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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Milo, el baterista de cinco años que se sube al Gran Rex con su propia banda

PJ Kids, el trío que Periko y Jessi León armaron alrededor de su hijo, abre este domingo el show de Los Meñiques de la Casa. Vienen con dos discos, gira por Miami y la promesa de sumar un tercer álbum el año que viene.

Por Ana Paula AráozCultura y espectáculos · · hace 25 d
Milo, el baterista de cinco años que se sube al Gran Rex con su propia banda

Me imagino la escena y se me dibuja una sonrisa involuntaria: el telón del Gran Rex todavía a oscuras, el murmullo de las familias acomodando pochoclos y, detrás de escena, un nene de cinco años ajustando la altura del banquito de la batería con la misma seriedad con la que un veterano revisa sus platillos. Esa es, justamente, la postal que va a protagonizar Milo este domingo 20 de septiembre cuando PJ Kids desembarque en la sala más emblemática de la calle Corrientes, en calidad de banda invitada de Los Meñiques de la Casa. Y no es un debut cualquiera: será la primera vez que el pequeño se suba a un escenario argentino como baterista oficial de un proyecto propio.

Un trío familiar que mezcla rock, funk y ritmos latinos para grandes y chicos

PJ Kids no es un experimento de marketing ni un truco de revista del corazón: es la consecuencia lógica de lo que pasaba en la casa de Periko y Jessi León cuando Milo tenía alrededor de tres años y medio. En el living, el nene empezó a seguir con la batería los temas que sus padres ensayaban, y ese ida y vuelta doméstico terminó por empujarlos de vuelta a los escenarios tras casi cinco años dedicados a producir a otros artistas. Lo que hacen ahora son canciones para compartir entre chicos y adultos, con una base de rock, funk y ritmos latinos que no le baja el volumen a la infancia ni le sube el tono a la pedantería. El repertorio se anima a hablar de cosas concretas de la vida de un nene de cinco años: la alimentación, la confianza personal, el miedo a la oscuridad. En esa lista aparecen piezas como Cree en ti y Monstruos, que trabajan la autoestima y el acompañamiento familiar sin necesidad de convertir la música en una clase de didáctica.

Vienen con dos discos publicados en poco más de un año y medio. Primero llegó Hecho en casa para tu casa, y después Somos un equipo, el álbum en el que Milo se sentó delante de la consola y grabó él mismo todas las baterías. Periko cuenta que las canciones fueron pensadas desde el arranque para que su hijo pudiera tocarlas también arriba del escenario y que, en el estudio, el nene participa proponiendo ritmos, no simplemente cumpliendo lo que le indican. Jessi, por su parte, aclara que tratan de mantener esas grabaciones caseras atadas a los momentos en que Milo tiene ganas de participar, para que el oficio no se vuelva una obligación.

De Miami al Gran Rex, con la rutina del colegio y el fútbol de por medio

  • Pasaron por el James L. Knight Center y el Fillmore Theater de Miami antes de cruzar el Atlántico.
  • Superaron los 15 millones de visualizaciones en YouTube durante el último año, buena parte desde su canal.
  • Los ensayos arrancan después del colegio: primero improvisan sobre clásicos de rock y después pasan al repertorio propio.
  • Cuando Milo se aburre o quiere cortar, la sesión se suspende y se juega un rato al fútbol o con plastilina.
“Las canciones fueron concebidas para que Milo pudiera tocarlas también durante los recitales; en el estudio, él participa proponiendo ritmos.”Periko, integrante de PJ Kids

Antes de convertirse en familia-bandera de un proyecto infantil, Periko y Jessi ya tenían una carrera como dúo de pop con nominaciones al Latin Grammy incluidas. Ese recorrido, sumado al tiempo como productores, les dio las herramientas para armar algo que no se despega de la lógica de un nene: la organización convive con la escuela y los juegos, y la música entra y sale según el estado de ánimo de Milo. La agenda que tienen por delante incluye una colaboración con Canticuénticos prevista para fin de año y un tercer disco anunciado para el año próximo. Además, ya grabaron con Los Meñiques de la Casa, lo que convierte la función del Gran Rex en algo todavía más redondo: una especie de encuentro de generaciones dentro del mismo escenario.

Confieso que a mí, personalmente, este tipo de historias me conmueven más de lo que debería. Ver a un pibe de cinco años colgarse una batería, mirar al público y resolver un show me parece un recordatorio de algo que solemos olvidar: que la música, antes de ser industria, es un juego que se aprende jugando. PJ Kids no viene a dar una lección ni a vendernos nostalgia: viene a recordar que un escenario también puede empezar en el living de una casa, con un nene que golpea los parches mientras papá afina la guitarra y mamá tararea la melodía. Y eso, en un mundo que suele pedirles a los chicos que crezcan de golpe, vale muchísimo.

AP
Ana Paula AráozCultura y espectáculos

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