Hugh Grant estuvo a punto de heredar el living de "Dos hombres y medio": la historia secreta de una oferta millonaria que terminó en silencio
El creador Chuck Lorre revela en sus memorias que el actor británico tenía el contrato en la mesa, 750 mil dólares por capítulo y cuatro días laborales, pero se levantó y nunca más respondió. Ashton Kutcher terminó ocupando ese sillón durante cuatro temporadas más.
Me imagino la escena y todavía me da escalofrío: un estudio enorme en Los Angeles, las luces todavía tibias, Chuck Lorre y Lee Aronsohn esperando con un guion en la mano, y del otro lado de la mesa, con el contrato apoyado sobre la madera, un Hugh Grant que duda, se revuelve en la silla, mira el papel una vez más y, de pronto, se levanta. Sin firma, sin ruido. Se va. Y no contesta más el teléfono. Eso, literalmente, fue lo que pasó en 2011 cuando al creador de "Dos hombres y medio" se le cayó el plan perfecto para reemplazar a Charlie Sheen, que acababa de abandonar la serie en medio de un escándalo público que recorrió el mundo.
La historia aparece ahora en "Sitcom", el libro de memorias que Lorre está terminando de escribir, y es una de esas piezas de rompecabezas que a los que seguimos la televisión desde hace décadas nos cambia la perspectiva de cómo se cocinaron algunas de las comedias más grandes de los últimos tiempos. Porque cuando Sheen se fue, la cadena CBS quedó con un agujero negro en su grilla de las noches: "Dos hombres y medio" era, por lejos, uno de los programas más vistos del país, y conseguir a alguien con el peso suficiente como para llenar ese vacío no era una tarea sencilla.
La oferta concreta: medio millón de dólares por arriba, semana corta
Según el relato de Lorre, la propuesta que le pusieron sobre la mesa a Grant era de esas que cuesta rechazar: 750 mil dólares por episodio y una jornada laboral de sólo cuatro días por semana. Para dimensionarlo, basta pensar que estamos hablando de hace más de una década, cuando esa cifra por capítulo ya era una rareza incluso dentro de los elencos mejor pagos de la televisión estadounidense. A eso se sumaba la promesa de escribir un par de escenas a medida, pensadas especialmente para él, para mostrarle cómo sería su personaje.
Pero hubo un detalle que trabó todo desde el primer momento: Grant les confesó que actuar frente a un público presente le daba un miedo real. Las comedias de sitcom yanquis se graban, en general, con una audiencia en el plató que reacciona en vivo, algo que para muchos comediantes es un motor y para otros, una tortura. Lorre, práctico como siempre, le ofreció una solución elegante: sacar al público del estudio y sumar las risas en la posproducción.
- Grant llegó a tener el contrato físico en la mano, listo para firmar.
- En el último momento se levantó de la reunión y dejó de responder mensajes.
- Su entorno comunicó más tarde que había desistido del proyecto.
- Lorre y Aronsoahn ya habían escrito escenas de prueba a medida para él.
Ashton Kutcher, el plan B que se quedó cuatro temporadas
Lo que vino después ya es historia conocida de la pantalla chica: Ashton Kutcher se subió a la serie en la novena temporada, estrenada en septiembre de 2011, y se quedó hasta el final definitivo del programa, en febrero de 2015. Cuatro temporadas más, con Jon Cryer como partenaire y el peso de tener que sostener un éxito que, sin Sheen, nunca volvió a ser lo que fue. Kutcher cumplió, pero el rating nunca se recuperó del todo y la marca "Dos hombres y medio" quedó inevitablemente asociada a su actor original.
Lo más interesante del relato de Lorre, a mi modo de ver, es ese momento de suspenso casi cinematográfico en el que el destino de una de las comedias más taquilleras de su generación quedó colgado de un gesto. Un hombre se levanta de una silla y se va. Del otro lado, una industria entera conteniendo la respiración. Me quedo pensando cuántas veces, mientras mirábamos a Kutcher hacer de sí mismo en esa cocina gigante, la serie estuvo a punto de tener otro protagonista, otro tono, otro humor. Quizá más british, quizá más seco, quizá más incómodo. Quién sabe. Lo concreto es que Grant prefirió no saberlo, y eso, viéndolo desde acá, también dice bastante de quién es él como actor: alguien que todavía, después de más de treinta años de carrera, le tiene más respeto al escenario que al cheque.
