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Domingo, 18 de octubre de 2026
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La sombra eterna de Casablanca: cuatro décadas buscando una secuela que nunca llegó

Warner Bros. lo intentó al menos cuatro veces a lo largo de más de cuarenta años: una secuela de posguerra, un remake que rechazó un grande del cine francés, una continuación escrita por uno de los guionistas originales y un intento familiar que tampoco prosperó. El clásico de 1942, con Humphrey Bogart e Ingrid Bergman, se sigue negando a tener heredero.

Por Ana Paula AráozCultura y espectáculos · · hace 1 h
La sombra eterna de Casablanca: cuatro décadas buscando una secuela que nunca llegó

Lo imagino y me da risa, pero también un poco de ternura: un tipo con gabardina clara, sombrero ladeado y una copa en la mano, diciéndole a una mujer que no se puede pelear contra una exhibición. Y sin embargo, eso fue exactamente lo que Warner Bros. intentó hacer durante más de cuatro décadas: pelearse contra Casablanca, la película de 1942 que sigue siendo, para bien o para mal, una de las obras más queridas y más intocables de la historia del cine. El estudio lo intentó al menos cuatro veces, con proyectos que iban desde una secuela inmediata hasta un remake que rechazó nada menos que François Truffaut, y ninguno prosperó. Y la razón, creo yo, termina siendo casi obvia cuando uno se sienta a mirar la película otra vez.

Brazzaville, la secuela que se cayó antes de filmar

El primer intento llegó prácticamente en simultáneo con el estreno. El estudio puso el brazo en marcha una secuela titulada Brazzaville, con guion encargado a Frederick Stephani, que preveía recuperar a Humphrey Bogart como Rick Blaine, a Claude Rains como el capitán Renault y a Sydney Greenstreet como Ferrari. La historia retomaba, ni más ni menos, que la conversación final entre Rick y Renault en el aeropuerto, y exploraba qué pasaba con el protagonista una vez que Ilsa se había subido al avión con Victor Laszlo. El proyecto se cayó cuando los responsables se dieron cuenta de que uno de sus giros centrales, revelar que Rick y Renault habían sido agentes aliados desde el principio, le daba un sopapo a toda la evolución del personaje en la película original. Una lástima, digo yo, porque la idea de ver a esos tres actores juntos de nuevo tenía lo suyo.

Truffaut dice que no, y congela el remake

Trece años después del estreno, en 1955, el estudio volvió a la carga con un remake, esta vez ofreciéndole la dirección al francés François Truffaut. Pero Truffaut, con esa lucidez que lo caracterizaba, rechazó la propuesta con un argumento que, leído hoy, parece el resumen perfecto del asunto: encontrar actores capaces de reemplazar a Bogart e Ingrid Bergman era prácticamente imposible, y el cariño que el público estadounidense le tenía a la película hacía todavía más difícil justificar una nueva versión. La negativa del francés enfrió la iniciativa de tal manera que el proyecto quedó en un cajón, y de ahí no lo sacó nadie en mucho tiempo.

Return to Casablanca, la secuela del hijo pródigo

El intento más elaborado, y el que más avanzado llegó, fue el de los años ochenta. Howard Koch, uno de los guionistas del film original, escribió el tratamiento de una secuela titulada Return to Casablanca. La historia se ambientaba dos décadas después y seguía a Richard, el hijo de Rick e Ilsa, quien descubría su origen y viajaba a Oriente Próximo en busca de su padre biológico. Koch contaba con Ingrid Bergman para interpretar a Ilsa ya mayor, pero la muerte de la actriz, en 1982, obligó a modificar el planteo de cuajo. Warner Bros. rechazó el tratamiento original y también una versión revisada que Koch presentó en 1989. Otro intento que se fue al tacho.

La nieta Warner y el último intento conocido

Años después, Cass Warner, nieta de uno de los cofundadores del estudio, retomó la idea e intentó relanzarla. La respuesta volvió a ser negativa, aunque le dejaron la puerta entreabierta: el estudio reconsideraría el proyecto si aparecía un director dispuesto a llevarlo adelante. No apareció, o al menos no trascendió que apareciera.

Lo que me queda, después de repasar esta historia, es una sensación muy particular: la de que Casablanca funciona precisamente porque se termina como se termina, y que cualquier continuación le quitaría el aire de tragedia contenida que la hace tan querida. Me animo a decir, sin ánimos de sentar cátedra, que el estudio hizo bien en no forzar la máquina. A veces, y esto lo digo con el corazón en la mano, los clásicos son clásicos justamente porque nadie se anima a tocarlos. Y Warner Bros., con cuatro intentos fallidos a cuestas, parece haberlo entendido antes que nadie.

AP
Ana Paula AráozCultura y espectáculos

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