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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El mercado laboral juvenil argentino opera con la formalidad como excepción y la herencia del hogar como variable central

Un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA describe un universo de 18 a 25 años donde solo uno de cada siete accede a un empleo pleno, mientras que la inserción irregular y la inactividad crecen a medida que baja el estrato socioeconómico. La comparación interanual y los datos de Zentrix completan el cuadro de ingresos.

Por Marcela YapuraEconomía · · hace 49 d
El mercado laboral juvenil argentino opera con la formalidad como excepción y la herencia del hogar como variable central

El acceso a un empleo pleno se presenta como una situación excepcional entre los jóvenes argentinos de entre 18 y 25 años, según surge del informe elaborado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA). De acuerdo con el relevamiento, apenas el 14,2 por ciento de ese segmento poblacional consigue un trabajo formal con cobertura pleno, mientras que el resto se reparte entre la informalidad, distintas formas de desempleo y la inactividad total.

Vamos a los números con mayor detalle. Del total de jóvenes de 18 a 25 años, el 30,2 por ciento cuenta con algún tipo de empleo regular, aunque dentro de ese agrupamiento el 16 por ciento se desempeña en condiciones precarias. A su vez, el 22,5 por ciento se ocupa en changas, trabajos eventuales o intermitentes, o atravesó un episodio de desempleo reciente. Otro 10,7 por ciento acumula más de seis meses sin trabajo, y el 36,6 por ciento directamente no busca empleo ni ejerce actividad laboral remunerada. Las cifras corresponden al relevamiento del ODSA (UCA) citado en el material de base.

La brecha por estrato socioeconómico se amplía en todos los indicadores

La comparación con el año anterior, en la medida en que el material lo permite, debe leerse a la luz de la fragmentación que el propio informe describe: el punto de partida familiar aparece como un factor determinante de las posibilidades de inserción. El 20,7 por ciento de los jóvenes de 18 a 25 años no estudia ni trabaja, pero esa proporción trepa al 34,2 por ciento en el estrato socioeconómico muy bajo, contra apenas el 8,3 por ciento en el estrato medio alto. La diferencia supera los 25 puntos porcentuales entre ambos extremos.

La posibilidad de dedicarse exclusivamente a estudiar reproduce el mismo patrón. El 41,2 por ciento de los jóvenes del estrato medio alto solo estudia, proporción que se reduce al 15,6 por ciento en el estrato muy bajo. En simultáneo, apenas el 13 por ciento de los jóvenes consigue combinar estudio y trabajo al mismo tiempo, un dato que el informe presenta como reflejo de las restricciones estructurales del mercado laboral juvenil. Todas las cifras provienen del ODSA (UCA).

El peso del empleo del principal sostén económico del hogar aparece como otra variable clave. Cuando ese adulto cuenta con empleo pleno, las chances de que el joven se mantenga dentro del sistema educativo aumentan; cuando predominan la precariedad o el desempleo en el hogar, crece la probabilidad de que el joven tampoco estudie ni trabaje. El ODSA advierte, no obstante, que incluso un empleo protegido del principal sostén económico no alcanza a borrar la desventaja asociada a una posición socioeconómica baja, según se cita en el material de base.

  • Empleo pleno entre 18 y 25 años: 14,2 por ciento (ODSA-UCA).
  • Empleo regular total: 30,2 por ciento, con 16 por ciento en condiciones precarias.
  • Changas, trabajos eventuales o desempleo reciente: 22,5 por ciento.
  • Más de seis meses sin trabajo: 10,7 por ciento.
  • Inactividad total: 36,6 por ciento.
  • Jóvenes que no estudian ni trabajan: 20,7 por ciento en el promedio; 34,2 por ciento en el estrato muy bajo y 8,3 por ciento en el medio alto.
  • Solo estudian: 41,2 por ciento en el estrato medio alto; 15,6 por ciento en el estrato muy bajo.
  • Jóvenes de 18 a 39 años que llegan al día 20 del mes sin dinero disponible: 85,5 por ciento, frente a 60,6 por ciento en el grupo de 40 a 59 años (consultora Zentrix).

El impacto sobre los ingresos resulta directo, de acuerdo con un estudio de la consultora Zentrix citado en el material. El 85,5 por ciento de los jóvenes de entre 18 y 39 años llega al día 20 del mes sin dinero disponible, contra el 60,6 por ciento de quienes tienen entre 40 y 59 años. La menor antigüedad laboral, la mayor incidencia de la informalidad y los salarios de entrada explican en parte esa diferencia, según la fuente.

El mismo informe del ODSA (UCA) muestra que la inserción irregular sin estudio aumenta del 4,9 por ciento al 26,8 por ciento entre el estrato medio alto y el muy bajo. En paralelo, quienes no estudian ni trabajan pasan del 13,3 por ciento al 30,5 por ciento cuando el jefe o jefa de hogar deja de tener empleo pleno y se ubica en una situación de subempleo o desempleo inestable. La secuencia estadística refuerza la lectura de un mercado laboral juvenil donde las oportunidades se heredan en buena medida del hogar de origen.

El indicador a seguir

La pregunta sobre qué cambios haría falta ver en el mercado laboral para que los jóvenes puedan sostener trabajo y estudio al mismo tiempo queda abierta en el material de base, sin una respuesta formulada por las fuentes consultadas. El indicador a seguir en los próximos relevamientos será la evolución de la tasa combinada de jóvenes que estudian y trabajan al mismo tiempo, actualmente en el 13 por ciento, junto con la brecha entre estrato muy bajo y estrato medio alto en la proporción de jóvenes que no estudian ni trabajan, que en la última lectura del ODSA (UCA) supera los 25 puntos porcentuales.

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