El Coyote se anima a los tribunales: Will Forte le presta su voz a una causa perdida
La película combina acción real y dibujos animados para llevar al personaje de los Looney Tunes a un juicio contra la fábrica Acme, con el humor físico de siempre y un corazón notablemente humano.
Imaginate la escena: un estudio enorme, alfombras azules, luces que rebotan en las paredes y, en medio de todo eso, un coyote de ojos grandes que mira al abogado como pidiendo permiso para hablar. Esa imagen, mitad dibujo y mitad carne y hueso, es la que se repite durante los más de noventa minutos que dura Coyote vs. Acme, la película que vuelve a poner al Coyote de los Looney Tunes en el centro de la pantalla, esta vez con un compañero de ruta muy particular: el personaje humano que interpreta Will Forte, un tipo común, medio derrotado por la vida, que termina convirtiéndose en el único aliado legal del animal en su cruzada contra la poderosa compañía Acme.
Un corto que se estiró hasta convertirse en película
Cualquiera que haya crecido frente al televisor conoce la dinámica: el Coyote prepara una trampa elaborada, compra un cohete, una rampa, una piedra gigante marcada con la palabra trampa, y el Correcaminos pasa zumbando como si nada. El mecanismo explota, el Coyote cae al precipicio y al rato ya está ideando el próximo plan, con la misma convicción con la que uno se levanta un lunes a la mañana después de un fin de semana largo. Esa perseverancia tan terca, tan heartbreaking en el fondo, es la materia prima de la que está hecha esta película, solo que ahora, en vez de repetirse en un corto de siete minutos, se estira, se desarrolla y se cruza con el universo de los juicios, los testigos dubitativos y las declaraciones juradas.
El Coyote, finalmente, tiene la palabra. O al menos la oportunidad de sentarse frente a un juez y exponer, con la ayuda de su abogado humano, por qué la empresa Acme debería responder por todos los carretes de dinamita, las calesitas con cumbres explosivas, las cajas con resortes y las montañas de tornillos y tuercas que le vendió durante años, artefactos que, cabe aclarar, nunca cumplieron con las mínimas condiciones de seguridad. La premisa es delirante y, al mismo tiempo, tiene esa lógica interna tan particular del universo Looney Tunes, donde un animal puede comprar un misil por correo y nadie se extraña demasiado.
Forte como partenaire de un dibujo animado
Will Forte, a quien el público masivo conoce por sus papeles en comedias de situación y por su participación en Saturday Night Live, se mete acá en un personaje que es, en el fondo, un reflejo deformado del propio Coyote. Los dos comparten algo esencial: la idea de seguir insistiendo en algo que claramente no va a funcionar. Forte le pone a su personaje una mezcla de cansancio crónico y ternura oculta que funciona como contrapeso perfecto para el entusiasmo inquebrantable del animal. Cuando se miran a los ojos, uno tiene la sensación de estar viendo una amistad improbable, de esas que surgen entre personas que no deberían tener nada en común pero que, por alguna razón, se entienden en silencio.
La película se anima a tomarse su tiempo para construir ese vínculo, y eso se agradece. No todo es acción y gag: hay escenas donde los dos protagonistas comparten un sándwich en un banco, o caminan por un estacionamiento vacío después de una audiencia perdida, y en esos momentos el filme respira y se vuelve, por un instante, sorprendentemente emotivo. Ahí se nota la mano del guion para encontrar el costado humano de personajes que, sobre el papel, no tienen nada de humanos.
Los antecedentes: cuando los Looney Tunes se cruzan con personas de carne y hueso
- Space Jam (1996): Michael Jordan se mete en el mundo de los dibujos animados para jugar un partido de básquet con Bugs Bunny y compañía. La película fue un fenómeno de taquilla y consagró la fórmula de mezclar estrellas reales con personajes animados.
- Looney Tunes: De nuevo en acción (2003): la apuesta fue sumar a Brendan Fraser como protagonista humano, en un filme que retomaba el humor físico clásico y sumaba referencias al cine de espías.
- Coyote vs. Acme: la nueva entrega lleva la mezcla un paso más allá y se anima a cambiar el género, porque el centro ya no es el deporte ni la aventura, sino un juicio con humor físico y algo de sática corporativa.
Después de ver la película, uno sale del cine con la sensación de que el Coyote, más que un personaje de dibujos animados, es una especie de metáfora andante de la insistencia. Es ese amigo que te dice dale, una vez más, cuando todos los demás ya se fueron a casa. Es el que sigue probando, con la misma fe con la que probó hace cincuenta años, aunque el precipicio siga estando ahí abajo. Y si me permiten la licencia, confieso que en más de una escena se me escapó una sonrisa cómplice, de esas que aparecen cuando un dibujo animado te dice, sin palabras, algo que un ser humano a veces no se atreve a decirte a la cara: que rendirse no es una opción, aunque el plan parezca una locura.
Te puede interesar
