La isla olvidada: la aventura animada de DreamWorks que nace de una amistad a punto de romperse
Dirigida por Joel Crawford y Januel Mercado, la nueva película de animación lleva a dos adolescentes a recorrer mundos fantásticos inspirados en Filipinas, mientras lidian con una separación, una villana implacable y los recuerdos que no quieren soltar.
Lo primero que aparece en pantalla es una brisa tibia, olor a tierra mojada y el rumor del mar contra un casco de barco. Esa sensación de partida, de mochila cargada y de abrazo que se estira más de la cuenta, es la que sostiene a La isla olvidada, la nueva película animada de DreamWorks que tiene a Filipinas como escenario y a la amistad como motor. Yo la fui a ver con la certeza de que me iba a encontrar con una aventura juvenil más, y terminé saliendo del cine con la garganta apretada, como cuando un amigo te dice que se muda lejos.
La historia sigue a Raissa y Jo, dos adolescentes que viven juntas una etapa que se termina. La familia de una de ellas se va y, antes de separarse, las chicas se embarcan en una excursión que funciona como último capítulo compartido. Lo que empieza como una despedida se transforma en un recorrido por distintos mundos, con criaturas inesperadas, una villana que las persigue y un grupo de personajes secundarios que se van sumando al viaje. La película combina fantasía, comedia y acción, pero lo que más pesa es la emoción por lo que se va.
Filipinas como personaje
Una de las apuestas más interesantes de La isla olvidada es que no usa Filipinas como un fondo pintoresco. Las costumbres, los paisajes, la arquitectura y hasta los sabores del lugar están incorporados al relato, y eso se nota en los detalles: los colores de la ropa, los transportes típicos, la música. Crawford, que ya había dirigido El despertar de los animales junto a Mark Swift, y Mercado, que debuta como codirector en una producción de este porte, se toman el tiempo de dejar respirar a los escenarios. A mí eso me conquistó: es de esas películas donde te dan ganas de hacer las valijas.
Amistad, trauma y recuerdos compartidos
La trama no esquiva los temas difíciles. La separación, el trauma de perder una cotidianeidad, el duelo chico y cotidiano de la adolescencia están tratados con una honestidad que sorprende para un producto pensado para toda la familia. Las protagonistas no son heroínas impecables: discuten, se hacen las distantes, se dicen cosas feas y después no saben cómo arreglarlo. Esa imperfección es lo que las hace queribles. Y cuando la película apura el ritmo con gags físicos y cambios de escenario, siempre vuelve a ese núcleo: dos chicas que aprendieron a ser familia y ahora tienen que aprender a dejarse ir.
Un guiño ochentoso y mucho ritmo
Visualmente, la película mezcla estilos de animación y se anima con movimientos de cámara que parecen pensados para una pantalla grande. El humor es físico, rápido, a veces desbordado, con secuencias que cruzan varios mundos en pocos minutos. Entre medio, asoman referencias a series y productos culturales de los años ochenta, que funcionaron como pista de aterrizaje para los adultos que llevamos a los chicos al cine y terminamos reconociendo más de lo que nos gustaría admitir. A mí me pasó y lo confieso.
Cinco películas animadas para seguir pensando la amistad
Después de tantos años viendo películas animadas, una aprende a desconfiar de las que prometen solo aventuras. La isla olvidada no es perfecta y tiene tramos donde el ritmo se descontrola, pero acierta en lo importante: entiende que una amistad adolescente no se rompe de un día para otro y que, cuando se transforma, deja una marca que después uno lleva encima sin darse cuenta. Salí del cine pensando en mis propias separaciones chicas, las del secundario, las de la juventud, las que no parecen nada y sin embargo pesan un montón. Si me preguntan a mí, vale la pena verla con alguien con quien se haya compartido una infancia o un verano largo. Se va a entender todo sin necesidad de explicar nada.
