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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Al Di Meola en La Trastienda: la noche que un infarto no pudo frenar

El guitarrista estadounidense volvió a Buenos Aires con un show acústico de más de dos horas, acompañado por músicos españoles, en el que repasó cinco décadas de carrera con jazz, flamenco, tango y guiños a The Beatles y Piazzolla.

Por Ana Paula AráozCultura y espectáculos · · hace 31 d
Al Di Meola en La Trastienda: la noche que un infarto no pudo frenar

Lo primero que uno escucha cuando se cruza la puerta de La Trastienda, unos minutos antes de que arranque el show, es ese murmullo característico de las salas que se saben históricas: gente que busca su lugar, copas que tintinan en la barra, alguna risa suelta. Después, cuando las luces bajan y el cajón percusivo de Sergio Martínez empieza a marcar el pulso, ese murmullo se convierte en silencio absoluto. Así arrancó la noche del regreso de Al Di Meola a Buenos Aires, un reencuentro que él mismo se encarga de cargar de dramatismo cada vez que puede, porque hace dos años un infarto en Bucarest lo dejó fuera de juego justo cuando venía en plena gira por esta parte del mundo.

En el escenario lo esperaban dos músicos españoles que viajaron especialmente para acompañarlo en esta vuelta: el guitarrista Isaac Romagosa y el percusionista Sergio Martínez, cuyo cajón fue, durante toda la velada, el ancla rítmica sobre la que Di Meola construyó cada uno de sus vuelos. El formato fue acústico, con algunas distorsiones bien dosificadas para resolver los climas más eléctricos, y la sala lució colmada de punta a punta. El show se extendió durante dos horas y diez minutos casi sin pausas, algo que ya de entrada marca un ritmo exigente para un artista de 72 años que vuelve a presentarse después de un trance cardiovascular.

Flamenco como paleta y jazz como lenguaje

La decisión de rodearse de músicos con raíz flamenca no fue decorativa, sino que definió el carácter sonoro de toda la noche. Fandangos, soleás y rítmicas afrolatinas se mezclaron con el jazz de fusión que Di Meola viene tocando desde los tiempos de Return to Forever —el grupo que compartió con Chick Corea allá por los setenta— y con aires mediterráneos que aparecieron sobre todo cuando el tema lo pedía. Hubo tramos de improvisación colectiva en los que los tres músicos se escucharon de verdad, y esos son los momentos que justifican el viaje: cuando el diálogo se vuelve conversación y la versión se separa del original para tomar vida propia.

El programa fue un repaso a cinco décadas de carrera. Aparecieron guiños a The Beatles, con una versión de In My Life que el público recibió como si fuera un tema propio, y un pasaje de Café 1930, de Astor Piazzolla, que sirvió para anudar la tradición tanguera con el lenguaje del jazz. También sonó un cover de The Sound of Silence, de Simon y Garfunkel, y una pieza titulada Ava's Dance in the Moonlight que Di Meola dedicó a su hija, con esa solemnidad íntima que suelen tener las canciones escritas para los hijos. Entre los temas propios pasaron por el escenario Misterio, Infinite Desire y Eden, entre otros.

“Gracias a Dios estoy de regreso con ustedes, volví a nacer”Al Di Meola, desde el escenario de La Trastienda

La frase la dijo varias veces a lo largo de la noche, siempre en español y siempre con el mismo tono entre solemne y emocionado, como quien no termina de creerse el privilegio de estar parado otra vez frente al público. Esas pequeñas declaraciones, más allá de la música, fueron uno de los hilos conductores del show, y ayudaron a entender por qué para él esta gira es algo más que un trámite profesional: es una revancha personal.

Cierre a escena abierta y algunas asperezas en el camino

Hacia el final, Di Meola invitó al público a acercarse al escenario, y el cierre llegó con Mediterranean Sundance, la pieza asociada a Paco de Lucía que sonó con palmas del público y una cantidad llamativa de teléfonos en alto registrando el momento. No fue una noche perfecta, eso también hay que decirlo: en un tramo llamó a su ingeniero de sonido al escenario para resolver problemas con el audio, y algunas improvisaciones se estiraron hasta perder algo de tensión. Son asperezas menores que no empañan el conjunto de una presentación en la que, durante más de dos horas, convivieron en un mismo escenario el jazz, el flamenco y la música latinoamericana, con Buenos Aires como testigo de un reencuentro que podía no haber ocurrido.

Me voy de La Trastienda con la sensación de haber presenciado algo que no estaba garantizado. Conozco a Di Meola desde los discos de los ochenta, cuando el Return to Forever sonaba en cada casa donde había un melómano, y verlo hoy, a los 72, sosteniendo un repertorio así después de un infarto, tiene algo de milagro cotidiano. Me quedo pensando en qué querría que revisitara la próxima vez: personalmente, me gustaría escuchar de nuevo aquel Elegant Gypsy en formato acústico, con la guitarra limpia y sin red de seguridad, y ojalá con Romagosa y Martínez otra vez al lado. Pero eso, claro, es una cuestión de deseo. Lo que vimos anoche fue, sencillamente, un artista que volvió a nacer, como él mismo repite, y que eligió Buenos Aires como una de las primeras plazas para contarlo.

  • Repertorio que repasó la noche: piezas propias (Misterio, Infinite Desire, Eden, Ava's Dance in the Moonlight), versiones de The Beatles (In My Life), un cover de The Sound of Silence de Simon y Garfunkel, Café 1930 de Piazzolla y Mediterranean Sundance, asociada a Paco de Lucía.
  • Formato de la gira: trío acústico con dos músicos españoles, Isaac Romagola y Sergio Martínez, con foco en flamenco y fusión, sin pausas y a sala llena.
  • Contexto del regreso: Di Meola sufrió un infarto en Bucarest en 2023 que interrumpió su paso por la región, y esta fue su vuelta a Buenos Aires después de aquel episodio.
AP
Ana Paula AráozCultura y espectáculos

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