Vuelve Ted Lasso y el Richmond vuelve a latir: la cuarta temporada que nadie esperaba
Apple TV+ retoma la historia del técnico más querido de la pantalla con caras nuevas, un equipo femenino y viejas glorias que creíamos despedidas. La nota de una fan que no puede evitar ilusionarse.
Lo imagino y casi lo siento: una mesa en un pub londinense, el ruido de los vasos, el aroma a cerveza tibia y la pantalla encendida en una pared con ladrillo a la vista. Hay algo de ritual inglés y de liturgia futbolera en volver a sentarse a ver un partido del AFC Richmond, y mucho más cuando uno creyó, hace ya un buen rato, que esa liturgia se había terminado para siempre. Pero no: Ted Lasso está de vuelta, con su sonrisa enorme y su bigote improbable, y lo está en una cuarta temporada que Apple TV+ estrena después de una pausa más larga de lo que cualquier hincha razonable estaba dispuesto a tolerar.
Yo venía siguiendo esta historia desde el arranque, cuando la pandemia nos encerró a todos y esta serie apareció como una ventana amable en medio del encierro. En aquel primer capítulo, en aquel Richmond que parecía un equipo de ascenso con más corazón que presupuesto, uno no podía sospechar que íbamos a terminar tan involucrados con un entrenador de fútbol americano que cruza el Atlántico sin entender del todo el juego que le toca dirigir. Y sin embargo ahí estuvo, temporada tras temporada, tejiendo un vínculo que se parecía más al de un club de barrio que al de una producción de plataforma.
Lo que cambia (y lo que reaparece) en esta entrega
La gran noticia visual, lo primero que salta cuando uno recorre los avances, es la llegada de un equipo femenino al universo de la serie. No se trata de un cameo ni de una línea argumental lateral: las nuevas jugadoras se cruzan con el elenco histórico, suman sus propias dinámicas y se traen, como era de esperar, tensiones de vestuario que a veces son pura frescura y a veces son el tipo de conflicto que uno reconoce en cualquier cancha, sea de la liga que sea. En el centro de ese grupo aparece Alice Chilton, la nueva entrenadora, una de las incorporaciones más resonantes del reparto.
Pero los que ya teníamos la camiseta puesta queríamos saber qué pasaba con los nuestros. Y la respuesta es bastante más generosa de lo que la tercera temporada nos había hecho temer. Keeley Jones, que en la entrega anterior había consolidado su propia empresa de relaciones públicas y parecía haber encontrado un camino propio y definitivo, vuelve a la cancha con un vínculo nuevo con Roy Kent que los guionistas se animan a contar con el cuidado que el personaje merece. Rebecca, mientras tanto, se cruza con alguien llamado Matthijs y se mete en una historia sentimental que no termina de quedar escindida de sus decisiones como directiva del club: lo personal y lo profesional se le mezclan, como nos pasa a casi todos cuando dejamos de separar la oficina de la cama.
“Hubiera sido un flaco favor a nuestra nueva historia.”Brendan Hunt, cocreador de Ted Lasso
Esa frase de Brendan Hunt, cocreador de la serie, vale la pena tenerla a mano mientras uno recorre los primeros capítulos. Porque el regreso de uno de los protagonistas originales, el que muchos ya dábamos por cerrado, abre un interrogante que la producción no esquiva: qué hacer con personajes que parecían haber encontrado su final feliz. La tercera temporada, recordemos, se perfiló como el cierre definitivo de la historia; había algo de despedida elegante, de arco resuelto, que dejaba al espectador conforme pero con una cuota razonable de melancolía. Volver desde ahí exige un esfuerzo de los guionistas que no siempre sale bien, y por eso la expectativa era enorme.
Ahora, hechas todas las aclaraciones, me permito la opinión que este rincón de la sección me concede: creo que esta cuarta temporada existe porque había algo todavía por decir. Lo sentí mientras leía el material, lo sentí pensando en aquella primera vez que puse play y me encontré con un tipo que no entendía el offside pero sí entendía a las personas. Y eso, en un mundo que suele confundirlas, sigue siendo una rareza que vale la pena volver a ver en pantalla. Ojalá Richmond nos dure un buen rato más.
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