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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Perdés en Shanghái y te escriben que te mueras: la pesadilla que contó el padre de Cobolli

Flavio Cobolli cayó en su debut en el Masters 1000 de China y, detrás de la derrota, aparecieron mensajes que le deseaban la muerte. Su padre, Stefano, expuso en Instagram uno de los comentarios más brutales y apuntó contra los adultos que no educan a sus hijos en las redes.

Por Rodrigo AparicioDeportes · · hace 5 d
Perdés en Shanghái y te escriben que te mueras: la pesadilla que contó el padre de Cobolli

A veces el tenis te da la espalda. Flavio Cobolli, el italiano que pelea bien arriba en el ranking, llegó a Shanghái con laurus de candidato y se fue a la lona en la segunda ronda, tres sets abajo frente al francés Adrian Mannarino. Hasta ahí, deporte puro: el cinco del mundo perdió con el que le tocó perder, y a otra cosa. Pero lo que pasó después ya no fue deporte, ni siquiera fue locura pasajera. Fue basura directa al corazón de la familia.

Stefano Cobolli, padre y entrenador, es de esos que caminan al lado de su hijo dentro y fuera de la cancha. Vio los mensajes en el celular y, en vez de tragárselos como tantas veces, publicó uno. Lo estampó en su Instagram para que se viera, sin maquillar. Era de una cuenta a nombre de una pibe de diecinueve años y decía, más o menos: "En lugar de las Finals, a tu hijo le tiene que dar cáncer y se tiene que morir". Lo leyó dos veces antes de subirlo, uno imagina, y lo subió igual.

La denuncia del padre, palabra por palabra

Junto con la captura, Stefano escribió un texto pensado, el de un tipo cansado de callar. Reconoció que él suele borrar esos mensajes sin chistar, porque son un aluvión. Pero esta vez dijo basta. Cansado de tragarse sapos, reconoció que lo hace público porque hay gente que no tiene espalda para bancarse un ataque así y el silencio los condena.

“Normalmente intento borrarlos sin darles importancia, porque son muchísimos. Pero hay que hacer algo.”Stefano Cobolli, padre y entrenador de Flavio

El padre italiano también dejó la puerta abierta a algo que muchos deportistas ya están evaluando: irse de las redes, cerrar la persiana digital. Pero aclaró que, por ahora, prefiere seguir exhibiendo la mugre para que se vea. El planteo es claro: las plataformas no pueden seguir mirando para otro lado.

Cuando la cancha se llena de apostadores con teclado

Esto no es un caso aislado y el circuito lo sabe. El italiano Matteo Berrettini, por ejemplo, también blanqueó amenazas e insultos gordos tras perder partidos. La mayoría de estos mensajes llegan cuando hay plata de apuestas de por medio: pierde el que el apostador tenía elegido y, en vez de hacerse cargo, vomita desde un perfil falso. Cobolli, que es ajeno a esa novela porque no suele ser el favorito de las casas, igual entró en la lista negra de los trolls y de los violentos.

  • Flavio Cobolli está quinto en el ranking mundial y perdió en la segunda ronda del Masters 1000 de Shanghái ante Adrian Mannarino.
  • Tras la derrota, el jugador y su familia recibieron mensajes agresivos en redes, incluido uno donde le deseaban cáncer y muerte.
  • El mensaje provenía de una cuenta registrada a nombre de una joven de 19 años e incluía insultos discriminatorios.
  • Su padre y entrenador, Stefano Cobolli, publicó el comentario en su Instagram para denunciar la situación.
  • El circuito ATP ya registró episodios similares con jugadores como Matteo Berrettini, muchas veces ligados a apuestas deportivas.
  • La eliminación temprana no pone en riesgo la posición de Cobolli entre los diez mejores del mundo.

Lo que más jode del asunto no es el insulto suelto, es la cobardía detrás. Un pibe de diecinueve años, detrás de un perfil anónimo, escribiéndole a un padre de familia que su hijo se tiene que morir. Y mientras tanto, en alguna casa de Italia, alguien desayuna tranquilo sin preguntarse qué hace su hijo con el teléfono a las tres de la mañana. La pregunta que queda flotando es simple: hasta cuándo las plataformas van a mirar la ropa sucia sin meterla en el lavarropas.

Cobolli tiene revancha rápido. El circuito sigue y, si el cuerpo le responde, lo próximo en la agenda vuelve a ponerlo en cancha, lejos de Shanghái y del ruido. Ojalá el italiano encuentre allí el aire que le faltó en China. Porque lo que pasó no fue una derrota: fue un papelón ajeno que le robó un cacho de paz. Y eso, a cualquiera, le parte el alma.

RA

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