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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El último hormero de Suipacha: 28 años fabricando los zapatos con los que se baila el tango

Antonio Ávalos aprendió el oficio de su padre, modelista de la casa Dior en Argentina, y hoy produce unos 50 pares por semana en un taller-showroom del microcentro porteño donde conviven showroom, obrador y memoria familiar.

Por Delia ChocobarSociedad y comunidades · · hace 49 d
El último hormero de Suipacha: 28 años fabricando los zapatos con los que se baila el tango

Son pasadas las diez de la mañana y la persiana metálica de Todo Tango Shoes ya está levantada sobre la calle Suipacha, a pocos metros del cruce con Corrientes. Adentro, entre estantes cargados de hormas, recortes de cuero y tarimas con tacos apilados, Antonio Ávalos toma un marcador y empieza a dibujar, como cada día, directamente sobre una horma de madera. No hay papel carbónico ni boceto previo: la línea nace en la forma, y de esa línea saldrá, en cuestión de días, un par de zapatos de tango listo para pisar una milonga. Hace 28 años que en este local se fabrica calzado para bailar y, si se cuenta la historia de su padre Eugenio, la cuenta larga se estira varias décadas más.

Antonio tiene 46 y empezó en el rubro a los 18, de la mano de Eugenio, un modelista que en su época dorada representó a Christian Dior en la Argentina y le cosía tacos aguja a mujeres que todavía iban a la oficina con zapatos de vestir. 'Papá era mi maestro. De chico no teníamos mucho dinero y a mí me gustaban las zapatillas que no me podían comprar. Entonces me enseñó a hacerlas', cuenta Ávalos, mientras acomoda un prototipo en talle 37 sobre un pedestal de la vidriera, a la espera de que algún transeúnte se detenga a mirarlo. Hoy el taller lo sostienen tres generaciones: él mismo, su mujer Analía, que atiende al público, y su hijo Tobías, de 24, que ya se mueve con soltura entre el corte y el aparado.

Diseñar sobre la horma, no sobre el papel

El método que heredó Antonio es bien distinto al de un diseñador industrial. No arranca con un dibujo en una hoja ni con un archivo digital: toma la horma, marca los trazos a mano y arma un primer prototipo que expone en la vidriera del local. Si la pieza aguanta la prueba del mostrador y la del espejo, recién entonces un escalista ajusta los moldes a toda la numeración y el calzado entra en la línea de producción: corte, aparado, armado, suela y terminación. Por semana salen del taller unos 50 pares, una escala que lo deja a medio camino entre el artesano y la pequeña fábrica.

“No podés poner un taco de 7 centímetros en una horma de 9, porque te va a caer mal. El zapato pisa chueco, ya sea en la punta o en el talón.”Antonio Ávalos, fabricante de calzado de tango

Taco, suela y horma: las tres decisiones que hacen girar a un bailarín

  • Altura del taco: varía entre 5,5 y 9 centímetros según lo que pida cada bailarina o bailarín. No es un detalle decorativo: define el eje del cuerpo, la precisión del giro y la seguridad del deslizamiento.
  • Suela de cromo: es la indicada para los pisos pulidos de las milongas tradicionales, porque no resbala en falso pero sí deja deslizar al pie durante el baile.
  • Suela de cuero: se adapta a cualquier superficie y fue la gran protagonista cuando el tango salió a las plazas durante la pandemia.
  • Zapatillas de tango: derivan del calzado de jazz, llevan suela de cromo en lugar de goma y son las reinas de las prácticas y de las milongas más informales.

En los estantes del taller conviven, además, modelos para otros ritmos que también tienen su público en Buenos Aires: sandalias con tiras múltiples y taco chupete para quienes bailan bachata, y plataformas con suela reforzada para los que se inclinan por el rock. Los materiales que entran por la puerta van desde el cuero clásico hasta telas con estampados, pasando por billoné, glitter y charol, en buena parte importados de China y de Brasil. Antonio esquiva, en cambio, el cuero sintético: 'Tiene vencimiento, se deteriora con el uso y no quiero vender algo que sé que no va a durar', resume, mientras revisa una horma y vuelve a apoyar el marcador sobre la madera, como quien retoma una conversación de toda la vida.

DC
Delia ChocobarSociedad y comunidades

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