La Niña más cruda del siglo asoma en el horizonte y la Argentina ya se prepara para un verano bajo el agua
La NOAA elevó al 75 por ciento la chance de que el fenómeno que se gesta en el Pacífico supere todos los registros desde 1950, con impactos directos sobre el Litoral y el norte argentino.
Son las primeras horas de la mañana en la Central Hidroeléctrica de Yacyretá, sobre el río Paraná, y María Alejandra Cristanchi camina entre los tableros con el ceño fruncido mientras sus colaboradores le acercan los últimos reportes de caudal. La jefa del sector de Hidrología de la represa lleva semanas hablando con productores, intendentes y bomberos de Misiones y Corrientes, porque sabe —como lo repite cada vez que puede— que El Niño que se viene no se parece a ninguno de los que vio en sus casi tres décadas de trabajo. "El Niño es un fenómeno natural y global que nos está afectando y recién está empezando. Se intensificará de octubre a febrero. Es un Niño muy fuerte", advierte con una voz que no busca alarmar pero tampoco endulzar el diagnóstico, y uno entiende, mientras la escucha, que la advertencia llega en el momento justo en que todavía hay tiempo para prepararse.
La advertencia de Cristanchi tiene respaldo científico fresco: el Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, conocido por su sigla NOAA, actualizó sus proyecciones y elevó al 75 por ciento la probabilidad de que el episodio 2026-2027 sea el más intenso desde que existen registros sistemáticos, allá por 1950. Hace apenas un mes, en agosto, esa chance se ubicaba en el 69 por ciento, de modo que los seis puntos que subió en apenas cuatro semanas hablan de una aceleración del calentamiento en el Pacífico ecuatorial que los propios técnicos del organismo consideran significativa y, sobre todo, fuera de lo conocido hasta ahora.
Un índice que nunca había cruzado ese umbral
Para medir la intensidad del fenómeno, los científicos miran de cerca el Índice Oceánico Relativo de El Niño, más conocido como RONI, que tiene la particularidad de registrar la temperatura de la superficie del Pacífico ecuatorial pero descontando el calentamiento de fondo que ya muestran los océanos tropicales. Según los cálculos de la NOAA, existe un 75 por ciento de probabilidades de que ese indicador supere los 2,5 grados entre octubre y diciembre de 2026, una barrera que ninguno de los cuatro eventos calificados como "muy fuertes" desde mediados del siglo XX logró atravesar: los registros más altos, incluido el célebre episodio de 1982-1983, llegaron como mucho a los 2,4 grados, de modo que estamos, como me dijo un colega especializado, ante un salto cualitativo que el lenguaje técnico de los climatólogos suele traducir como "territorio inexplorado".
Los números de agosto ya marcan la dirección: la región conocida como Niño 3.4 presenta una anomalía de 1,8 grados, la Niño 3 alcanza los 2,5 grados y, frente a las costas de América del Sur, la columna de agua caliente llega a los 3,4 grados, lo que ayuda a entender por qué la chance de un episodio catalogado como "muy fuerte" durante el otoño y el invierno del hemisferio norte supera, según los modelos revisados por el Centro de Predicción Climática, el 90 por ciento. El pronosticador del Aeropuerto de Córdoba, Marcelo Madelón, fue directo al consultar lo que viene: "Posiblemente perdure hasta el otoño de 2027", dijo, y la frase, en su economía, alcanza para dimensionar que la Argentina tiene por delante al menos dos estaciones bajo la sombra de un Pacífico recalentado.
Qué le espera al norte y al Litoral argentino
- Noviembre: el noreste del país y el este de Entre Ríos concentrarían el grueso del exceso de lluvias, con acumulados que superarían los 30 milímetros por encima de los valores habituales para el mes.
- Diciembre: las anomalías superiores a los 50 milímetros se extenderían sobre Santa Fe, Entre Ríos y el este de Córdoba, mientras que el noroeste argentino, en particular las comunidades de las provincias andinas, registraría entre 20 y 50 milímetros por encima de lo normal.
- Riesgo de inundaciones: la combinación de suelos saturados, crecidas sostenidas del Paraná y aportes extraordinarios desde la cuenca del Iguazú obliga a reforzar los protocolos de evacuación en las localidades ribereñas, en especial en Formosa, Chaco y Misiones.
- Pronóstico extendido: la persistencia del fenómeno al menos hasta abril-mayo de 2027, según Madelón, implica que la temporada de tormentas fuertes en la región pampeana y el Litoral podría extenderse más allá del verano clásico.
En Yacyretá, mientras tanto, las compuertas ya se prueban con más frecuencia de lo habitual y los partes internos empiezan a circular con la misma cadencia con que antes llegaban sólo en las grandes crecidas. Cristanchi repite, casi como un mantra operativo, que "El Niño es un fenómeno natural y global que nos está afectando y recién está empezando", y cada vez que lo dice lo hace mirando de frente a quien la escucha, porque sabe que la mejor defensa, en comunidades que se llaman a sí mismas como tales —formoseñas, chaqueñas, correntinas, misioneras—, no es otra que la información llegada a tiempo. Por eso, antes de volver a sus tableros, la jefa de Hidrología se detiene, levanta la vista del parte y deja una última frase que a mí, mientras la transcribo, me suena más a pedido que a advertencia: prepararse, dice, no es opcional.
