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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Los gatos ganan terreno en los hogares argentinos y se acercan a la mitad de quienes conviven con una mascota

Un relevamiento de la consultora Voices muestra que la presencia de gatos en las casas pasó del 40 al 52 por ciento entre 2018 y 2026, mientras los perros siguen primeros pero ceden algo de participación. Especialistas y voluntarias de un refugio porteño analizan por qué la vida en departamento y los cambios en las rutinas urbanas favorecen esa elección, y recuerdan que autonomía no significa soledad.

Por Delia ChocobarSociedad y comunidades · · hace 30 d
Los gatos ganan terreno en los hogares argentinos y se acercan a la mitad de quienes conviven con una mascota

Son las siete de la tarde y Alejandro, de 27 años, vuelve a su departamento en la Ciudad de Buenos Aires con la mochila cargada de notas y la cabeza todavía puesta en el trabajo. Lo espera Limón, su gato, que ya se acomodó sobre la mesada de la cocina y estira una pata cuando escucha la llave girar. Alejandro sabe que ese gesto pequeño, casi un saludo, no es casualidad: es la manera que tiene Limón de pedirle unos minutos de compañía antes de que vuelva a perderse entre sus obligaciones. "Son más independientes, pero igualmente necesitan compartir tiempo con alguien", resume, mientras apoya la mochila y le rasca detrás de las orejas.

Esa escena hogareña, repetida en miles de departamentos porteños, se multiplicó en los últimos años. De acuerdo con un relevamiento de la consultora Voices, entre los encuestados argentinos que tienen mascotas, la presencia de gatos pasó del 40 por ciento en 2018 al 52 por ciento en 2026. Los perros siguen encabezando la lista, pero su proporción bajó del 88 al 83 por ciento en el mismo período, lo que muestra un desplazamiento relativo hacia los felinos.

Departamentos más chicos y hogares unipersonales

El fenómeno no surge en el vacío. En la Ciudad de Buenos Aires, el Censo 2022 registró que cerca del 40 por ciento de los hogares están integrados por una sola persona y que casi tres cuartas partes de las viviendas particulares son departamentos. Esa combinación de unidades chicas y vidas con menor convivencia humana suele inclinar la balanza hacia los gatos, según la mirada de Silvina Muñiz, presidenta de la Asociación de Veterinarios especializados en Animales de Compañía en Argentina, conocida como AVEACA.

Muñiz vincula la elección con los horarios laborales extensos, los viajes frecuentes y los espacios reducidos que caracterizan a buena parte de los hogares urbanos. Para ella, la autonomía felina encaja con esas rutinas, aunque aclara que autonomía no equivale a prescindir del vínculo cotidiano: los gatos siguen necesitando contacto, juego y presencia de las personas con las que conviven.

Lo que necesita un gato para vivir bien en un departamento

La mirada de Proyecto 4 Patas

Desde el refugio Proyecto 4 Patas, que acompaña a personas que comparten un departamento con un gato, remarcan que la vida en un ambiente cerrado puede ser muy satisfactoria siempre que se respeten algunas condiciones básicas del bienestar felino.

  • Ofrecer superficies en altura para que el gato pueda trepar, observar y descansar lejos del piso.
  • Disponer de rascadores para que pueda afilar sus uñas y dejar marcas olorosas en objetos propios.
  • Ubicación de piedras sanitarias en lugares tranquilos y de fácil acceso para el animal.
  • Estimulación del olfato con juguetes, cajas o elementos que pueda explorar y oler.
  • Momentos diarios de interacción con las personas del hogar, ya sea juego, caricias o simplemente presencia cercana.
“Entre los tres y los cuatro meses existe una etapa clave para que los gatos callejeros se familiaricen con las personas. Después se puede construir confianza, pero puede demandar más dedicación.”Fernanda Lazzarino, voluntaria de Proyecto 4 Patas

Lazzarino, voluntaria del refugio, agrega que en la última década se debilitó la idea de que los gatos son necesariamente distantes o incapaces de acoplarse a la vida en una casa. La cercanía física, el ronroneo y la compañía dentro del mismo ambiente pueden aportar bienestar a las personas, y por eso recomienda no dejar pasar la oportunidad de construir ese lazo, incluso cuando el animal parezca reservado en los primeros días.

Mientras Limón baja de la mesada y se enrosca sobre el sillón, Alejandro reconoce que la rutina diaria con un felino exige organización: dejarle agua fresca, limpiar la piedra sanitaria, sostener el juego cuando se puede y, sobre todo, hacerse el tiempo para mirarlo a los ojos y acariciarlo unos minutos antes de volver a la pantalla. Es, en definitiva, lo que diferencia a un gato bien acompañado de un gato simplemente alimentado, y lo que está empujando a más hogares porteños a elegirlo como compañero de piso.

DC
Delia ChocobarSociedad y comunidades

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