Gallardo se calza el buzo de Ecuador y va por la gloria en el Mundial 2030
El Muñeco cierra en Madrid un acuerdo por cuatro años con la Federación Ecuatoriana y deja atrás su silencioso receso desde su salida de River. Debutaría en octubre ante Japón, Panamá y Nueva Zelanda.
Lo vi mil veces en el Monumental hacer ese gesto con la mano derecha, pidiendo calma, orden, cabeza fría. Marcelo Gallardo, el Muñeco, el que devolvió a River a la cima de América y se fue dos veces por la puerta grande, vuelve al ruedo. Esta vez no será en un club: la Federación Ecuatoriana de Fútbol lo confirmó como nuevo director técnico del seleccionado, con un contrato de cuatro años y la mira clavada en el Mundial 2030 que se jugará en España, Portugal y Marruecos.
El acuerdo se selló después de una semana de idas y vueltas en Madrid, donde el técnico argentino se sentó cara a cara con Francisco Egas, presidente de la entidad. Gallardo, de 50 años, no dirigía desde febrero pasado, cuando dijo adiós en su segundo ciclo en el club de Núñez. Su última experiencia internacional había sido un paso por el Al-Ittihad de Arabia Saudita, con más ruido que gloria.
El reemplazo y el camino hasta acá
Gallardo llega en lugar de Sebastián Beccacece, otro argentino que llevó al Tricolor al Mundial de este año y se topó con México en los dieciseisavos de final. Ecuador tiene historia en los mundiales, claro: cinco presencias, con un pico inolvidable en Alemania 2006, cuando de la mano de Luis Fernando Suárez llegó a octavos y cayó nada menos que ante Inglaterra. Después Qatar 2022 y el último torneo, ambos con eliminación en primera ronda, hasta que Beccacece le devolvió algo de aire.
- Contrato por cuatro años, con objetivo claro: clasificar al Mundial 2030.
- Posible debut en la fecha FIFA de octubre, en un cuadrangular frente a Japón, Panamá y Nueva Zelanda.
- Primera experiencia de Gallardo al mando de una selección nacional.
- Sucesor de Sebastián Beccacece, que cayó en dieciseisavos del último Mundial ante México.
El palmarés del Muñeco como DT es de esos que asustan: dos Copas Libertadores (2015 y 2018), una Sudamericana (2014) y tres Copas Argentina (2016, 2017 y 2019), todo con la banda roja cruzando el pecho. Regresó al club en 2024, tras su experiencia en Arabia, y se despidió en febrero de este año. Desde entonces, silencio, descanso y alguna que otra sonrisa lejana desde un palco.
Ahora se muda a Quito, o como mínimo se instala en el proyecto. Lo esperan en octubre, en un cuadrangular que tiene pinta de examen antes del examen grande. Después, el Mundial 2030, que además tendrá partidos inaugurales en Uruguay, Argentina y Paraguay, como homenaje a los cien años del torneo. Ahí, dicen, quiere estar Ecuador. Y ahí, dicen también, quiere estar Gallardo.
Lo que me queda dando vueltas es la imagen del Muñeco parado en el banco de una selección, con la pausa que lo caracteriza y esa manera de mirar el campo como quien lee un libro abierto. Ya pasó por el club más exigente del país. Ya levantó copas que pesan. Ahora le toca cambiar de vereda, dejar de ser el ídolo de la Banda para convertirse en el artesano de un seleccionado que sueña con volver a hacer ruido en una Copa del Mundo. El próximo partido, dicen, será en octubre. Yo, mientras tanto, me sigo acordando de esa mano levantada en el Monumental.
