El flan de café que se arma con lo que hay en la heladera y queda mejor de un día para otro
Huevos, leche, café y caramelo: cuatro ingredientes y un baño maría que rinde cuatro porciones individuales. Claves para regular el sabor y consejos para que no se rompa al desmoldar.
Si tenés un paquete de flaneras individuales guardado por ahí y un frasco de caramelo a medio usar, este flan de café es de esas preparaciones que resuelven una sobremesa sin pedir permiso a la dietética. La base es la misma de cualquier flan de toda la vida: huevos batidos, leche y azúcar. La diferencia es que una parte del líquido se reemplaza por café preparado, y esa proporción es la que decide si el postre sale suave y dulzón o bien cargado y con carácter.
Para cuatro porciones individuales se cubren cuatro flaneras con una cucharadita de caramelo líquido en la base y los laterales, que sirve tanto el casero como el comprado. Aparte, se mezcla el café con el azúcar, se incorpora la leche y se deja entibiar antes de sumarlo a los huevos ya batidos. Esa mezcla se reparte en los moldes y al horno.
Cómo regular el sabor y la cocción
A más café y menos leche, el resultado es más pronunciado; a menos café y más leche, queda más cremoso y lácteo. El dulzor también se modula ajustando el azúcar, así que la receta admite variantes según el gusto de cada uno.
- Cubrir cuatro flaneras individuales con caramelo líquido en base y laterales.
- Mezclar café con azúcar, agregar la leche y entibiar antes de unir con los huevos batidos.
- Cocinar a baño maría, en fuente con agua caliente hasta un tercio de la altura de las flaneras.
- Horno precalentado a 180 grados, con calor arriba y abajo, durante unos 25 minutos.
- Enfriar a temperatura ambiente y pasar a la heladera; desmoldar al día siguiente para que mantenga la forma.
El truco para que no se rompa al desmoldar es aguantarse la ansiedad: una vez fuera del horno, los flanes se dejan enfriar primero en la mesada y después en la heladera. Recién al día siguiente, cuando están bien fríos y firmes, se dan vuelta y se sirven con el caramelo que quedó en el molde. Si querés sumarle contraste de texturas, van bien una nube de crema batida, unas almendras picadas o unas rodajas de fruta.
Cuándo conviene hacerlo y cómo aprovecharlo
El flan descansa mejor de un día para otro, así que es un candidato ideal para la mesada del domingo o para dejar listo el viernes y disfrutar el sábado. Se conserva en la heladera, tapado, sin problema dos o tres días.
