Operaciones especiales: Lioness vuelve a la carga con un rescate en Donetsk y una infiltración que lo explica todo
La tercera temporada de la serie de Taylor Sheridan ya está disponible en SkyShowtime y propone un thriller de espías que une el secuestro del personaje de Zoe Saldaña con la misión previa en territorio ucraniano.
Hay una imagen que me parece inevitable cuando arranca esta nueva entrega de Operaciones especiales: Lioness: la de un operativo que sale mal en algún lugar frío del este europeo y arrastra, como una sombra larga, todo lo que se hizo mal antes. La tercera temporada, que ya se puede ver en SkyShowtime, abre justamente con esa postal: el personaje de Zoe Saldaña aparece secuestrado por fuerzas rusas y, a partir de ahí, la serie de Taylor Sheridan empieza a desovillar la madeja hacia atrás, hacia una misión anterior que, en teoría, tenía que haber sido un trabajo limpio.
Porque la gran idea de Sheridan con estos nuevos episodios no es contar dos historias sueltas, sino una sola en dos tiempos. Por un lado está el secuestro, que funciona como anzuelo y como motor emocional; por el otro, la operación previa en Donetsk, donde la CIA envía al equipo Lioness para localizar a un miembro del servicio secreto ruso. La relación entre esa infiltración y la captura posterior es, sin exagerar, el corazón de la temporada: cada escena de Donetsk es una pieza que después vamos a entender por qué terminó estallando.
Espionaje de oficina y de trincheras
Como en las entregas anteriores, Sheridan se niega a elegir entre lo que pasa en el terreno y lo que se cocina en los despachos. Y me parece uno de sus hallazgos más interesantes, algo que ya había mostrado en Yellowstone y en Mayor of Kingstown: la acción funciona mejor cuando se la contextualiza dentro de una cadena de mando. Acá las infiltraciones tienen su peso, sí, con el tono militar y el vértigo que uno espera de un thriller de espías, pero comparten pantalla con conversaciones en oficinas, con jefes midiendo costos políticos, con agentes que negocian sobre mapas. Esa combinación de operación y planificación es lo que sostiene la intriga.
Para quien todavía no se enganchó, vale la pena recordarlo: Lioness es un thriller de espionaje con acción militar, pensado para ver capítulo a capítulo, con dos protagonistas que tiran para lados opuestos pero se necesitan. Saldaña aporta el cuerpo a cuerpo, la calle, el contacto con las fuentes y los operativos que pueden terminar en un tiroteo o en una mesa de interrogatorio. Kidman, en cambio, trae la política, la presión institucional, el cálculo frío de quién vale cuánto en Washington. Verlas funcionar juntas, y sobre todo chocar, es parte del encanto.
Si algo rescato de esta temporada, en lo personal, es que no se conforma con el golpe de efecto del primer capítulo. Sheridan podría haberse quedado en el rescate, en la liberación heroica, en el despliegue de músculo de Zoe Saldaña, y hubiera sido un producto correcto. En cambio, decide ir para atrás y mostrarnos la costura: las dudas, las decisiones mal calibradas, los acuerdos de pasillo que después explotan en Donetsk. A mí, como espectadora, eso me interesa muchísimo más que cualquier escena de acción aislada. Y si a ustedes también, esta entrega les va a dar material de sobra para discutir.
