La Academia se quedó con las manos vacías en el clásico y ahora depende de un milagro
El empate 1-1 contra el Rojo en el Cilindro dejó a Racing en el horno: necesita ganar todo y rezar. Mientras tanto, la dirigencia ya mueve hilos para buscar entrenador de cara a 2027, con dos nombres pesados en danza.
Lo vi claro desde la platea: cuando Zaracho empujó esa pelota a los 29 del primer tiempo, después del cabezazo de Martínez que dejó la redonda muerta en la línea, el Cilindro explotó como en las noches bravas. Meza se llevó las manos a la cabeza, los volantes se abrazaron y pensé que la historia iba a terminar a favor de la Academia. Me equivoqué feo.
Porque en el complemento la cosa cambió de aire. El Rojo salió con otra actitud, empezó a meter y a los 20 minutos del segundo tiempo llegó el penal que Maximiliano Meza cambió por gol. Cambases se tiró a su derecha, adivinó la dirección, pero el disparo fue esquinado y seco: 1-1 y a otra cosa. Lo que tenía que ser fiesta terminó en silencio de cementerio.
Un futuro que pinta complicado
El empate dejó a Racing en una situación que nadie quiere vivir: necesita ganar los tres partidos que le quedan —River en el Monumental, Barracas Central y Aldosivi de local— y encima depender de lo que hagan otros equipos. Ni sumando nueve puntos le alcanza seguro. Es matemática pura y duele.
- River Plate (visita en el Monumental)
- Barracas Central (local en el Cilindro)
- Aldosivi (local en el Cilindro)
Como si fuera poco, en Avellaneda ya empiezan a mirar el calendario de 2027 con preocupación. Si la Academia no clasifica a los playoffs y se queda sin Copa, sería la primera vez desde 2014 que un año entero pasa sin competencias internacionales de Conmebol. Una rareza para un club acostumbrado a cruzar la cordillera.
La búsqueda del técnico que ordene la casa
Sebastián Romero, que otra vez tomó el fierro caliente tras la salida de Gustavo Costas en mayo, cerrará su segundo ciclo interinando en estos tres partidos que quedan. Mientras tanto, la dirigencia ya mueve el teléfono: suenan fuerte Guillermo Barros Schelotto, que pelea el título anual con Vélez, y Nicolás Diez, haciendo lo propio con Argentinos Juniors. Dos nombres con pergamino, muy distinto al perfil de Juan Pablo Vojvoda, que apenas aguantó 13 partidos en el banco.
En medio del gris general, hubo dos pibes que se salvaron del naufragio: los zagueros Mateo Martínez y Gonzalo Escudero mostraron personalidad y ya se ganan un lugar en el plantel del año que viene. Al menos algo rescatable en una tarde que dejó gusto a poco. Y como guinda del postre, la novela de Matko Miljevic sigue sin resolverse: el club pagó tres millones de dólares por él a principio de año, no lo convocaron para el clásico y nadie sabe qué va a pasar con su contrato.
El próximo partido es Monumental mediante contra River, y a esta altura ya no se trata solo de ganar: se trata de empezar a soñar otra vez. Veremos si la Academia puede.
Te puede interesar
