Titi se llevó Bariloche y las visitas se fueron: arrancó la cuenta regresiva de Gran Hermano Generación Dorada
La última visitante en pie se impuso en la prueba de llaves y se quedó con el viaje premio. Ahora Yipio, Sol, Charlotte y Luana quedan solas por primera vez en la casa, a horas de que se defina el cuarto puesto.
El living de Gran Hermano Generación Dorada quedó con un eco raro esta madrugada, de esos que aparecen cuando se va mucha gente junta y queda poco espacio para llenar de ruido. Después de varias semanas de pisadas dobles por los pasillos, las visitas levantaron sus mochilas y cruzaron la puerta de una vez. Y en el mismo rato, entre abrazos y algarabía, Titi Tcherkaski levantó la llave número 67, la que le abrió la puerta imaginaria de un hotel cinco estrellas en Bariloche y, de paso, le dio el último premio grande antes de la final.
La prueba fue una de esas que parecen simples y terminan siendo un de emociones. Eran tres los visitantes en cancha: Titi, Sebastián Almeida, al que todos conocen como Cola, y Tomás Riguera, Tomy. Primero se sacaron chispas en un ping pong de preguntas sobre todas las temporadas del formato, ese tipo de trivia que parece de sobremesa y que te obliga a revivir diecisiete años de living, peleas y abrazos. Cola y Titi pasaron de largo y dejaron a Tomy afuera de la definición.
Una llave, tres intentos y un festejo a los saltos
La instancia final fue tan concreta como cinematográfica: un manojo de llaves colgadas en un panel y la orden de probar hasta dar con la correcta. Titi fue descartando una tras otra, con la paciencia que se aprende cuando una lleva casi doscientos días adentro, hasta que la 67 giró suave y le cambió la cara. Lo que vino después fue una mezcla de grito, llanto y saltito en el piso del living, con Yipio Pintos como primera cómplice del festejo y el resto de las finalistas sumándose a los aplausos.
Ya sin visitas, la casa se reconfigura. Hasta acá, las cuatro jugadoras venían representando grupitos que se miraban de reojo y comían en puntas distintas de la mesa. Ahora les toca compartir heladera, mates y silencios sin nadie que oficie de amortiguador, y ese es, a mi entender, el tramo más interesante que le queda a esta edición: el de cuatro mujeres que dejaron de tener público interno y empiezan a mirarse a la cara como nunca antes.
La cuenta regresiva ya tiene fechas
El calendario que viene es corto y denso. Este miércoles se define el cuarto puesto, el jueves las finalistas verán los castings propios y los de sus excompañeros ya eliminados, y el domingo habrá una cena con las que sigan en carrera antes del cierre de temporada. Mientras tanto, Yanina Zilli, la última en caer, se despidió después de 196 días adentro y con la sensación de haber dejado todo, que es lo que siempre se dice cuando la gala te expulsa a vos.
“Titi está feliz con el premio y ya avisó que piensa viajar a Bariloche acompañada por Thomas, el amigo que le manejó las redes durante toda la estadía en la casa. Un mimo justo para alguien que cuidó su imagen desde afuera mientras ella cuidaba el juego desde adentro.”Lo contó Titi tras ganar la prueba
Si me preguntan a mí, que me pagan por mirar y contar lo que veo, este final tiene algo que las últimas ediciones no tuvieron: el peso de los duelos viejos. Sol vuelve a estar en el mismo lugar que en 2011, Charlotte carga el apellido como escudo y a la vez como mochila, Yipio se plantó como la voz más lúcida de la casa y Luana aprendió a jugar en silencio, que es la forma más peligrosa de jugar. El domingo, cuando se apaguen las luces de esta Generación Dorada, alguna de ellas se va a llevar algo más que un trofeo: se va a llevar la confirmación de que bancó la parada hasta el último minuto. Y a esta altura, con lo que vimos adentro, cualquiera de las cuatro se lo ganó.
