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Domingo, 18 de octubre de 2026
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Pastillas para vivir más: la diferencia entre lo que se vende y lo que la ciencia, hoy por hoy, puede sostener

Una recorrida por los suplementos de longevidad que prometen más años en góndola y lo que realmente dicen los estudios clínicos más recientes, con la lupa puesta en el NAD+, el selenio, la vitamina D y el omega-3, y un recordatorio que no viene en cápsulas.

Por Delia ChocobarSociedad y comunidades · · hace 36 min
Pastillas para vivir más: la diferencia entre lo que se vende y lo que la ciencia, hoy por hoy, puede sostener

A los 41 años, en un mostrador de Palermo, un cliente le pidió a la farmacéutica María Inés que le recomendara «algo para vivir más» después de leer un posteo sobre el NMN, un precursor del NAD+ que se vende en cápsulas y se publicita como llave de la longevidad. La profesional le explicó lo que repite cada semana en la barra de atención: que lo que sube un marcador en un análisis de sangre no equivale, por arte de magia, a sumar años de vida, y que la evidencia más firme sobre envejecimiento saludable no viene en blíster sino en hábitos bastante menos glamorosos.

Qué es el NAD+ y por qué se volvió un negocio

El NAD+ es una coenzima presente en todas las células, indispensable para producir energía y asociada a la reparación del ADN. Sus niveles caen con los años y, en cultivos celulares y modelos animales, aumentar su disponibilidad mejoró ciertos parámetros metabólicos. De ahí nació un mercado que vende nicotinamida ribósido y NMN como una inversión en futuro. El salto que muchos laboratorios pasan por alto es el que va del laboratorio a la clínica.

Los ensayos en humanos confirman que estos precursores elevan el NAD+ en sangre, pero no hay evidencia clínica suficiente de que ese aumento se traduzca en menos enfermedades, mejor función orgánica o más años de vida. La promesa del marketing suele apoyarse en dos de los tres escalones de la investigación —la célula y el ratón— y presentarse como si ya hubiera pasado el tercero, el de los ensayos clínicos con miles de personas.

Lo que se vio en los ensayos grandes

  • El estudio SELECT, con más de 35.000 participantes, mostró que el selenio no previno el cáncer de próstata y que quienes recibieron vitamina E presentaron mayor riesgo de desarrollarla durante el seguimiento.
  • El ensayo VITAL, con cerca de 25.000 personas, no encontró que la vitamina D ni el omega-3 redujeran cáncer ni eventos cardiovasculares en quienes no tenían déficit previo.
  • En ambos casos, la conclusión no es que esos nutrientes sean inútiles, sino que suplementarlos sin un faltante comprobado no aporta el beneficio que se publicita.

Cuando existe una carencia concreta, en cambio, corregirla tiene impacto real: las deficiencias de vitamina B12 y de vitamina D son frecuentes en personas mayores y tratarlas mejora la calidad de vida. La diferencia, insisten los especialistas, está en medir primero y suplementar después, no en tomar a ciegas siguiendo una recomendación de redes sociales.

Qué sí tiene evidencia sólida para envejecer mejor

La lista es menos novedosa y, por eso mismo, más incómoda: actividad física regular que incluya ejercicios de fuerza, alimentación equilibrada con proteínas suficientes, buen descanso, no fumar, controlar la presión y mantener vínculos sociales. Son recomendaciones que no se patentan, no se fraccionan en cápsulas y no viajan bien en publicidades de fin de año, pero acumulan décadas de respaldo en estudios clínicos.

Volví a llamar a María Inés para contarle que el cliente de Palermo se fue con la recomendación clásica y con un turno para hacerse un análisis de sangre, esperando que los números le marquen qué suplementar y qué no. «Por ahora —me dijo ella desde la farmacia— lo mejor que podemos ofrecerle es que no se automedique y que camine media hora por día». En materia de longevidad, esa prescripción tan poco rendidora para el marketing sigue siendo la más honesta.

DC
Delia ChocobarSociedad y comunidades

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