El cuerpo no se olvida: por qué volver a entrenar no es empezar de cero, según un estudio reciente
Un equipo de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign demostró que músculos e hígado conservan rastros del ejercicio anterior, una pista clave para entender por qué retomar la actividad después de una pausa resulta menos cuesta de lo que parece.
Son las seis y media de la tarde en un parque de Palermo y María, de 52 años, vuelve a calzarse las zapatillas después de casi cinco meses sin pisar una caminadora por una lesión en la rodilla. Mientras ajusta los cordones me dice, con esa mezcla de culpa y esperanza que conozco de tantos lectores, que siente que está arrancando de nuevo, como si los años de entrenamiento se le hubieran borrado de un plumazo. Yo le contesto que, según un trabajo reciente, no es exactamente así: su cuerpo guarda memoria del ejercicio aunque ella haya dejado de entrenar, y esa idea cambia bastante la forma en que se mira una pausa forzosa.
El hallazgo lo encabezan Diego Hernandez-Saavedra y Yi-Heng Huang, investigadores de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign, y aparece publicado en 2025 en la revista American Journal of Physiology-Cell Physiology. Lo que hicieron fue sencillo de explicar y difícil de ejecutar: entrenaron ratones durante entre cuatro y ocho semanas, los dejaron un tiempo sin actividad y después los pusieron a hacer ejercicio otra vez, comparándolos con animales que nunca se habían movido. La pregunta de Hernández-Saavedra era qué pasa en el tejido muscular antes, durante y después de dejar de entrenar, y la respuesta los sorprendió.
Cuando los ratones con experiencia previa volvieron a correr sobre la rueda, sus fibras musculares crecieron más rápido y mostraron un mejor aprovechamiento de la energía disponible frente al esfuerzo, una ventaja que, según los autores, se mantuvo incluso durante la pausa sin actividad física. Es decir, el músculo no se reinicia como una computadora de fábrica: arrastra adaptaciones que lo dejan medio paso adelante respecto de quien nunca se movió.
El hígado también se acuerda
La segunda pieza del rompecabezas la publicó en 2026 la revista Molecular Metabolism y pone al hígado en el centro de la escena. En ratones y también en personas que retomaron el ejercicio tras un parate, los investigadores detectaron niveles más altos de unas enzimas llamadas carboxilesterasas hepáticas, cuya tarea es descomponer las grasas que circulan en la sangre para que el músculo pueda usarlas como combustible. En criollo: el hígado parece haberse entrenado junto con el músculo y guarda una especie de registro que mejora la coordinación energética entre ambos órganos cuando se vuelve a la actividad.
Los propios investigadores aclaran que la idea de memoria celular no es nueva en biología: las neuronas almacenan recuerdos a través de sus conexiones y el sistema inmunitario aprende a reconocer a los agentes que ya enfrentó. Lo que este trabajo suma al libreto es que también las células musculares, hepáticas, de la piel y del tejido adiposo parecen guardar huellas de experiencias pasadas, aunque todavía no se sepa con precisión cuánto dura esa información ni a través de qué mecanismos exactos se conserva.
Lo que sí se pierde, y lo que se gana al volver
- Disminuye la capacidad cardiovascular tras varias semanas sin moverse, lo que se nota como falta de aire al subir escaleras.
- Cae la fuerza muscular, sobre todo en los primeros quince días de inactividad.
- Se reduce la sensibilidad a la insulina, lo que puede afectar el control de la glucosa en sangre.
- A pesar de esos retrocesos, el músculo conserva una ventaja estructural y metabólica para crecer de nuevo al retomar.
- El hígado mantiene niveles más altos de carboxilesterasas, lo que mejora el aprovechamiento de grasas como combustible.
Antes de despedirnos en el parque, le aclaro a María que la recomendación de moverse con regularidad sigue siendo la misma: los efectos benéficos del ejercicio sostenido no se reemplazan con recuerdos celulares. Pero saber que el cuerpo no arranca exactamente de cero le cambia el ánimo, y también le cambia la estrategia: la próxima pausa por una lesión, un embarazo, una temporada de trabajo intenso o una enfermedad ya no va a sentirse como un borrón y cuenta nueva, sino como un parate del que se vuelve con algo a favor. Y eso, en mi oficio y en el suyo, es una buena noticia para contar.
