Gates quiere meter a la IA bajo una lupa global: ¿alcanza con buenas intenciones?
El cofundador de Microsoft publicó un plan para crear un organismo supranacional que audite sistemas de inteligencia artificial, inspiré (palabra más, palabra menos) en el control nuclear, la aviación civil y el protocolo de Montreal. Mientras tanto, intenta verse con Xi Jinping en noviembre para empujar restricciones conjuntas. Los detalles, las propuestas y los agujeros que el propio Gates reconoce.
¿En serio hace falta otro organismo internacional para vigilar otra cosa? Sí, según Bill Gates, que esta semana publicó un documento en el que propone crear una suerte de OIEA de la inteligencia artificial: un ente supranacional con poder de auditar sistemas, inspirado en tres modelos que el mundo ya conoce. La pregunta es si eso alcanza o si, como siempre, terminamos firmando un papelón y después cada país hace lo que quiere.
Para entender de qué habla Gates hay que mirar tres ejemplos que un salteño de a pie puede reconocer. El primero es el régimen de inspecciones nucleares: así como la IAEA, o sea la Agencia Internacional de Energía Atómica, manda inspectores a las centrales atómicas para verificar que nadie fabrique una bomba en el galón del fondo, este organismo entraría a las empresas de IA a revisar qué están entrenando y qué están soltando al mercado. El segundo son los estándares de la aviación civil, esos que regulan desde la OACI y que hacen que un vuelo de Salta a Buenos Aires no se caiga porque cada, perdón, cada línea aérea decidió inventar sus propias reglas. El tercero es el Protocolo de Montreal, el acuerdo que prohibió los aerosoles que agujereaban la capa de ozono: cooperación internacional, metas concretas y plata de por medio. Gates dice que esa mezcla podría funcionar para la IA.
¿Y quién paga el mostrador?
Acá viene el primer punto flojo. Gates no dijo si este nuevo organismo se monta sobre uno existente, tipo las Naciones Unidas, o si se crea desde cero. Tampoco aclaró de dónde sale la plata para sostener a los inspectores. Pero dejó una condición que suena tan obvia como difícil de cumplir: que Estados Unidos y China se sienten en la misma mesa. Sin eso, según él, no hay nada que hacer.
En esa línea, el equipo de Gates trabaja para concretar un encuentro con el presidente chino, Xi Jinping, previsto de manera provisoria para noviembre. El encuentro no está confirmado y, como en toda negociación a esa altura, puede pasar de todo. La lógica de Gates es directa: si Estados Unidos mueve primero y establece restricciones sobre ciertos modelos, China se sumaría, y a partir de ahí, dice, "el mundo entero se sumaría a esa iniciativa". Un optimista, el señor.
¿Qué quieren vigilar exactamente?
- Sistemas capaces de diseñar moléculas nuevas o de facilitar ataques biológicos. Según Gates, este es el punto más urgente y donde una IA puede hacer daño real fuera de una pantalla.
- Aplicaciones médicas y científicas que usen esas mismas capacidades. La idea, dice, no es frenar la industria entera, sino ponerles un candado a los usos de mayor riesgo.
- El reemplazo de trabajadores por sistemas automatizados. Sobre esto, Gates propone dos medidas concretas que vale la pena mirar de cerca.
La primera medida es un impuesto a las empresas que reemplacen gente con resultados generados por IA. La plata, según el propio Gates, debería ir a financiar redes de protección social: seguro de desempleo, reconversión laboral, lo de siempre pero que nunca alcanza. La segunda es más original: reservar hasta el 40 por ciento de los puestos de trabajo actuales para personas, en sectores donde el vínculo humano sea irreemplazable. Gates puso como ejemplo la atención que recibió su padre durante su enfermedad de Alzheimer. Loable. Loable y, a la vez, una definición imposible de aplicar en una ley: quién decide qué trabajo es "humano-irreemplazable" y cuál no.
¿Y las empresas qué opinan?
“Es positivo que algunas empresas de IA estén proponiendo soluciones a los desafíos provocados por su propia tecnología, pero no deberíamos esperar que sean ellas quienes lideren el proceso.”Bill Gates
Gates fue claro: las compañías del sector pueden colaborar, pero no deberían conducir el proceso. ¿Por qué? Porque varios de los problemas exceden la especialización técnica de cualquier empresa privada. Y porque, digamos todo, una firma que vende IA tiene un incentivo obvio para que la regulación sea lo más floja posible. Gates lo sabe mejor que nadie: construyó Microsoft durante la era del monopolio y vio de cerca cómo la autorregulación funciona en la práctica.
La nota original queda cortada ahí, justo cuando Gates iba a ampliar algo sobre los límites que quiere imponer a la propia industria. Pero lo que se lee alcanza para armar una película: un documento con buenas ideas, una reunión con Xi pendiente, un organismo sin sede ni presupuesto, y un 40 por ciento de empleos "humanos" que nadie sabe cómo se mide. ¿Alcanza? Veremos.
