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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El voluntario de Neuquén que cruzó dos continentes para devolver unas cenizas y terminó quedándose a ayudar

Juan Diego Lorente, presidente de la Filial Neuquén de Cruz Roja Argentina, cumplió el último deseo de Néstor Tovar Ibarra y luego viajó por su cuenta a Venezuela para colaborar tras el terremoto. En Caracas trabó un vínculo inesperado con un profesor de un gimnasio al aire libre que le abrió una herida personal.

Por Delia ChocobarSociedad y comunidades · · hace 31 d
El voluntario de Neuquén que cruzó dos continentes para devolver unas cenizas y terminó quedándose a ayudar

Son las seis de la tarde en una plaza del oeste de Caracas y un hombre de unos cincuenta y tantos levanta una pesa artesanal mientras le cuenta a un desconocido por qué todavía no se anima a ir a ver a su madre. El desconocido se llama Juan Diego Lorente, preside la Filial Neuquén de Cruz Roja Argentina y llegó hace pocos días a Venezuela con una mochila, algo de ropa y el resto financiado con sus propios ahorros. Está ahí porque un paciente venezolano murió en Neuquén después de 416 días internado y le pidió algo muy concreto antes de irse.

Ese paciente era Néstor Tovar Ibarra, un venezolano que vivía en la capital neuquina y que cayó mal en su casa. La caída le provocó una lesión medular que lo dejó paralítico, y en el Hospital Provincial Neuquén lo operaron, lo contuvieron y lo acompañaron durante más de un año. En ese tiempo le diagnosticaron también un cáncer de próstata y nunca pudo volver a su país. Murió en Neuquén, internado, y su último pedido fue que sus cenizas llegaran hasta su hermano Adrián, que vive en Perú.

Una misión que empezó como un traslado y terminó en otro continente

Lorente tomó el pedido como una causa personal y lo trabajó con el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja para que el traslado pudiera concretarse sin tropiezos. Las cenizas de Néstor fueron entregadas a la familia en Perú, tal como el propio Néstor había pedido. Ahí, en teoría, se cerraba la historia.

Pero Lorente no volvió a Neuquén. Decidió, por iniciativa propia y con el respaldo de su familia, seguir viaje hasta Venezuela para ponerse a disposición de la Cruz Roja Venezolana como voluntario frente a los efectos del terremoto que azotó al país. Cruz Roja Argentina aclaró que no existe una misión operativa oficial de su personal en Venezuela, aunque sí envió apoyo material y económico y mantiene mecanismos listos por si hace falta un despliegue mayor.

Lo que vio en Caracas y la charla que se convirtió en otra promesa

En Caracas, Lorente recorrió zonas dañadas por el sismo, vio edificios con estructuras comprometidas y sectores golpeados por el movimiento. Cerca de su alojamiento descubrió una plaza con un gimnasio al aire libre que funciona hasta la medianoche, sin costo y con un profesor presente. Como está ligado desde hace años al culturismo, se detuvo a charlar con ese profesor y lo que empezó como una conversación de entrenamiento se fue transformando en otra cosa.

El hombre le contó de pérdidas familiares que le dejó el terremoto, de una madre de 73 años con la que está distanciado desde hace años y de un lugar ligado al sismo al que había intentado acercarse sin poder lograrlo, por el peso emocional que le generaba. Lorente tomó una decisión: quiere estar a su lado cuando intente el reencuentro con su madre y cuando se acerque a ese sitio al que no pudo ir solo.

La escena vuelve al mismo gimnasio al aire libre, ya entrada la noche caraqueña, con la pesa apoyada en el banco y la charla todavía abierta. Para Lorente, la cadena que arrancó con el pedido de Néstor en una sala del Hospital Provincial Neuquén sigue extendiéndose, cruce tras cruce, en cada persona que se le anima a hablar.

DC
Delia ChocobarSociedad y comunidades

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