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Martes, 20 de octubre de 2026
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Madrid, años noventa: cuando un fantasma se sentaba en el mostrador del banco

RTVE ya rueda "Casper", una miniserie de tres capítulos que reconstruye la obsesión de un inspector por atrapar al ladrón más escurridizo de la España de fin de siglo. Con Rodolfo Sancho y Roberto Álamo en la disputa central, el rodaje recorre lugares donde la banda realmente operó.

Por Ana Paula AráozCultura y espectáculos · · hace 1 h
Madrid, años noventa: cuando un fantasma se sentaba en el mostrador del banco

Hay una imagen que a mí, particularmente, me resulta imposible sacarme de la cabeza: la de un tipo entrando a un banco de pueblo con la tranquilidad de quien va a comprar el pan, mientras un inspector de la Brigada de Robos lee por enésima vez el mismo expediente y entiende que tiene delante al hombre que se le viene escapando desde hace diez, quince, veinte años. Esa fotoqui mental —medio humo de oficina, medio niebla de madrugada— es la que abre "Casper", la nueva miniserie que RTVE acaba de poner en marcha y que promete convertirse en uno de los thrillers policiales del año en el audiovisual ibérico. La propuesta, como se encargó de recordar la cadena pública, consta de tres episodios de setenta minutos cada uno, y está basada en una historia real que tiene todos los condimentos para atrapar a un público adulto: atracos a entidades bancarias, robos de arte en mansiones, conexiones con el narcotráfico y un villano con apodo de fantasma.

Una persecución que arrancó en los noventa y terminó en tribunales

El material periodístico difundido por RTVE reconstruye la historia de Ángel Suárez Flores, conocido en los bajos fondos como Cásper y considerado durante décadas el líder criminal más esquivo de España. La serie toma como motor narrativo a un inspector —en la ficción, interpretado por Rodolfo Sancho— que dedica años de su carrera a seguirle el rastro a esta organización, y a una compañera, la inspectora Sara Román, a quien da vida Adriana Torrebejarano, según consta en el reparto difundido por el canal. El arco arranca con grandes golpes bancarios y avanza hasta operaciones de narcotráfico que, finalmente, terminaron cerrando el historial delictivo del protagonista, no sin antes pasar por situaciones que exasperan al televidente tanto como al propio policía: juicios que terminaron en absoluciones, libertades que la Justicia otorgó pese al peso de los cargos, investigaciones que se reabrían una y otra vez.

Losantos, Álamo y un elenco pensado para sostenerse en miradas

A mí, como espectadora habituada de este tipo de ficciones patrias, lo que más me interesa del elenco que se anunció es el duelo entre Rodolfo Sancho y Roberto Álamo, que se pone en la piel del propio Cásper. Se trata de dos actores con oficio más que demostrado para sostener escenas en las que pasa más por lo que se callan que por lo que se dicen. Sancho viene de títulos con los que ya recorrió este tipo de terreno —ahí está su trabajo en el policial de antena que lo llevó a recorrer medio país— y Álamo arrastra una trayectoria enorme en cine de género y en papeles densos, de esos que siempre deja con ganas de más. Acompañan Alain Hernández como Sapo —colaborador directo del criminal—, Cristina Alcázar como Elvira Marcos, jefa de la unidad policial, y la propia Torrebejarano, en un rol que la producción describe como el de la inspectora Román. La pinta de elenco, vaya, tiene la solidez como para sostener escenas de interrogatorio, de seguimiento callejero y de cena familiar donde la culpa se sirve en plato hondo.

Las locaciones, que son una declaración de principios

Lo que más me seduce, leyendo la planificación de rodaje, es la decisión de la producción de no quedarse en plató y salir a grabar a los lugares donde efectivamente operó la banda. El arranque en Madrid se completará con etapas en Murcia, Yecla, Cartagena y las islas Canarias. Cada una de esas paradas responde a un episodio documentado de la investigación que la propia RTVE menciona en su comunicado: sucursales bancarias reales, mansiones particulares, depósitos, puertos y puntos de despliegue policial. La historia real incluye golpes resonantes que la serie se propone recrear dentro de su narrativa —un asalto al Banco Popular de Yecla por dieciocho millones de euros y el robo de diecinueve cuadros en la residencia de la empresaria Esther Koplowitz son dos de los más citados por el canal público—, así que la promesa es que veamos físicamente esos escenarios donde el verdadero Cásper dejó huella. La intención declarada de la producción es ambientar con precisión el cambio de siglo en distintos puntos del territorio español, una apuesta que a mí, personalmente, me parece de las más honestas que puede hacer un thriller de época hecho acá.

Mientras espero sentarme frente al televisor, no dejo de pensar —y acá me permito la licencia de opinar, como hago cada vez que una producción de este tipo me cruza la pantalla— que a la televisión española, y de paso a la nuestra, le sobran justamente historias como esta: casos de largo, con villanos que se ganaron un apodo y con policías que dejaron jirones de vida en un expediente. Casper tiene todo para funcionar si la dupla Sancho-Álamo sostiene las escenas de persecución cruzada, y si el equipo de guion no se apura en resolver lo que en la vida real costó décadas. Si la serie se toma su tiempo como se lo tomó el verdadero inspector, me apuesto un café con leche a que vamos a estar comentándola durante varias semanas. Habrá que seguirle el rastro, aunque más no sea, para confirmar que esta vez el fantasma de los noventa, por fin, se quede quieto.

AP
Ana Paula AráozCultura y espectáculos

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