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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Ad Astra: el viaje más largo de Brad Pitt no va al espacio, va hacia su padre

La película de James Gray convierte la exploración del sistema solar en una excusa para revisar el vínculo entre un hijo y el héroe ausente. Un drama íntimo disfrazado de ciencia ficción.

Por Ana Paula AráozCultura y espectáculos · · hace 11 d
Ad Astra: el viaje más largo de Brad Pitt no va al espacio, va hacia su padre

Me acuerdo de la primera vez que vi Ad Astra: la sala estaba a oscuras y en la pantalla había un silencio enorme, el tipo de silencio que se siente cuando se sabe que un astronauta está solo de verdad, aunque lleve casco y un traje lleno de luces. Esa imagen me volvió a la cabeza mientras revisaba la propuesta de James Gray, ese director neoyorquino al que en 2017 le había ido bien con La noche más oscura y que acá se mandó a rodar un viaje interplanetario con Brad Pitt como única compañía a la vista. Y cuando digo compañía a la vista lo digo literalmente: el protagonista camina, respira y se contiene durante dos horas como si el mundo entero le pesara sobre los hombros.

Lo que cuentan de Ad Astra es lo siguiente: Roy McBride es un astronauta con un pulso tan bajo que cualquier médico militar se moriría de envidia. Frente a un choque, una explosión o un escenario donde cualquiera se descompone, su ritmo cardíaco se mantiene en niveles de monje budista. Pero esa calma operativa convive con un agujero: su padre desapareció hace décadas, cuando participó de una expedición hacia los confines del sistema solar. La nueva misión, justamente, lo lleva a buscarlo. Y acá es donde la película se aleja del blockbuster clásico y se parece más a un capítulo largo de la vida de un tipo que todavía no terminó de hacer el duelo.

De la Luna a Marte, y un padre que nunca termina de irse

Roy pasa por la Luna, por Marte y por estaciones intermedias que el film describe con bastante detalle, y la fotografía de Hoyte van Hoytema se luce en cada escala. La quietud del espacio, el polvo flotando, la inmensidad que rodea a un cuerpo humano tan chiquito: todo eso está ahí, pero funciona como un decorado al servicio de la pregunta central, que no es qué hay en el espacio sino qué le quedó pendiente a Roy con su viejo. A mí eso me enganchó, porque Gray venía de un cine más de personajes (El sueño de Walt, La noche más oscura) y acá deja la aventura en segundo plano para mirar la cara de Pitt.

  • Roy McBride, interpretado por Brad Pitt: astronauta metódico, casi hermético, con un pulso anormalmente bajo incluso en emergencias.
  • Una expedición previa que terminó mal: la del padre, desaparecido mientras buscaba vida inteligente en los confines del sistema solar.
  • El encargo de volver a salir: encontrar al padre y, sobre todo, entender por qué se fue.
  • Un recorrido por la Luna, Marte y estaciones intermedias que funcionan como escenario del viaje interno del protagonista.
  • La relación padre-hijo como motor: admiración, expectativas y silencios que pesan más que la soledad del cosmos.

En la pantalla grande, Pitt trabaja la contención. No hay grandes escenas de llanto, no hay un discurso catártico en el que el personaje se desahoga. La emoción aparece en lo que se calla, en la forma en que Roy se sienta, mira por la ventanilla o habla con otros astronautas como si la distancia con su padre se hubiera contagiado a todos los vínculos de su vida. Y ahí, para mí, está la clave de la película: Ad Astra no es una epopeya espacial, es una historia de familia con escenario de ciencia ficción.

La película incluye persecuciones, momentos de suspenso y escenas de riesgo que justifican el gasto en efectos, todo dentro de un ritmo pausado y bastante contemplativo. En ese sentido, Ad Astra se parece menos a Star Wars y más a un cruce entre Apocalipsis Now y la exploración lunar: la misión es la excusa, el viaje hacia adentro es lo que verdaderamente importa. Si te interesa más la exploración del universo o las historias de sus personajes, te diría que acá la balanza se inclina claramente del segundo lado, y eso es justamente lo que la vuelve una rareza interesante dentro del género.

AP
Ana Paula AráozCultura y espectáculos

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