El fantasma de Jay Gatsby que Jack Nicholson nunca pudo espantar y que terminó en los ojos de Robert Redford
A sus 89 años, y retirado de la actuación desde hace más de una década, el actor sigue cargando con el arrepentimiento de haber dicho que no al personaje más icónico de F. Scott Fitzgerald. Una decisión que abrió el camino a Redford, pero que también dejó al descubierto el precio de las renuncias personales en Hollywood.
Imaginate la escena: un joven Jack Nicholson, de apenas dieciocho años, sentado en algún café de Manhattan mientras un director le asegura, con esa mezcla de adulación y verdad que maneja el cine, que él nació para ser Jay Gatsby. Años más tarde, ya convertido en leyenda viva de Hollywood, ese mismo Nicholson todavía recuerda esas palabras como una sentencia. Porque fue él quien terminó dando la espalda a un papel que el destino parecía haberle guardado desde siempre.
La novela, la película y el hombre que no pudo ser Gatsby
La historia es conocida por los amantes del cine y también por los que no lo son tanto. F. Scott Fitzgerald escribió en los años veinte una de las novelas más revisitadas de la literatura estadounidense, y la adaptación que llegó en 1974, dirigida por Jack Clayton, se convirtió en una de las piezas más recordadas de la pantalla grande. Lo que pocos saben es el camino sinuoso que recorrió la producción hasta encontrar al actor que finalmente daría vida al millonario misterioso de West Egg.
El primer nombre que apareció sobre la mesa fue el de Warren Beatty, que también dijo que no. Después llegó el turno de Nicholson, que por entonces empezaba a consolidarse como uno de los actores más prometedores de su generación. Pero las cosas no se dieron. El propio Nicholson reconoció públicamente que razones personales, que eligió no detallar, lo alejaron del proyecto. La versión más repetida por los historiadores de Hollywood apunta a sus reparos por trabajar junto a Ali MacGraw, que por entonces era la esposa del productor Robert Evans. Una incomodidad comprensible, si se piensa en el clima que se vivía en los estudios.
- Warren Beatty fue el primer convocado para Gatsby y también rechazó el papel.
- Nicholson tenía dudas por la presencia de Ali MacGraw, esposa del productor Robert Evans.
- Marlon Brando fue evaluado seriamente antes de confirmar al protagonista definitivo.
- Robert Redford terminó aceptando y consolidó una de las interpretaciones más recordadas del personaje.
- Mia Farrow quedó como Daisy después del divorcio entre Evans y MacGraw.
Lo que vino después, con ironía incluida
Lo más irónico de esta historia es que el mismo año en que el Gatsby de 1974 llegaba a las salas, Nicholson estaba rodando otra película que terminaría dándole un lugar de privilegio en la historia del séptimo arte. Chinatown, de Roman Polanski, le valió una nueva nominación al Oscar, aunque la noche de los premios fue para Art Carney por Harry y tonto. De todos modos, la película de Polanski se consolidó con el tiempo como una de las obras cumbres del policial moderno y como uno de los grandes papeles de Nicholson.
Pero el fantasma de Gatsby siguió dando vueltas. Años después, ya consolidado como uno de los actores más respetados de su generación, Nicholson volvió a hablar del tema y no esquivó el arrepentimiento. Es, fueron sus dichos, el único papel verdaderamente excepcional que rechazó y por el que se lamenta. Una confesión que no hace más que confirmar lo que muchos sospechaban: que en Hollywood, las decisiones del momento se pagan a largo plazo.
Un retiro que no borra las historias
El largo adiós del actor más icónico de su generación
Nicholson se retiró de la actuación después del estreno de Cómo sabes si...? en 2011. Hoy, a sus 89 años, no ha vuelto a ponerse frente a una cámara y mantiene ese perfil bajo que eligieron varias estrellas de su camada. Sin embargo, cada vez que la conversación gira hacia los grandes personajes del cine, su nombre aparece inevitablemente asociado al de Jay Gatsby. Como si la posibilidad de haber sido aquel misterioso millonario de Long Island siguiera latiendo debajo de todos sus otros papeles.
Permitame cerrar esta nota con una reflexión que me cuesta no hacer en primera persona, porque la historia lo merece. A veces uno tiene la sensación de que los grandes artistas cargan con fantasmas que no eligieron, y que el peso de lo que dejaron en el camino pesa más que los trofeos que acumularon. Nicholson tiene una filmografía que muy pocos pueden igualar, y sin embargo todavía se acuerda de la noche en que le dijeron que sí a otra cosa. Y a mí, sinceramente, eso me parece más humano que cualquier estatuilla.
