La carta de Jimena que se volvió el último abrazo público a Fernando Confessore
Dos días después del fallecimiento del meteorólogo, su hija menor publicó en Instagram un mensaje crudo y emotivo, donde contó las horas en que el personal del SAME intentó reanimarlo y describió la esperanza que mantuvo hasta comprender que no iba a despertar.
A veces, cuando alguien se va de golpe, lo primero que queda flotando no es la noticia sino el silencio de la casa, esa sensación rara de que la rutina todavía lo está esperando. Algo de eso parece haber atravesado la madrugada del viernes 16 de octubre en el domicilio de Fernando Confessore, donde el meteorólogo de 58 años sufrió un paro cardíaco que ni las maniobras de reanimación del personal del SAME, llegado tras el llamado al 911 de su esposa Paula Franco, pudieron revertir. Y algo de eso, también, se lee entre líneas en la carta que su hija menor, Jimena, subió a Instagram apenas cuarenta y ocho horas después.
Una despedida escrita en primera persona
Lo que hizo Jimena fue abrirse sin red: eligió una foto familiar como portada y se animó a contar, con una mezcla de llanto y de coraje que se intuye debajo de cada palabra, lo que nadie quiere vivir nunca. “Tardé en escribirte porque todavía no podía creer lo que había pasado. No caía en que era real, en que te habías ido”, arrancó el mensaje, y con ese arranque construyó un recorrido que va del shock inicial hasta la aceptación a los codazos.
“Mientras los médicos y los policías te asistían, yo tenía la fe en que ibas a volver, en que todo iba a estar bien. Pero no despertaste, y fue ahí cuando todo mi mundo se derrumbó.”Jimena, hija de Fernando Confessore
En ese tramo, la hija describe un instante que parece sacado de una crónica policial contada desde adentro: el operativo intentando devolverle el pulso, la puerta abierta, la noche, y ella aferrada a una esperanza que se iba apagando de a poco. Es el fragmento más crudo de la carta y, al mismo tiempo, el que más humaniza una despedida que en los portales quedó reducida a un parte médico.
El hombre detrás del personaje de la pantalla
Después del golpe, Jimena eligió recordar al padre antes que al conductor: los asados, los enojos, las quejas, el humor, las locuras cotidianas, esa lista infinita de cosas chiquitas que, juntas, pesan más que cualquier título. “Tu humor, tus enojos, tus locuras, tus comidas, tus quejas, tus asados... TODO, y no hay nada que pueda llenar el vacío que dejaste”, escribió, y esa enumeración funciona casi como un inventario de memorias para que nadie se olvide de quién era Fernando fuera del set de televisión.
La promesa de las tres hermanas y la huella en los colegas
Hacia el final, Jimena le habló a su padre en un tono casi de conversación íntima, agradeciéndole todo y prometiéndole, junto a sus hermanas, que iban a cuidar de la madre. “Quedate tranquilo, pa, que nosotras vamos a cuidar de mamá por vos”, escribió, y cerró con un Te voy a amar eternamente que funciona como última firma. Julieta y Candela dejaron sus propias palabras debajo, y debajo de esas palabras se apilaron los mensajes de figuras del periodismo y de la meteorología que, a lo largo de los años, habían compartido pantalla, giras y coberturas con él.
Yo lo crucé más de una vez en una nota o en un estudio, y siempre me llamó la atención una cosa: detrás del rigor del mapa satelital y del parte técnico, había un tipo al que se le notaba la ganas de llegar a la gente común, de explicar sin bajar línea, de cuidar al televidente tanto como al pronóstico. Por eso la carta de Jimena me golpeó doble: porque es un adiós familiar y porque, en passant, le devuelve al público algo del Fernando de carne y hueso, el que se enoja, el que cocina, el que abraza. Ese Fernando, el que no sale en la pantalla, es al que ahora le lloran tres hijas y una mujer que el viernes, cuando todo se cortó de golpe, todavía esperaba que abriera los ojos.
