitió a Fluminense salir rápido. Agustín Canobbio enganchó en el área y la empujó para sellar el 3 a 2 global que clasificó al equipo carioca.
El Calamar se comió el partido hasta el descuento
Hasta esa jugada, el equipo de Martín Palermo había manejado la pelota, la intensidad y el resultado. Fábio, el arquero visitante, se lució ante un disparo de Juan Saborido y un cabezazo de Ignacio Vázquez. Del otro lado, Ganso tuvo la más clara para Fluminense en la primera etapa, pero la tiró por arriba. La diferencia, al final, fue esa: un error en la salida, un enganche y un suspiro. Así de fino se corta el sueño de un club chico en este tipo de noches.
Sobre el cierre, el Calamar fue a buscar el gol que lo mandaba a los penales. Fábio volvió a sacarle otro cabezazo a Vázquez, Mateo Mendia tomó el rebote, pero estaba en posición prohibida. Hulk tuvo la sentencia en el área contraria y la mandó por arriba del travesaño. Cinco minutos agregados que se sintieron eternos. Nada cambió.
Palermo, los pibes y la identidad del Marrón
Me quedo con la imagen de Mainero señalando el banco cuando hizo el primero. Es el gesto de un equipo que cree. Platense jugó su primera Libertadores en 2025 y ya había hecho historia eliminando a Olimpia en octavos. Anoche le ganó al Fluminense de Ganso, de Canobbio, del mismísimo Hulk. Le ganó y lo dejó afuera de la Copa, aunque el global no le alcanzó. Hay derrotas que son títulos, y esta lo fue para el barrio, para el club, para Palermo, que volvió a hacerse cargo del banco cuando más le dolía al equipo.
- Platense vuelve a la acción por el torneo local, donde pelea por mantener la categoría y mostrarse de cara al tramo final del año.
- El Marrón jugará como local en el Ciudad de Vicente López, otra vez con su gente, que anoche se fue ovacionando a los jugadores pese a la eliminación.
- Desde el cuerpo técnico de Palermo ya se evalúan variantes pensando en el choque siguiente: hay que ganar para seguir construyendo identidad.
- La despedida copera deja a Platense en el radar grande del fútbol argentino: un club que compitió, ganó y se dio el gusto de dejar afuera a un brasileño con historia.
Lo dije cuando arrancó el partido y lo sostengo ahora. Platense no se va eliminado, se va con la frente alta. Ganó 2 a 1, mereció el tercero y se quedó a un grito de los penales. El próximo partido lo tiene que jugar como si fuera una final del mundo. Porque para el Calamar, cada fecha en Vicente López ya es eso. Nos vemos en la cancha.
