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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Adiós a Zulema Galperín, la actriz que se subió al escenario a los sesenta y nunca se bajó

La Asociación Argentina de Actores confirmó la muerte de la actriz a los 90 años. Repasamos una trayectoria que empezó tarde, en los talleres del Teatro Regio, y que terminó conquistando la pantalla chica, el cine, las plataformas y hasta un colectivo que circulaba por Buenos Aires.

Por Ana Paula AráozCultura y espectáculos · · hace 10 d
Adiós a Zulema Galperín, la actriz que se subió al escenario a los sesenta y nunca se bajó

Me la imagino todavía sentada en la primera fila del Regio, con un cuaderno en la mano, tomando notas como si le fuera la vida en eso, cuando en realidad recién estaba empezando a jugársela por la actuación. Zulema Galperín murió a los 90 años, según confirmó la Asociación Argentina de Actores y Actrices, y lo que más llama la atención de su camino es precisamente eso: el empecinamiento de largarse a la escena cuando la mayoría ya está pensando en otra cosa. Tenía 61 años cuando se anotó en el taller de Entrenamiento Teatral del Teatro Regio, en 1997, y de ahí en más no paró un segundo.

La noticia la dio a conocer la entidad gremial, que la despidió con un comunicado en el que destacó su interés por la formación y su compromiso con la actividad. Afiliada desde el año 2000, Galperín construyó una carrera que se fue amoldando a cada formato que fue apareciendo, sin quejarse, sin hacerse la interesante, siempre lista para el próximo llamado.

De la oficina al set: una vocación tardía que terminó dando sus frutos

Antes de pisar un escenario, Zulema había pasado años dedicada a tareas administrativas. Nació el 18 de abril de 1936 y se acercó a la actuación en la década del noventa, después de toda una vida en otra cosa. Empezó en el Regio, siguió en otros talleres y seminarios, y de a poco se fue metiendo de lleno en la profesión que había elegido para la segunda etapa de su vida. Hay algo profundamente conmovedor en esa decisión de correrse del escritorio y salir a buscar un lugar bajo los focos cuando, se supone, ya es tarde. Ella demostró que no lo era.

Televisión, cine y plataformas: una trayectoria que se adaptó a cada época

  • En televisión hizo ficciones de todo tipo: Poliladron, Verdad consecuencia, Primicias, Epitafios, Viudas e hijos del rock and roll y Buenos chicos, además de Chiquititas y Gasoleros, dos títulos que la mayoría tiene asociados a otra generación de actrices.
  • En el terreno de las plataformas participó en Nada, Envidiosa, El tiempo de las moscas y Gutiérrez is mai neim, sumando también la miniserie En París.
  • Su filmografía incluyó películas como Puan, La extorsión, Los justos, Eva Perón, Pacto de silencio, Blindado, Los adoptantes y La estrella roja.
  • En 2021 fue parte de Superhéroes y heroínas urban@s, una miniserie que nació de un taller de la Fundación SAGAI; compartió el capítulo La página en blanco con María del Carmen Simari y Mirta Calza Citín.

La “Abuela cocainómana” y el teatro dentro de un colectivo

Si hay algo que me gusta especialmente de su recorrido es que nunca le tuvo miedo a los proyectos insólitos. Con Sebastián Presta interpretó a la llamada “Abuela cocainómana” en Préstico, el segmento de sketches de Duro de domar, el ciclo que conducía Roberto Pettinato. Ese personaje le permitió entrar en la casa de miles de pibes que de otro modo no la hubieran conocido, y lo hizo con un histrionismo que tenía mucho de clown y mucho de vecina de toda la vida. Lejos de los sets tradicionales, también se subió a un colectivo que circulaba por Buenos Aires para protagonizar Fango negro, escrita por José Gabriel Núñez y dirigida por César Sambataro, donde el público viajaba como si fuera un pasajero más. La propuesta la llevó adelante el grupo Clan-Destino. Además integró el elenco de Motivos para levantarse por la mañana, de Germán Akis y Raúl Baroni, en el Teatro Arlequino.

Lo que a mí me queda de Zulema Galperín, más allá de la cantidad de títulos y de los casi treinta años de carrera profesional, es la imagen de alguien que entendió que la vocación no entiende de jubilaciones ni de calendarios. Se animó a empezar de grande, se bancó las aulas cuando otros ya estaban planeando el retiro y se ganó un lugar a fuerza de presencia, de trabajo y de una cuota de humor muy porteña. Por eso, aunque la noticia es triste, prefiero despedirla como creo que ella hubiera querido: con una sonrisa, recordando a la abuela más loca de la tele y a la actriz que se subió a un colectivo para hacer teatro. Hasta siempre, Zulema.

AP
Ana Paula AráozCultura y espectáculos

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