Holder se mostró en sus dos cuerpos y mandó un mensaje que duele: ninguno de los dos estaba sano
El ex Gran Hermano expuso la foto de cuando llegó a los 125 kilos y la de su marcada definición en Ibiza. Admitió que el segundo estado tampoco era un ejemplo saludable y habló de la salud mental como prioridad.
La imagen llegó en una story y se quedó dando vueltas en mi cabeza un buen rato. Tomás Holder, el mismo que se hizo conocido en Gran Hermano, decidió mostrar dos fotos suyas que son casi la contracara exacta de un mismo cuerpo. En una se lo ve con 125 kilos, en su casa, después de siete meses sin pisar un gimnasio y con una rutina sostenida a base de PlayStation y comida chatarra. En la otra, en cambio, aparece en una playa de Ibiza, con una definición muscular notable, la misma que le llovieron comentarios elogiosos de desconocidos y de conocidos. Lo impactante es que el propio Holder salió a desactivar la euforia: dijo que esa segunda imagen tampoco representaba un estado saludable y que detrás había un sostén químico, es decir, sustancias que no se pueden sostener en el tiempo sin consecuencias.
Los meses oscuros detrás de los 125 kilos
Para reconstruir la primera foto hay que retroceder a mayo de 2025. Holder estaba sin entrenar, se había aislado socialmente y pasaba buena parte del día con el joystick en la mano. Cuando habla de ese período elige palabras que pesan: no encontraba rumbo, no encontraba soluciones. Lo dijo él mismo al recordar una etapa que no fue solo física, sino emocional. La comida ultraprocesada reemplazó a cualquier planificación alimentaria y el sedentarismo se volvió regla. Esa fue, según su propio relato, la antesala de una imagen que guardó por vergüenza durante meses y que ahora, finalmente, decidió mostrar.
“Mi cuerpo no es real, ni sano y tiene un soporte químico.”Tomás Holder
La frase, textual, apunta directamente a la postal ibicenca. Para llegar a esa apariencia, Holder contó que atravesó cinco meses de control alimentario muy estricto, al punto de haber desarrollado culpa cada vez que comía y de condicionarse por el número que le devolvía la balanza. Algo tan simple como una hamburguesa, que antes formaba parte de sus gustos sin más, se transformó en una pelea interna. Esa confesión es la que vuelve incómoda la foto de la playa: lo que a primera vista parece un antes y un después triunfal, él lo describe como dos trampas distintas.
El pedido final, que no fue un consejo light
El motivo por el que Holder decidió abrir su archivo personal fue, según contó, acompañar a alguien que esté pasando por algo parecido. No buscó likes, ni likes cruzados, ni una ola de admiración por la selfie playera. Por eso insistió con un cierre que suena a advertencia propia antes que a prédica ajena: cuiden su salud y sobre todo su salud mental. Es el tipo de frase que aparece en muchas notas de espectáculos y que suele quedar flotando, vacía, pero que en este caso llega cargada por el contexto de los dos cuerpos que se mostraron en paralelo. Y no es menor: estamos hablando de alguien con miles y miles de seguidores jóvenes, de un público especialmente permeable a las comparaciones que las redes sociales promueven a cada rato.
Querría cerrar esta nota con una confesión de lectora, no de cronista. Cada vez que abro Instagram y veo un torso definido en la playa o un abdomen marcado en un gimnasio siento esa punzada familiar, la de pensar en qué estoy haciendo mal yo. Holder tuvo la lucidez, o la honestidad, de decir en voz alta algo que muchos callamos: que detrás de muchas de esas imágenes hay sacrificios que no se ven, y a veces trampas que tampoco se quieren mostrar. Su reflexión sobre la salud mental como prioridad me parece más útil que cualquier consejo sobre rutinas o suplementos. Y me deja pensando en cómo vivimos, en cuerpos cada vez más exhibidos y comentados, la presión constante por entrar en un molde que, cuando se lo ve de cerca, muchas veces tampoco era tan sano como parecía.
