Tu cuenta de IA puede quedar abierta de par en par aunque hayas cerrado la sesión: así te la roban
Un informe de ESET y otro de SOCRadar encendieron la alarma por el robo de cookies y claves que permiten entrar a ChatGPT, Gemini y compañía sin tipear la contraseña. En Salta, cualquier pyme que use IA para laburar queda en la mira.
¿Te acordás cuando dejabas la sesión del banco abierta en el ciber de la esquina y te ibas a comer una empanada? Bueno, algo parecido pero en esteroides digitales: atacantes están entrando a cuentas de inteligencia artificial sin pedirte jamás la contraseña. ¿Cómo? Robándose las galletitas y los tokens que tu navegador guarda para que no tengas que loguearte cada dos minutos.
Para que nos entendamos, como le explicaría a mi vieja: las cookies son esos paquetitos de datos que guardan que vos ya entraste a un sitio, y los tokens son como sellos digitales que te identifican sin volver a pedirte la clave. Si alguien los copia, el sistema lo recibe con los brazos abiertos pensando que sos vos. Cero verificación en dos pasos, cero barrera. La puerta queda abierta de par en par.
¿De dónde salen estas galletitas envenenadas?
Los malwares que hacen el trabajo sucio se llaman infostealers, o sea "ladrones de información". Se meten en tu PC o computadora con Windows o Mac y extraen cookies y tokens sin que te des cuenta. Después los suben a la nube, los venden en foros de cybercrime y otro los compra para entrar a tu cuenta de ChatGPT, Claude, Gemini o lo que sea que uses para laburar.
Una vez adentro, el atacante no solo lee tus conversaciones. También puede gastar saldo de tu plan pago como si fuera propio. Imaginate a un consultor salteño que paga una suscripción premium de IA para redactar informes: si le robaron la sesión, otro puede estar quemándole el crédito a su nombre mientras él duerme.
¿Qué dicen los números?
- SOCRadar detectó 5.434 registros robados en 90 días.
- Esos registros correspondían a 1.500 direcciones de correo corporativo distintas.
- Están comprometidas al menos 482 empresas.
- Las conversaciones pueden contener código fuente, contratos y datos de clientes.
- Una cuenta de IA conectada a Zapier puede abrir la puerta al correo y a otros servicios sin pedir permiso extra.
¿Qué hace una pyme salteña cuando le pasa esto?
Cambiar la contraseña no alcanza. Si el atacante conserva una sesión válida, el sistema lo sigue reconociendo como vos. Hay que tratar el caso como un incidente de seguridad del dispositivo, no como un simple olvido de clave. Conviene revisar qué cuentas de IA se usan en la organización sin que los responsables de sistemas lo sepan, porque el principal enemigo suele ser el empleado que se logueó desde una computadora con un antivirus de hace cinco años.
Los especialistas de ESET y SOCRadar recomiendan centralizar el acceso con un único inicio de sesión, recortar la duración de las sesiones para que la ventana de robo sea más chica, y rotar periódicamente las claves API, esos códigos que permiten conectar tu software con el servicio de IA. Sumá revisar ingresos desde lugares o horarios insólitos y vas a tener una defensa razonable.
Moraleja, como diría un compadrito del Cabildo: la IA te resuelve el informe pero no te cuida la espalda. Vos te logueás, confiás, y resulta que del otro lado alguien más está mirando tu historial mientras le pagás el café con tu tarjeta. Cerrá las sesiones, rotá los tokens, vigilá las API. Veremos.
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