Almacenes bonaerenses: el consumo se ajusta y la góndola se reordena en torno a las marcas más baratas
La Federación de Almaceneros de la Provincia de Buenos Aires describe un escenario de compras más chicas y mayor búsqueda de precios; los comercios apelan a la venta a granel para sostener el volumen.
En los almacenes de barrio de la provincia de Buenos Aires, la decisión de compra empieza mucho antes de que el cliente cruce la puerta. El colectivo, la cuota de la prepaga, el gas y la luz se llevan una porción del ingreso que el vicepresidente de la Federación de Almaceneros de la Provincia de Buenos Aires, Fernando Savore, ubica en torno al 40% del sueldo. "Todos hablan de un 40%", señaló el dirigente, y resumió la consecuencia inmediata sobre el consumo alimentario: "Solo el 60 queda para vivir" (declaraciones a la Federación de Almaceneros de la Provincia de Buenos Aires).
Vamos a los números: con ese 60% restante, la conducta de compra se modifica de manera visible. Los almaceneros bonaerenses describen una caída en la cantidad de unidades por ticket y un desplazamiento de la demanda hacia la segunda y la tercera marca, una tendencia que se observa con nitidez en categorías como panificados, fideos, galletitas y lácteos. La comparación con el año anterior muestra un cambio de hábito relevante: mientras en 2024 el cliente priorizaba reponer stock ante la incertidumbre de precios, en 2025 la prioridad es estirar cada peso hasta fin de mes.
Marcas PYME y brecha de precios
La diferencia de valores entre primeras marcas y alternativas de empresas chicas y medianas es uno de los datos más elocuentes del relevamiento. Un pan lactal de 600 gramos de primera marca se vende a alrededor de 6.000 pesos, mientras que una versión de marca PYME se consigue por 3.000 pesos; en fideos, la primera marca llega a 4.000 pesos frente a 1.200 pesos de la alternativa (precios relevados por la Federación de Almaceneros de la Provincia de Buenos Aires). "Las tres cuartas partes de la góndola de galletitas son empresas PYME", describió Savore, al remarcar el creciente peso de los productores de menor escala en la oferta de los comercios barriales.
- Pan lactal de 600 gramos: primera marca alrededor de 6.000 pesos; marca PYME alrededor de 3.000 pesos.
- Fideos: primera marca hasta 4.000 pesos; alternativa PYME alrededor de 1.200 pesos.
- Leche: litro por encima de 2.000 pesos, con un aumento mensual cercano al 4% en el rubro lácteos.
- Cereales: caja de marca tradicional alrededor de 8.000 pesos; la misma cantidad envasada en el almacén, 3.000 pesos.
- Avena: versión fraccionada en el local, 2.000 pesos; caja de marca tradicional, cerca de 5.000 pesos.
El rubro lácteos aporta otra señal de tendencia. "El mes pasado tuvimos un aumento de un 4% en lo que es lácteos", indicó Savore, y precisó que el litro de leche se vende por encima de los 2.000 pesos (Federación de Almaceneros de la Provincia de Buenos Aires). Aun con esa suba, el producto conserva presencia en la canasta por tratarse de un básico de difícil sustitución, aunque los compradores tienden a llevar presentaciones más chicas o marcas alternativas.
La estrategia del granel para sostener ventas
Ante el cambio de hábito del consumidor, algunos almacenes encontraron un mecanismo para preservar el volumen: la compra a granel y el fraccionamiento en el propio local. La lógica es directa: una caja de cereales de marca tradicional cuesta alrededor de 8.000 pesos, mientras que el mismo gramaje envasado en el comercio baja a 3.000 pesos; con la avena, la versión fraccionada en el almacén se vende a 2.000 pesos frente a los cerca de 5.000 pesos de las marcas reconocidas (Federación de Almaceneros de la Provincia de Buenos Aires). La diferencia, que en todos los casos supera el 50%, se traslada al consumidor y le permite mantener consumos que, a precio de góndola tradicional, quedarían afuera del presupuesto.
El comportamiento del stock en los almacenes también se modificó. Con una inflación mensual más contenida, los comerciantes ya no acumulan mercadería como cobertura ante las remarcaciones diarias. El ajuste en la administración de inventarios es leído por el sector como una señal de relativa estabilización, aunque con márgenes de rentabilidad más finos y una dependencia cada vez mayor de la venta por unidad y del fraccionamiento propio.
En síntesis, la foto que describen los almaceneros bonaerenses es la de un consumidor que llega con el presupuesto ya comprometido, compra menos unidades por visita y elige marcas de menor precio. La góndola se reordenó a favor de las PYME, el granel ganó terreno como herramienta de venta y los lácteos se consolidan como un termómetro sensible del ingreso disponible. El indicador a seguir en las próximas semanas es la evolución del ticket promedio y del precio de la leche, dos variables que, según la Federación de Almaceneros, sintetizan con bastante precisión cuánto margen real le queda al cliente después de pagar los servicios fijos.
