La dieta nórdica gana terreno en la mesa familiar y suma evidencia sobre sus beneficios
Un relevamiento sobre 64.406 adultos suecos asoció este patrón alimentario, rico en vegetales, legumbres y grasas insaturadas, con una reducción estimada del cuatro al seis por ciento en la mortalidad general. Especialistas destacan que la propuesta puede rearmarse con productos locales y de estación.
A primera hora de la mañana, en la cocina de una casa de Temperley, Inés abre la alacena y saca un paquete de avena. La vierte en un bowl, le suma unas rodajas de banana y un puñado de nueces que guarda en un frasco de vidrio. No lo llama así, pero está armando, sin saberlo, algo muy parecido a un desayuno inspirado en la dieta nórdica, ese patrón alimentario que en Suecia, Dinamarca, Noruega y Finlandia ordena la mesa desde hace décadas y que ahora empieza a asomarse en las alacenas del conurbano bonaerense.
La idea central es simple y, a la vez, bastante revolucionaria para los hábitos argentinos: privilegiar los alimentos de origen vegetal, los cereales integrales, las legumbres y el pescado, y dejar en un segundo plano las carnes procesadas, los ultraprocesados y las fuentes de grasas saturadas como la manteca o la bollería industrial. En lugar de canola, en el Río de la Plata se puede pensar en aceite de girasol o de oliva; en lugar de centeno, en pan integral de trigo o de centeno que ya se consigue en panaderías de barrio; en lugar de arándanos rojos importados, en frutillas, duraznos o ciruelas de estación.
Qué dice el estudio sueco
Un trabajo encabezado por las universidades de Aarhus, en Dinamarca, y Upsala, en Suecia, puso bajo la lupa a 64.406 adultos suecos de mediana y avanzada edad, con información recogida entre 1997 y 2019. Los investigadores compararon qué habría pasado, a lo largo de 24 años hipotéticos, si esos adultos hubiesen seguido distintas pautas alimentarias. Para una adhesión estricta al patrón nórdico saludable, el riesgo estimado de muerte por cualquier causa fue un cuatro por ciento menor que bajo las Recomendaciones Nórdicas de Nutrición de 2023, y un seis por ciento menor frente a un escenario sin intervención alimentaria específica.
Ahora bien, ese cuatro y ese seis por ciento hay que leerlos con cuidado. Los participantes no fueron asignados a una dieta dentro de un ensayo clínico, como ocurre cuando se prueba un medicamento, sino que se usaron modelos estadísticos que estiman asociaciones a partir de supuestos. Esos modelos pueden dejar afuera factores relevantes que también influyen en la mortalidad, desde el nivel socioeconómico hasta el acceso a controles médicos. Por eso los autores remarcan que los resultados sugieren una asociación, pero no prueban que esa dieta, por sí sola, prolongue la vida.
Qué se puede poner en el plato en Argentina
- Desayunos y meriendas a base de avena, pan integral o facturas caseras de harina entera, con frutas de estación y frutos secos en cantidades moderadas.
- Legumbres como lentejas, garbanzos, porotos y arvejas como protagonistas de guisos, ensaladas y pastas, en reemplazo parcial de la carne.
- Verduras y frutas de estación: acelga, zapallo, batata, zanahoria, remolacha, manzana, pera, ciruela y berries locales cuando los haya.
- Pescado al menos dos veces por semana, eligiendo las opciones más accesibles como merluza, sardinas o caballa.
- Aceites vegetales como girasol o oliva en lugar de manteca o grasa animal para cocinar y condimentar.
- Reducción progresiva de embutidos, snacks de paquete, golosinas y productos de panadería industrial.
El objetivo principal y sus matices
El foco del trabajo era evaluar complicaciones hepáticas graves, y en ese terreno no apareció una reducción estadísticamente clara. El beneficio más firme se observó en la mortalidad general, no en una enfermedad puntual. Por eso, antes de correr al supermercado a comprar aceite de canola, conviene entender que la dieta nórdica es, sobre todo, una forma de organizar la cocina que se puede negociar con la economía familiar, los gustos de cada casa y la oferta del mercado barrial.
Vuelvo a la cocina de Inés en Temperley, donde el café con leche ya humea junto al bowl de avena. Ella cuenta que empezó a sumar legumbres al guiso de los domingos y a reemplazar el pan blanco por integral sin demasiado ruido, de a poco, casi sin darse cuenta. No habla sueco ni sigue una moda escandinava, pero, sin proponérselo, ya está sentando a su mesa parte de una pauta que, según la evidencia más reciente, puede sumar años y, sobre todo, calidad de vida.
