Neuquén arrancó el lunes con un hielo que mordía la cara y promete terminar con la campera colgada del hombro
La capital pasó de una sensación térmica bajo cero al amanecer a una tarde que rozará los 21 grados, pero el viento del sudeste que llega por la noche volverá a bajar el termómetro cerca de un grado. En el norte neuquino la historia es otra: Chos Malal no superará los 4 grados y hay alta probabilidad de nevadas.
Son las ocho y algo de la mañana en la capital neuquina y el aire corta. La sensación térmica marca un grado bajo cero, el asfalto todavía brilla por la escarcha y los primeros vecinos que caminan hacia la parada del colectivo lo hacen con las manos hundidas en los bolsillos y la bufanda tapándoles la boca. Yo lo cruzo a Fabricio, que vive en el barrio San Lorenzo, y me dice casi sin abrir los labios que ni siquiera el café caliente de la cocina le alcanzó para entrar en calor antes de salir. Es el retrato de una jornada que arrancó congelada y que, según la Autoridad Interjurisdiccional de las Cuencas, va a terminar completamente distinta, con un termómetro que trepará hasta los 21 grados y un cielo que se mostrará despejado durante buena parte de la tarde.
Una mañana de hielo y una tarde que invita a la campera liviana
El pronóstico de la AIC para la ciudad de Neuquén marca que el viento del sudoeste soplará a unos 25 kilómetros por hora durante las horas centrales del día, lo que ayudará a que la temperatura se recupere con rapidez después del arranque gélido. Para los neuquinos significa algo muy concreto: poder dejar el gorro de en la oficina y volver a la calle por la tarde con la campera más fina, casi como si el invierno se tomara un respiro. La amplitud térmica, esa diferencia enorme entre lo que marca el termómetro a las siete de la mañana y a las cuatro de la tarde, vuelve a ser la protagonista de la jornada.
Cuando se va el sol vuelve el viento y se baja la persiana
Pero el alivio tiene fecha de vencimiento. Hacia la noche, según el parte oficial, el cielo pasará a estar parcialmente nublado, el viento rotará al sudeste y las ráfagas podrían alcanzar los 58 kilómetros por hora, un número que se siente en la calle y que complica especialmente a quienes salen tarde del trabajo o tienen que esperar el colectivo en paradas descubiertas. La temperatura empezará a caer de nuevo y se acercará al grado sobre cero, un piso casi tan exigente como el de la madrugada. La recomendación práctica, coinciden quienes conocen el clima local, es no confiarse de la tarde templada y volver a salir con abrigo grueso después del atardecer.
El norte y la cordillera, con su propia lógica
En el norte de la provincia, la jornada se vive a otro ritmo. Chos Malal, la cabecera del departamento homónimo, tendrá una máxima de apenas 4 grados y una mínima cercana a los 3 grados, con nubosidad persistente y alta probabilidad de nevadas en distintos momentos del día. Es uno de los puntos del territorio neuquino donde el invierno muestra su cara más dura y donde la gente ya está acostumbrada a convivir con la nieve en la vereda.
San Martín de los Andes, en la zona cordillerana, registrará una máxima de 13 grados y una mínima de cero grados, con vientos leves y sin precipitaciones previstas. La mañana y la noche volverán a ser los tramos de mayor frío, una pauta que se repite en toda la región andina. Mientras tanto, Zapala y las localidades del centro provincial seguirán el patrón general de la jornada: arranque bajo cero y una recuperación hasta los 19 grados por la tarde, con vientos calmos que facilitan esa mejora y permiten que la vida al aire libre vuelva a ser posible en las horas centrales.
Volver a la parada, volver al frío
Cuando cae el sol sobre la capital neuquina, el escenario se parece otra vez al del amanecer. El viento del sudeste empieza a golpear las persianas, la temperatura vuelve a derrumbarse hacia el grado y los mismos vecinos que a las cuatro de la tarde caminaban con la campera abierta ahora apuran el paso rumbo al colectivo. Es la montaña rusa térmica que define al invierno en esta parte de la Patagonia y que, como me decía esta mañana Fabricio mientras esperaba el bondi en San Lorenzo con las manos en los bolsillos, obliga a vestirse por capas y a no fiarse nunca del sol de la siesta.
“Ni siquiera el café caliente de la cocina me alcanzó para entrar en calor antes de salir.”Fabricio, vecino del barrio San Lorenzo de la ciudad de Neuquén
