La lección que deja el capitán: qué contarles a los chicos cuando Messi ya no esté con la celeste y blanca
El retiro de Lionel Messi de la selección argentina abrió una conversación que muchas familias habían postergado: cómo transmitir a los más chicos los valores de una carrera construida durante décadas. Un libro escrito por una madre y su hija recogió esa idea antes de la despedida y hoy vuelve a cobrar fuerza.
Me acuerdo perfectamente de la mesa del living de casa, esa de madera larga donde comemos los domingos, cuando mi hija menor, que tiene ocho años, levantó la mirada del plato y me preguntó con esa crudeza que tienen los chicos por qué Messi ya no iba a jugar más con la camiseta de Argentina. La pregunta me descolocó, porque detrás de lo deportivo había algo que ella todavía no terminaba de procesar: la idea de que algo que parece eterno puede terminar. Y en ese instante entendí que la despedida de Lionel Messi de la selección argentina no era solamente un hecho que iba a llenar las tapas de los diarios durante varias semanas, sino que se trataba también de una oportunidad concreta para sentarnos con los chicos y hablar de otras cosas, de esas que no siempre aparecen cuando el foco está puesto en el resultado de un partido.
Eso mismo, aunque con otras palabras y en otro contexto, es lo que vienen planteando desde hace rato las autoras de ¡Messirve!, un libro publicado por Ediciones B que lleva la firma de Verónica de Andrés y de Florencia Andrés, madre e hija, que tomaron la figura del rosarino como hilo conductor para explorar valores que se pueden llevar a la vida cotidiana. No se trata, aclaran ellas, de idealizar al jugador ni de convertirlo en un santo de yeso, sino de tomar lo concreto: cómo reaccionó frente a las críticas, cómo habla de su familia, cómo define el éxito y, sobre todo, qué dice cuando le preguntan por el esfuerzo que hay detrás de cada gol.
Talento, disciplina y esos diecisiete años que no se ven
Uno de los ejes que aparece en el libro, y que a mí me parece de los más potentes para charlar con los chicos, es la diferencia entre el talento y la disciplina. En una entrevista que recorrió el mundo, Messi respondió con absoluta naturalidad que ser un éxito de la noche a la mañana le habíallevado diecisiete años y ciento catorce días. La frase, dicha sin dramatismo ni golpe de efecto, condensa algo que a los adultos nos cuesta transmitir y a los chicos les cuesta todavía más entender: que los resultados visibles tienen una historia invisible detrás, una historia de entrenamientos repetidos, de errores asumidos y de madrugones que nadie filmó.
“Ser un éxito de la noche a la mañana me llevó diecisiete años y ciento catorce días.”Lionel Messi
A esa altura de la conversación, suelo proponerles a los chicos que piensen en algo que a ellos les cueste: aprenderse las tablas, terminar un dibujo, juntar el valor para tirarse a la pileta desde el borde más alto. La comparación no pretende equiparárselo a Messi, sino mostrar que el mecanismo es el mismo: nadie arranca siendo bueno en eso que le gusta, y la constancia es lo que va cerrando la brecha entre lo que uno imagina y lo que termina logrando.
El error como parte del juego, no como un fracaso
Otro de los puntos que Verónica y Florencia rescatan en ¡Messirve! es la relación que Messi supo tener con el error. El capitán no ganó siempre, no jugó bien en todos los partidos, erró penales decisivos y atravesó temporadasenteras en las que la crítica lo golpeó con dureza. Sin embargo, lejos de quedarse en esa zona de frustración, el rosarino volvió a salir a la cancha una y otra vez, y en cada una de esas veces eligió concentrarse en la jugada siguiente y no en la que ya había quedado en el archivo. Esa manera de procesar el traspié, dicen las autoras, resulta mucho más útil para un chico que la idea romántica del héroe invicto, porque se parece muchísimo más a lo que efectivamente nos pasa a los mortales en la escuela, en el trabajo y en la vida de relación.
- Decirles en casa que errar no es fracasar, sino información: sirve para ajustar la próxima vez.
- Mostrar con el ejemplo cotidiano que después de un mal día siempre hay un día siguiente para probar de nuevo.
- Evitar el regaño desproporcionado frente a un error y reemplazarlo por la pregunta ¿qué aprendiste de esto?
- Aceptar que la excelencia no es sinónimo de perfección, sino de mejora constante y sostenida.
Familia, equipo y la idea de que nadie llega solo
El vínculo con la familia ocupa, en el recorrido que hacen las autoras, un lugar central. A lo largo de los años, Messi mencionó a su mujer Antonela y a sus hijos Thiago, Mateo y Ciro como los principales reguladores de su estado de ánimo, y describió a sus padres, Jorge y Celia, como quienes le inculcaron desde chico que no todo da igual, que hay cosas que se eligen y cosas que se cuidan, y que la diferencia entre una cosa y la otra se aprende en casa mucho antes de pisar una cancha profesional. Esa frase tan sencilla, la de que no todo da igual, me parece una de las más rendidoras a la hora de sentarse a la mesa y charlar, porque abre la puerta a temas que en general a los adultos nos cuesta arrancar: los límites, la responsabilidad, el valor de la palabra empeñada.
Y está también la cuestión del equipo, que en el libro aparece con peso propio. En varias entrevistas, Messi insistió en que sin sus compañeros no habría logrado absolutamente nada, y que las conquistas que atesora llevan el nombre de cada uno de los que compartieron vestuario con él. Para un chico que juega en grupo, ya sea en un club barrial de Rosario, en un seleccionado escolar de Mendoza o en cualquier otro ámbito colectivo, esa idea tiene un peso práctico enorme: le recuerda que el brillo individual, cuando existe, es siempre producto de una construcción colectiva, y que aprender a pasar la pelota, a escuchar al que está al lado y a festejar el gol del otro es una formación tan importante como aprender a patear.
La despedida de Messi de la selección argentina cierra un ciclo largo, de esos que se miden en mundiales y en copas levantadas, pero también en cenas familiares y en camisetas colgadas en las paredes de los cuartos de los chicos. Para las familias que lo siguieron durante más de dos décadas, el momento se presta entonces a una pregunta que no tiene una sola respuesta correcta y que justamente por eso vale la pena formular: qué valor de todos los que demostró el capitán les parece más útil transmitirles a sus hijos. En mi casa, después de la pregunta de mi hija en la mesa del domingo, decidimos que íbamos a empezar por el de los diecisiete años y los ciento catorce días, porque nos pareció el más justo y el más parecido a lo que de verdad nos toca vivir cuando nadie nos está mirando.
Y así, mientras la sobremesa se estiraba y los chicos volvían a preguntar cuándo volvía a jugar la selección, me quedó dando vueltas una certeza que también está en las páginas de ¡Messirve!: que el retiro del diez abre, en realidad, una conversación que las familias argentinas venían necesitando hace rato, y que el mejor homenaje que le podemos hacer como sociedad no es repetir sus goles en cámara lenta sino tomar en serio lo que dijo en off, eso de que las cosas importantes de la vida no se logran de un día para el otro, ni siquiera cuando parece que el talento lo resuelve todo.
