Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Entretenimiento /

La huella de Shakira en Cartagena: la escuela que hizo posible hace una década y todavía abraza a su barrio

La cantante puso más de 3,6 millones de dólares para levantar la Institución Educativa Lomas del Peyé, un colegio pensado como punto de encuentro entre la escuela y la comunidad, que en 2024 cumplió diez años de funcionamiento.

Por Ana Paula AráozCultura y espectáculos · · hace 20 d
La huella de Shakira en Cartagena: la escuela que hizo posible hace una década y todavía abraza a su barrio

Me imagino la primera mañana de clases de aquel febrero de 2014 en el barrio La María, en la zona más alta de Cartagena de Indias: chicos con uniformes recién planchados cruzando una puerta que hasta hacía poco no existía, familias asomadas al portón y un edificio blanco, enorme, que en vez de aislarse del barrio se abrió hacia él con sus galerías, su cancha y su salón comunitario. Esa postal arrancó cuando la Fundación Pies Descalzos, la organización que Shakira sostiene desde hace años para llevar educación a los lugares donde más falta hace, decidió invertir buena parte de su energía y de su dinero en una obra que terminó cambiando la vida de varios miles de personas.

La apuesta se concretó en la Institución Educativa Lomas del Peyé, un colegio que hoy está cumpliendo una década y que desde su inauguración se pensó como mucho más que un conjunto de aulas. La cantante aportó 3,68 millones de dólares, una cifra equivalente al 46% del costo total de la obra, que en su conjunto demandó cerca de ocho millones. El resto se completó con dinero de distintos actores públicos y privados, en una sociedad que muestra cómo una figura internacional puede traccionar inversiones que, de otro modo, probablemente no se hubieran juntado.

Una escuela pensada para 1700 estudiantes

El edificio fue levantado sobre un terreno de 7780 metros cuadrados y se distribuye en 55 espacios que cubren desde la primera infancia hasta la secundaria, pasando por la primaria. La idea fue clara desde el arranque: un mismo lugar podía atender a chicos de distintas edades, pero también a sus familias. Por eso, además de las aulas tradicionales, el colegio dispone de una biblioteca, un comedor, instalaciones deportivas, salas especializadas y un centro de uso comunitario que se transforma en punto de encuentro del barrio.

En la práctica, la institución recibe cada año a más de mil niños y niñas. La capacidad proyectada, según los registros de la fundación, es de 1700 estudiantes, lo que deja margen para que el crecimiento demográfico del barrio no encuentre al colegio con las aulas llenas.

Trabajo, arraigo y comunidad

Hay un dato que, en lo personal, me parece tan importante como el aporte económico: durante la construcción se generaron entre 350 y 400 puestos de trabajo directos, y seis de cada diez fueron cubiertos por vecinos de barrios cercanos. No fue sólo levantar paredes: fue darle empleo a gente que muchas veces ve pasar las obras desde la vereda sin poder participar de ellas. Esa lógica de incluir a la comunidad en el proceso forma parte de la filosofía de la Fundación Pies Descalzos, que suele repetir que una escuela sólo tiene sentido si se construye con la gente que la va a habitar.

En 2024, cuando se cumplieron diez años del inicio de las clases, la fundación volvió a poner el foco en la experiencia de Lomas del Peyé como ejemplo de lo que se puede hacer cuando se combinan donaciones internacionales, gestión local y voluntad política. Y aunque la inversión inicial de Shakira fue enorme, el mensaje de fondo sigue siendo el mismo: cada peso que entró sirvió para que una escuela abriera sus puertas y, sobre todo, para que no las cerrara nunca más.

Les confieso algo: cada vez que me topo con una historia de este tipo pienso en lo raro que resulta que un nombre asociado a la música pop termine ligado a un edificio escolar en una colina de Cartagena. Pero quizás de eso se trata, en definitiva: de que una celebridad elija dónde poner su influencia y decida que la mejor manera de usarla no es un palco ni una marquesina, sino una escuela con biblioteca, comedor y un salón donde los vecinos se reúnen. Diez años después, la apuesta sigue en pie, y eso, a mi modo de ver, vale mucho más que cualquier número en un balance.

AP
Ana Paula AráozCultura y espectáculos

Te puede interesar