El pulso artesanal de Laika: Travis Knight vuelve al stop motion con "Wildwood" y le planta bandera a la inteligencia artificial
A días del estreno de la película más ambiciosa del estudio, su director defiende a rajatabla el oficio manual y dice que la IA "carece de humanidad". Una defensa del arte como huella de alguien vivo.
Me imagino la sala del estudio Laika en Portland, esa fábrica minuciosa donde las marionetas tienen nombre propio y los decorados se arman como si fueran casas de verdad. Mesas largas llenas de herramientas, polvo de arcilla, cables finos como cabellos y, en el centro, manos que mueven personajes cuadro por cuadro. En ese paisaje de paciencia, Travis Knight vuelve a pararse firme delante del mundo para presentar "Wildwood", la película que él mismo define como la más difícil de la historia del estudio. Doscientos cuarenta minutos de proyección que se filmaron a mano, fotograma a fotograma, durante años, en un contexto donde la inteligencia artificial amenaza con comerse a la animación pieza por pieza. Y el director, lejos de esquivar el debate, lo encara de frente.
Knight ya había sorprendido con "Kubo y las dos cuerdas mágicas", la película que lo puso en el mapa grande de la animación y le valió una nominación al Oscar. Desde entonces se metió en el mundo de la acción real con "Bumblebee" y tiene en carpeta "He-Man y los Maestros del Universo", pero siempre quedó atado a una forma de entender el oficio que Learned Animation mantiene como bandera: el stop motion como lugar donde se nota el cuerpo de quien lo hace. De esa convicción se agarra ahora, en la promoción de un proyecto que, según el propio estudio, es el más ambicioso de su historia.
Una filosofía que se nota en cada fotograma
La película dura 140 minutos y fue filmada cuadro a cuadro, a mano. No hay generación automática, no hay atajos digitales. El tráiler que ya circula muestra una factura visual donde cada detalle parece construido antes de ser capturado, con texturas que la computadora difícilmente podría replicar sin que se notara. Y eso, para Knight, no es un defecto sino la esencia misma del medio.
“La IA es realmente contraria a todo lo que defendemos en Laika, porque en Laika, en el centro de todo lo que hacemos, está el artista. El stop motion hace gala abiertamente de su humanidad. Y la IA carece de humanidad. Contar historias, crear arte, consiste precisamente en imbuir de alma lo que haces.”Travis Knight
Knight no descarta la tecnología. Reconoce, y lo dice en público, que la inteligencia artificial es una herramienta "asombrosa". Lo que discute es qué produce esa herramienta cuando se la pone a crear. La distinción que traza es casi filosófica: la animación hecha a mano exhibe las marcas del proceso, las pequeñas torpezas, el tiempo invertido en mover una ceja o colocar una sombra. La imagen que sale de un sistema generativo, en cambio, llega limpia de ese rastro, sin testigos que la hayan construido. Y para el director esa diferencia no es menor: define si una obra puede o no llamarse arte.
"Wildwood" llega a las salas el 23 de octubre y lo hace en un momento donde la pregunta por el lugar del trabajo manual en el cine parece más viva que nunca. Yo confieso que, mientras leía las declaraciones de Knight, me acordé de la primera vez que vi una marioneta de Laika moverse en una pantalla grande: esa cosa casi sagrada de saber que alguien, en algún taller, pasó horas enteras para que ese personaje levante un dedo. En un escenario donde cualquier imagen se puede fabricar en segundos, esa demora parece un acto de resistencia. Y aunque es probable que la inteligencia artificial encuentre su lugar en la animación, lo que Knight defiende me sigue pareciendo importante: que se note la mano, que se vea el cuerpo, que quede claro que del otro lado había alguien. A veces, en definitiva, eso es lo que nos hace decidir que estamos frente a una obra y no frente a un producto.
