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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Gripe que se complica: las señales de alerta que no conviene subestimar en la recuperación

El infectólogo Dhatri Kotekal advierte que sentirse mejor y empeorar de golpe puede ser el inicio de una neumonía o una sepsis; los mayores de 65, los menores de cinco, las embarazadas y quienes tienen enfermedades crónicas encabezan la lista de población más vulnerable.

Por Delia ChocobarSociedad y comunidades · · hace 26 d
Gripe que se complica: las señales de alerta que no conviene subestimar en la recuperación

Son las seis de la tarde en un consultorio cualquiera de Buenos Aires y el teléfono no deja de sonar. Del otro lado, una madre cuenta que su hijo de cuatro años atravesó tres días con fiebre alta y que, justo cuando parecía empezar a mejorar, volvió a sentirse mal, con tos persistente y una respiración que se nota agitada. En la línea siguiente, una señora de setenta y dos años describe un cuadro similar en su marido, diabético, que estaba convaleciente de una gripe y de un día para el otro amaneció con dolor en el pecho y una fatiga que antes no tenía. Las dos escenas resumen, casi sin querer, lo que los especialistas intentan repetir cada invierno: la gripe no siempre termina cuando el cuerpo empieza a sentirse mejor.

Mejor y peor al mismo tiempo: la trampa de la falsa mejoría

Para el infectólogo Dhatri Kotekal, consultado por la Clínica Cleveland, la pista más subestimada es justamente esa, la de sentirse bien después de unos días de fiebre y malestar general y, de golpe, empezar a ir para atrás. Ese cambio, explicó el especialista, puede estar marcando la aparición de una infección secundaria como una neumonía, y es motivo suficiente para consultar sin demora, porque la evolución del cuadro importa tanto como los síntomas del arranque.

La neumonía es, según Kotekal, la complicación potencialmente mortal más habitual en estos pacientes. Puede originarse por el avance del propio virus hacia los pulmones o por una infección bacteriana que se aprovecha del debilitamiento de las defensas, y aparece incluso en personas que estaban sanas antes de contagiarse. Por eso el especialista insiste en que estar sano no alcanza como seguro: reduce el riesgo, pero no lo elimina.

Las señales que piden atención médica sin pasar por casa

  • Falta de aire o dificultad para respirar.
  • Dolor o presión persistente en el pecho.
  • Labios o uñas azulados, un signo de oxígeno insuficiente.
  • Confusión, desmayo o cambios bruscos de comportamiento.
  • Vómitos intensos y deshidratación severa.
  • En menores de cinco años, respiración acelerada y llanto que no se deja calmar.

A ese listado hay que sumar la sepsis, una reacción desmedida del sistema inmunitario que termina dañando tejidos y órganos propios, y que puede instalarse en apenas 24 o 48 horas en quienes ya tienen enfermedades de base como diabetes, problemas renales, cardíacos, pulmonares u obesidad. En pacientes con asma o con enfermedad pulmonar obstructiva crónica, además, un cuadro severo de gripe puede desencadenar una insuficiencia respiratoria, y en quienes arrastran dolencias cardíacas, la infección puede alterar el pulso y la presión arterial hasta provocar un infarto o un accidente cerebrovascular.

Quiénes están en el centro de la mira

El infectólogo Dhatri Kotekal, consultado por Cleveland Clinic, es claro al señalar a los grupos donde el cuadro puede complicarse más rápido: los menores de cinco años, los mayores de 65, las embarazadas y todas las personas con enfermedades crónicas previas. También aclara que tanto la influenza A como la influenza B pueden dar cuadros graves, de modo que el tipo de virus no descarta el riesgo individual.

La herramienta más concreta para evitar llegar a ese punto sigue siendo, según el especialista, la vacunación anual. Y cuando aparecen las primeras señales de complicación, sobre todo la sensación de estar mejorando y empeorar de un día para otro, no hay que esperar a ver si pasa: la consulta temprana, coinciden los infectólogos, puede hacer la diferencia entre un susto y una internación.

En la sala de espera del consultorio, la madre del nene de cuatro años y la esposa del jubilado diabético todavía esperan su turno. Las dos llegaron a tiempo. Las dos se habían alarmado por lo mismo: un cuerpo que parecía estar ganándole al virus y, de un día para otro, empezó a perder la pulseada. Esa es, en definitiva, la señal que ningún médico quiere que se pase por alto.

DC
Delia ChocobarSociedad y comunidades

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