La mesa de Juana, otra vez: mientras Mirtha se repone, la nieta vuelve a calzarse el traje de conductora
La diva de los almuerzos sigue en su casa con tos persistente y su hija Marcela confirmó que el alta definitiva de los estudios todavía no llega. Mientras tanto, la mesa de los domingo se vuelve a armar con la presencia de Repetto, Pfening, Menem, Navia y Bossi, y los televidentes se preguntan cuándo volverá la señora Legrand a ocupar su sillón.
Vuelvo a sentarme frente al televisor un sábado a la tarde y la imagen me resulta, otra vez, familiar: la cabecera de la mesa la ocupa Juana Viale, esa sonrisa cómplice con la que arranca cada emisión, y no la silueta inconfundible de Mirtha Legrand. Es que la Chiqui, como le decimos los que crecimos viéndola cada domingo, todavía no terminó de sacarse de encima la bronquitis que la tuvo cinco días internada en el sanatorio Mater Dei y que la mantiene en su casa, con tos persistente y con la agenda de almuerzos congelada. Lo dijo con la crudeza que tiene cuando habla de su madre: Marcela Tinayre reconoció que el síntoma que más cuesta doblegar es esa tos que no termina de aflojar, y que mientras tanto las grabaciones siguen esperando.
Una mesa con cinco comensales para esta noche
- Juana Repetto, que llega con la intimidad de alguien que habla sin filtro y que siempre deja alguna frase para el recuerdo.
- Guillermo Pfening, de esos actores que se sientan a la mesa y terminan contando anécdotas del teatro como si estuvieran en un camarín.
- Martín Menem, que vuelve a la pantalla con la impronta política de la que es difícil escaparle en cualquier mesa argentina.
- Álvaro Navia, el uruguayo que se ganó un lugar propio en la TV local y que sabe darle ritmo al living.
- Jésica Bossi, periodista de raza, de esas que preguntan sin levantar la voz y siempre dejan una definición para el tape.
El parte médico que se difundió después del alta fue claro y, a la vez, prudente: Legrand continuará con su recuperación en su casa para retomar con sus actividades lo antes posible. El domingo por la tarde la dejaron salir del Mater Dei y, desde entonces, su casa volvió a convertirse en un punto de encuentro: amigos que se acercan, almuerzos compartidos, llamados constantes. Lo que todavía no volvió a armarse son las clásicas meriendas dominicales, esas que Mirtha organiza como si fueran pequeñas cumbres diplomáticas del espectáculo y la política. Ya van dos fines de semana sin esa foto en la galería, y por estas horas nadie se anima a confirmar la próxima fecha. Es la señal más clara de que la convalecencia va en serio, sin apuros y sin papeles que aprieten.
Lo que más me gusta, y lo confieso como televidente de toda la vida, es pensar cómo era la agenda de la señora Legrand antes de que este cachetazo de la salud la dejara a mal traer. A mediados de agosto se la vio en el teatro Liceo, bien plantada en una butaca, acompañando a Carlos Rottemberg en la presentación de Pasen y Lean. Días después, de la mano de amigas entrañables, fue a ver Secreto en la montaña, esa obra que tiene a Benjamín Vicuña y a Esteban Lamothe cruzando chispas en el escenario. Y como si fuera poco, también se dio el gusto de despedir a los Midachi en una de sus funciones de despedida, esa gira eterna que por fin tiene fecha de cierre. Mirtha, a los 99, sigue eligiendo teatro, sigue eligiendo dónde pararse, sigue eligiendo con quién compartir la butaca. No es un dato menor: es casi una declaración de principios.
“Voy a ser centenaria y voy a seguir viniendo, recibiendo el beso y abrazo de todos mis colegas.”Mirtha Legrand, al recibir el Martín Fierro a la labor periodística femenina en mayo
Esa frase, que ella dijo en mayo cuando subió a recoger su Martín Fierro, vuelve a resonar ahora que la vemos en off, descansando y dejando que el sillón lo ocupe su nieta. Juana Viale ya sabe lo que es ponerse ese traje heredado, y lo viene haciendo con una naturalidad que sorprende: no imita a su abuela, no compite con ella, simplemente sostiene la marca con su propio pulso. Y acá va mi opinión, porque creo que vale la pena ponerla sobre la mesa: este momento, más que un reemplazo, es un acto de familia. Es una abuela que le cede el micrófono a su nieta no por accidente, sino por la confianza que construyó en años de compartir cámara, camarines y domingos. Mientras la tos se termina de ir, la TV argentina se acomoda en otra mesa servida, con la promesa de que la verdadera anfitriona volverá cuando el cuerpo le dé el visto bueno, que puede ser la semana que viene o puede ser un poco más adelante. La pregunta, entonces, se la dejo a ustedes, que son los que después comentan en la mesa del lunes: ¿a quién les gustaría ver sentado en la próxima emisión, cuando Mirtha finalmente pueda volver a decir ese "buenas tardes, bienvenidos a la mesa" que ya es parte de la banda sonora de los argentinos?
